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IV. Clasificación y nomenclatura de la vegetación de México

 

1. La clasificación de la vegetación de México

Los antecedentes sobre la vegetación de la cubierta vegetal se remontan a los trabajos de Martens y Galeotti (1842) y Richard y Galeotti (1844). Hacia 1899 Ramírez establece la diferencia de las regiones geográfico botánicas de México, ya esbozadas en el trabajo de Martens y Galeotti (op. cit.), aunque dicha obra resultó más bien una clasificación climática del país en donde distingue lo que Ramírez llama regiones geográfico-botánicas.

Los trabajos más antiguos en los que se comienza a abordar el problema de la clasificación de la vegetación de México son los de Ochoterena (1918 y 1923) y en especial el de 1937 sobre los esquemas biotípicos y sinecias característicos de las regiones geográfico botánicas de México. En él ubica para cada una de sus regiones geográficas las formas de vida y las sinecias o comunidades vegetales que las conforman, completándolo con fotos, descripciones y listas breves de las especies más características. El trabajo de Leopold (1950) sobre zonas de vegetación de México es una una propuesta formal de clasificación de las comunidades vegetales, más elaborada que las anteriores, con un mapa de la vegetación, en donde proporciona una estimación de la superficie que cada tipo de vegetación ocupa en el territorio mexicano.

Sin embargo, no fue sino hasta la aparición del trabajo de Miranda y Hernández-X. (1963) cuando se presenta una propuesta más formal, más acabada, de la clasificación y la nomenclatura de los tipos de vegetación de México. Trabajos posteriores (Gómez Pompa 1965, Pennington y Sarukhán 1968, Flores Mata et al. 1971), siguieron básicamente las ideas propuestas de Miranda y Hernández-X. Cabría hacer una excepción a esta generalización en la obra de Aubreville (1962) y en la de González Quintero (1968).

Con la aparición del estudio de Rzedowski (1978) sobre la vegetación de México, se integra una gran cantidad de información acerca de las comunidades vegetales de nuestro país, así como parte de sus caracteres ecológicos, su distribución, y sus rasgos fitogeográficos, entre otros. Sin embargo, en relación con la clasificación y con la nomenclatura de las comunidades vegetales del territorio nacional, el propio autor escribió... “la elaboración de una nueva clasificación de la vegetación de México no figura entre sus objetivos inmediatos, y en su opinión más vale esperar para hacerlo hasta que nuevas y más profundas aportaciones permitan abordar el problema a nivel más apropiado y ofrecer así un cuadro realmente satisfactorio para todo tipo de usuarios.” (Rzedowski 1978: 154)

Este autor reconoce diez tipos principales de vegetación y acepta que el sistema que propone adolece del defecto común a casi todas las clasificaciones de la vegetación que se han usado en México, y que consiste en la heterogeneidad de los criterios básicos empleados para definir las unidades, pues los hay fisonómicos, de naturaleza florística y también otros definidos por el medio.

Así, la ausencia de un principio básico que sirviera de base para la clasificación, ha contribuido (y lo sigue haciendo) a la proliferación de categorías, nombres y sistemas nuevos. Acepta que algunas de las unidades de vegetación reconocidas no pueden catalogarse como clímax climáticos, es decir, comunidades bióticas estables en función de los factores del medio físico en que viven, principalmente el clima. Así, la existencia de algunas unidades de vegetación están estrechamente vinculadas con una característica particular del sustrato, por ejemplo, las comunidades de acuáticas y subacuáticas, algunos palmares, zacatales o comunidades de halófitas.

Como hemos visto, al clasificar las comunidades vegetales se toma en cuenta la composición florística, las formas de vida de las plantas, la fisonomía y la estructura de la comunidad, así como algunos rasgos del ambiente o la distribución geográfica de las plantas. Un enfoque por demás útil toma en cuenta la fisonomía, la estructura y la fenología de las comunidades vegetales.

Fosberg (1961) establece una clara distinción entre fisonomía y estructura y define a la fisonomía como la apariencia externa de la vegetación. La estructura expresa la distribución de las plantas en el espacio, en sentido vertical, lo que da la estratificación o la diferenciación de la comunidad en estratos y la cobertura, que es la distribución de las formas de vida en sentido horizontal; ambos parámetros estratificación y cobertura son conceptos cuantitativos.

La fenología es un concepto cualitativo que denota la apariencia, el aspecto de la comunidad y se considera una expresión de la respuesta que tienen las plantas ante algunas características del ambiente como la precipitación y la temperatura o el tipo de suelo donde se desarrollan, y que se manifiesta en la pérdida del follaje, los tiempos de floración, la exfoliación de los tallos, el desarrollo de tejidos crasos, la esclerofilia, etc. Su distribución en el espacio en sentido vertical da lugar a la estratificación o la diferenciación de la comunidad en estratos y la distribución en sentido horizontal proporciona otro parámetro cuantitativo, la cobertura.

El enfoque fisonómico, estructural y fenológico para clasificar a las comunidades vegetales destaca las características de las formas de vida o biotipos: árboles, arbustos, hierbas, graminoides, etc. Se parte de la idea que las formas de vida de las plantas son el resultado de la interacción que se establece entre la información genética de los individuos y las características selectivas del ambiente, de tal manera que las formas de vida expresan el entorno natural en el cual se han desarrollado. Por lo tanto, las comunidades vegetales naturales, conformadas por las formas de vida que las constituyen, tienden, igualmente, a reflejar las condiciones del hábitat bajo el cual han evolucionado. Este carácter indicador de la vegetación es extraordinariamente útil.

Con el enfoque fisonómico estructural para la clasificación se hace uso de una serie de términos y conceptos que es conveniente aclarar. Así, la fisonomía en geobotánica es el carácter de la formación dado por la forma biológica de sus componentes. La forma biológica (sinónimo, biotipo) resulta la categoría donde se incluyen los vegetales (independientemente de su posición sistemática) que concuerdan fundamentalmente en su estructura morfológico–biológica y de un modo especial en los caracteres relacionados con la adaptación al ambiente. Por ejemplo: árbol, arbusto, hierba, etc., corresponden a formas biológicas.

El biotipo es el conjunto de fenotipos que corresponden al mismo genotipo. Es sinónimo de forma biológica y de tipo biológico. Por su parte, la fenología es la forma contracta de fenomenología: estudio de los fenómenos biológicos acomodados a cierto ritmo periódico, como la brotación, la florescencia, la maduración de los frutos, etc. Como es natural, estos fenómenos se relacionan con el clima de la localidad en que ocurren y viceversa; de la fenología se pueden sacar consecuencias relativas al clima y especialmente al microclima, cuando ni uno ni otro se conocen debidamente. Por su etimología, es el estudio de los fenómenos que se suceden en el desarrollo de una especie o de una sinecia.

La fenología de una sinecia depende no sólo de la naturaleza de sus componentes y del dinamismo del medio, sino también de la influencia recíproca entre sus componentes: así, en un bosque caducifolio, el periodo áfilo ofrecerá un medio favorable para las plantas heliófilas.

Sinecología: es el término geobotánico que, en sentido amplio, es sinónimo de fitosociología y en un sentido estricto es la parte de la ecología que “estudia las relaciones entre las colectividades vegetales o sinecias y su medio”, tal como ha sido aceptado desde 1910 en el Congreso Internacional de Bruselas.

Sociación (del latín sociatio, onis, asociación). Algunos geobotánicos norteamericanos dan este nombre a las “sociedades” de carácter periódico, es decir, a los grupos de “subdominantes” que sólo tienen un papel importante en la vegetación durante una época del año.

La sucesión. Se considera como una serie de cambios florísticamente distinguibles en las comunidades vegetales a lo largo del tiempo (Moravec 1992).

Consociación: concepto utilizado por los geobotánicos norteamericanos, y que sirve para caracterizar la dominancia de una especie; equivalente a consociato en la nomenclatura de sociabilidad de H. del Villar, y que indica el dominio de una sola especie en la asociación.

Formación: término introducido por Grisebach en 1838, con un sentido claramente fisonómico. La Comisión de nomenclatura propuso definirla como “la expresión actual de determinadas condiciones de vida”, añadiendo que “se compone de asociaciones que se diferencian en su composición florística pero coinciden en primer término en las condiciones estacionales y en segundo lugar en sus formas biológicas.

Actualmente hay una tendencia clara a establecer una diferencia neta entre formación y asociación, conservando estas palabras sus valores etimológicos e históricos.

Por su parte, H. del Villar definió la formación como: “Una cohabitación botánica individualizada por la forma biológica que en ella domina”. Equivale, por lo tanto, a la sinecia o fitocenosis (desde el punto de vista biotípico). Así, la formación puede expresarse en términos comunes como bosque, prado, estepa, sabana, espinar, chaparral, etc., o más técnicamente: bosque perennifolio esclerófilo.

Mueller–Dombois y Ellenberg (1974) consideran las formaciones, como aquellas comunidades vegetales dominadas por una forma de vida particular (árbol, arbusto, subfrutice) y que se desarrollan en hábitats similares.

Tipo de vegetación: es una unidad fitogeográfica muy amplia de tipo ecológico y fisonómico; por ejemplo el bosque, el prado, etc.

Bioma (biomes): es el término originalmente propuesto por Clements (1916) con el significado de comunidad biótica, integrada por plantas y animales. Posteriormente, Shelford (1935), Carpenter (1939) y otros han precisado su sentido y le han dado una extensión coincidente con la de formación clímax. Según estos autores, el bioma se caracteriza por la uniformidad fisonómica de la clímax vegetal y por los animales influyentes; posee una constitución biótica característica.

Asociación: Se le atribuye a Humboldt (1805) el empleo de este término por vez primera para hacer referencia a la composición florística (es decir, sistemática de la colectividad vegetal). Con esta significación fue propuesta por Flahault en el Congreso de Botánica de París en 1900.

La Comisión de nomenclatura del Congreso de Bruselas 1910 la definió como: “una colectividad vegetal de composición florística determinada, unidad de condiciones estacionales y unidad fisonómica: es la unidad fundamental de la sinecología”.

Por su parte, en el Congreso Internacional de Amsterdam (1935) se acordó que en lo sucesivo, el término asociación sólo se emplearía para unidades definidas por la posesión de especies características y diferenciales en el sentido de la escuela Zurich–Montpellier, o por lo menos, para unidades del mismo orden de importancia. Los geobotánicos norteamericanos emplean el término para designar subdivisiones de primer orden de la formación climax.

Flahault y Shroter (1910, citados por Moravec 1992), consideran la asociación como una comunidad vegetal tipo, de composición florística definida y condiciones de fisonomía y hábitat uniformes. Por su parte Braun Blanquet (1921, citado por Moravec 1992) consideró a la asociación como: una comunidad vegetal caracterizada por rasgos florísticos y sociológicos (organizacionales) definidos y que muestran una cierta independencia por la presencia de especies características (exclusivas, selectivas y preferenciales).

Otros autores como Beard (1978) consideran que las asociaciones clímax, es decir, las comunidades vegetales aparentemente maduras, estables e integradas, pueden agruparse de acuerdo con su estructura y fisonomía en formaciones. Por lo tanto, la formación es un grupo fisonómico y es independiente de su flora.

Beard (1955) introduce el concepto de series de formaciones para referirse a comunidades vegetales (formaciones) ecológicamente relacionadas en un gradiente ambiental, por ejemplo, las formaciones que se desarrollan en una región montañosa. La gran unidad de vegetación que Rzedowski (1978) define como matorral xerófilo, correspondería a una serie de formaciones, pues el concepto que maneja agrupa a todos los matorrales xerófilos como tipos de vegetación o formaciones xerófilas de México.

 

Concretamente, hay un agrupamiento a tres niveles:

  • Un agrupamiento florístico: La asociación (o la consociación);
  • Un agrupamiento fisonómico, la formación y
  • Un agrupamiento de hábitat o ecológico, las series de formaciones. Por ejemplo: la asociación Larrea–Flourensia; la formación matorral inerme parvifolio; la serie de formaciones matorrales xerófilos y el bioma matorrales, entre otros.

 

En México el término tipo de vegetación se ha usado extensamente debido a la influencia que Miranda y Hernández–X. (1963) y Rzedowski (1978) ejercieron en el desarrollo de la ecología de la vegetación de nuestro país. Aunque Miranda y Hernández X. (op. cit.), en su trabajo sobre tipos de vegetación de México hacen mención de las formaciones vegetales, no insisten en que sean equivalentes a los tipos de vegetación, por lo que el término Tipo de Vegetación ha persistido en nuestro ambiente botánico.

 

2. Clasificación y nomenclatura de las comunidades vegetales

La flora de una región determinada está constituida por el conjunto de taxa o taxones (especies, géneros, familias), esto es, su composición florística; por su parte, la vegetación está conformada por el agrupamiento de las formas de vida que tienen las especies para constituir las comunidades vegetales.

La ecología de la vegetación se refiere no solamente a la identificación de las comunidades vegetales (la vegetación en si de un área), sino también pretende determinar cómo están relacionadas estas comunidades entre sí y con los factores ambientales. El término ecología de la vegetación es equivalente a la sociología botánica de las escuelas europeas de ecología y a la sinecología (ecología de comunidades vegetales o ecología vegetal) de los autores anglo-americanos.

En sentido estricto, la sinecología se entiende como aquella parte de la ecología que “estudia las relaciones entre las colectividades vegetales o sinecias y su medio”. En este sentido fue aceptado por la Ponencia de Nomenclatura del Congreso Internacional de Botánica de Bruselas, 1912.

Es importante mencionar que existen diferentes criterios para clasificar a las comunidades vegetales. Mueller-Dombois y Ellenberg (1974) mencionan los límites y posibilidades en la clasificación de la vegetación en relación con la distribución de las plantas y su clasificación. Destacan que todos aquellos que han llevado a cabo un gran número de muestreos de vegetación han coincidido en que:

  1. Condiciones similares de especies se repiten bajo condiciones parecidas de hábitat, aun en localidades geográficamente separadas.
  2. Que dos muestreos de vegetación (relevé, stand, estación, plot, parcela) no son exactamente iguales y que aunque estuviesen muy cercanos y en hábitat equivalentes, muestran ciertas diferencias uno del otro.
  3. Que la asociación de especies cambia más o menos continuamente si se muestrea una comunidad grande o ampliamente distribuida. En consecuencia, las combinaciones de especies que se repiten están correlacionadas, obviamente, con su ambiente. De cualquier modo, estas combinaciones de especies son variables, aunque este aspecto resulta en principio ilimitado, puesto que la comunidad vegetal carece de un carácter organísmico (de organismo).

 

Estas tres generalizaciones definen las posibilidades y los límites de una clasificación sistemática de las comunidades vegetales. Es posible, sin duda, ordenar las numerosas y altamente variables comunidades vegetales en un sistema amplio y comprensivo. Sin embargo, esto puede lograrse si uno abstrae propiedades particulares de las comunidades individuales. Pero tal arreglo ordenado sólo es aplicable a un área geográficamente limitada, de significado regional y no puede ser extrapolado a un área mayor sin un estudio adicional.

A diferencia de las poblaciones de plantas y animales que tienen interrelaciones genéticas, las interrelaciones de las comunidades vegetales en una clase de vegetación consisten de ciertas similitudes en combinación de plantas y sus causas de desarrollo. Una clase de vegetación o tipo de comunidad es solamente el resultado de obtener ciertas similitudes de un número de comunidades concretas.

 

3. Criterios y sistemas de clasificación de la vegetación

Las comunidades vegetales pueden clasificarse tomando en cuenta diferentes criterios:

 

I. Propiedades de la vegetación misma.

A.- Criterios fisonómicos y estructurales.
1.- Formas de vida o de crecimiento.
a) Formas de vida dominantes.
b) Combinaciones de formas de vida.
2.- Estratificación vertical.
3.- Periodicidad.

B.- Criterios florísticos.
1. Una sola especie de planta (en casos especiales 2 ó 3 especies).
a) La especie dominante (en términos de altura, o cobertura o una combinación de ambas).
b) Las especies más frecuentes (o las especies más numerosas).
2. Ciertos grupos de especies de plantas.
a) Grupos de plantas estadísticamente derivados.
1) Especies constantes (siempre presentes).
2) Especies diferenciales (o segregadas).
3) Especies clave (indicadoras o diagnóstico).
b) Grupos de plantas derivadas sin usar estadísticas de la vegetación.
1) Especies del mismo significado ecológico.
2) Especies de la misma distribución geográfica.
3) Especies del mismo significado dinámico.

c) Criterios de relación numérica (coeficientes de comunidad).
1) Entre especies diferentes.
2) Entre comunidades diferentes.

 

II. Propiedades externas de la vegetación.

A.- La supuesta etapa final en el desarrollo de la vegetación (clímax).
1.- Definida por combinaciones de formas de vida.
2.- Definidas por criterios florísticos.

B.- El hábitat o el medio ambiente.
1.- Ciertos factores del sitio.
a) Clima.
b) Relaciones con el agua.
c) Suelos.
d) Influencias antropogénicas (prácticas de manejo).
2.- Combinación de factores del sitio

C.- Localización geográfica de comunidades.

 

III. Propiedades que combinan tanto la vegetación como el ambiente.

A.- Por un análisis independiente de la vegetación (en el sentido I) y un análisis independiente de los componentes ambientales y su subsecuente correlación (por ejemplo, a través de la sobreposición de unidades mapeables).

B.- Por análisis combinado de vegetación y medio ambiente, haciendo énfasis sobre las interdependencias en un sentido funcional (Mueller-Dombois y Ellenberg 1974).

Por otra parte, Whittaker (1978), en un trabajo muy bien documentado distingue grandes enfoques en la clasificación de las comunidades vegetales:

 

Unidades fisonómicas

Las primeras clasificaciones de la vegetación estuvieron basadas en su fisonomía y su estructura. La primera estaba definida por los tipos estructurales de las plantas o formas de crecimiento (por ejemplo, gramíneas o árboles latifoliados y caducifolios) que dominan o son más conspicuos en las comunidades. Es decir, las formas de vida o formas de crecimiento de las plantas dominantes.

Una comunidad tipo sobre un continente dado, definida por la dominancia de las formas de crecimiento (y los grandes rasgos del ambiente) es una formación. Un agrupamiento de formaciones similares que se presentan en climas similares de los diferentes continentes es una formación-tipo. Estos conceptos han sido la base de extensas investigaciones en biogeografía. Los ecólogos interesados tanto en plantas como en animales a veces han usado como unidades correspondientes al bioma y al “bioma-tipo”.

 

Unidades ambientales

Las unidades fisonómicas clasifican a la vegetación por su estructura como una expresión del medio ambiente. Es posible tomar este enfoque y clasificar los ambientes por sí mismos, guiados por la idea de que las unidades ambientales también podrían ser caracterizadas por diferencias en la estructura. Algunos sistemas de clasificación de climas (Köppen o Thornthwaite) pretenden definir unidades climáticas que podrían corresponder a grandes formaciones-tipo.

Algunos especialistas han tratado de definir zonas altitudinales basándose principalmente en el clima. Holdridge (1947) realiza una clasificación de las zonas climáticas empleando tanto la temperatura como las condiciones de humedad y pretende asignar las formaciones-tipo del mundo a éstas.

 

Unidades del paisaje

Debido a las numerosas facetas o características de las comunidades y sus interacciones funcionales con el ambiente, es natural considerar que, tanto las características de las comunidades como las del ambiente deben tomarse en cuenta conjuntamente en su clasificación. Las unidades del paisaje se han considerado en dos niveles:

Paisajes. Se consideran todas las características para definir las unidades geográficas o unidades del paisaje: clima, sustrato geológico, topografía, flora, fauna, tipos de comunidades naturales y la influencia del hombre sobre el ambiente. Usando los paisajes como un todo se tratan como unidades o se agrupan en clases, considerando sus principales características, resultan así los “tipos de paisaje”.

Micropaisajes. Partes homogéneas más pequeñas de la superficie terrestre pueden ser tratadas como ecosistemas, considerando conjuntamente a la comunidad y su medio ambiente y ser así clasificados como tipos de micropaisajes. En Rusia la unidad local de paisaje se ha designado como una biogeocenosis, este concepto ha tenido una influencia extensa sobre la clasificación de los bosques y tipos de biogeocenosis y otros aspectos de la ecología.

 

Áreas bióticas

En algunos enfoques las áreas geográficas de las especies se enfatizan como base para dividir la superficie de la tierra en unidades bióticas. Entre las especies se distinguen los aspectos de formas de crecimiento y tipos de respuesta ecológica. Estos tipos de respuesta ecológica se prefieren a las formas de vida tradicionales.

El espectro de formas de crecimiento contribuye a la caracterización de la biocenosis-tipo y permite su comparación con otras biocenosis. Las grandes biocenosis de clima y suelo normales en una faja de vegetación se denominan fitocenosis regionales.

Aunque la definición de las fajas o cinturones de vegetación son en principio florísticas, corresponden, por lo general, a tipos de vegetación regionales que pueden reconocerse por su fisonomía y dominancia.

En los Estados Unidos de América, Dice (1943) reconoció como provincias bióticas a las unidades geográficas caracterizadas por el clima, la fisiografía, los suelos y las comunidades bióticas mayores que se desarrollan en función de éstas. Las provincias bióticas son, en esencia, unidades del paisaje, en cuya definición se enfatizan las comunidades bióticas características. Su uso principal ha sido como unidades biogeográficas o faunísticas apropiados para la interpretación de distribuciones de especies y la diferenciación evolutiva de especies y subespecies.

 

Zonas y series

Algunos enfoques en la clasificación se basan en la división de gradientes de vegetación en segmentos o zonas (zonas de vegetación). Así, diferentes autores reconocieron zonas altitudinales en las montañas de los EE.UU. y han intentado relacionar las zonas con la temperatura en fajas o cinturones transcontinentales. En muchas áreas las zonas se definieron por las especies de plantas dominantes, pero estas áreas fueron también unidades bióticas al establecerse la distribución de especies animales.

En este sentido Beard (1944,1955) relacionó las formaciones de América tropical unas con otras, como series de formaciones, es decir, secuencias de formaciones vegetales a lo largo de gradientes ambientales. Otros autores trabajaron con unidades de vegetación más pequeñas a lo largo de gradientes ambientales y consideraron a estas secuencias como “series ecológicas”.

Todos estos enfoques tienen en común una combinación de la clasificación (dividen los gradientes de la comunidad en unidades, segmentos o zonas) y la ordenación (relacionando estas unidades con otras a lo largo de ejes ambientales).

En muchos casos las unidades son tipos de dominancia, pero en otros tratamientos estas unidades se han definido por el clima, o como formaciones, asociaciones o sociaciones.

Las series ecológicas pueden ser usadas en algunas circunstancias en las cuales se pueden reconocer las relaciones de los tipos de comunidad con los gradientes ambientales.

El uso de “zonas” implica que un gradiente ambiental tiene un efecto tan grande en la comunidad que otras variables del entorno natural pueden subordinarse a él, y que la vegetación podría expresarlo. Entonces, las comunidades son tratadas como fajas o zonas en relación con ese gradiente complejo. Zonas como tipos de dominancia parecen estar más claramente definidas en comunidades de ambientes más severos, tales como las de macizos montañosos en climas secos y en las costas marinas y litorales de cuerpos de agua.

 

Dominancia de especies

Es natural clasificar así a las comunidades terrestres porque la dominancia, después de la fisonomía, está dada por la(s) especie(s) dominante(s). La clasificación por tipos de dominancia tiene un cierto número de limitaciones pero, a veces, es conveniente y adecuado para los propósitos de un estudio determinado. Varios autores han usado el término asociación para tipos de dominancia, pero sería más conveniente usarlo sólo para las unidades florísticamente concebidas (por ejemplo, el criterio de la escuela de Braun-Blanquet).

 

Dinámica de la vegetación

Una secuencia de sucesiones es una “serie ecológica” en el tiempo; la sucesión en diferentes hábitat tiende a converger hacia comunidades clímax, que son más similares entre sí que las primeras etapas de las sucesiones. En consecuencia, como una base para su clasificación, es posible agrupar las diversas comunidades sucesionales de un área alrededor de un tipo de clímax hacia el cual tienden.

Esta combinación de interrelaciones sucesionales con la definición de las comunidades clímax tipo, como formaciones o como tipos de dominancia ha sido aplicada en la ecología de países de habla inglesa. Clements (1916), Shelford (1931) y otros consideran la existencia de una sola comunidad clímax climática para un área dada, hacia la cual convergen todas las sucesiones.

Las comunidades clímax fueron concebidas como formaciones y las subdivisiones geográficas de las formaciones se reconocieron como asociaciones. Los tipos sucesionales o en desarrollo fueron reconocidos como sucesiones.

 

8. Unidades de estratos

Es posible clasificar fracciones de comunidades vegetales, y en particular usar unidades diferentes de clasificación para los distintos estratos o para formas de vida.

Así, el estrato con árboles, arbustos, yerbas y talofitas, de una comunidad dada puede, en este caso, pertenecer a diferentes unidades y es posible que no exista una correspondencia simple entre estas unidades cuando se observan en una amplia gama de ambientes. Este enfoque sinusial de la vegetación tiene una larga historia (sinusia, synusia, conjunto de plantas que en una comunidad tiene la misma forma de vida y pertenecen al mismo estrato; serían equivalentes a las simorfias de Huguet del Villar). A estas unidades de clasificación se les llama “uniones”.

Es posible clasificar también a las comunidades por combinaciones de uniones (o de especies dominantes de los estratos). Según este enfoque las comunidades vegetales, una combinación de uniones A, B y C, y la otra unión A, D y C, pertenecen a diferentes comunidades tipo. La clasificación de la vegetación por combinaciones de estratos dominantes fue desarrollada por la escuela de Upsala.

 

Tipos de sitios forestales

Los tipos de sitios forestales pueden definirse por la composición del sotobosque y usados para indicar el medio ambiente y su potencial para el crecimiento de los árboles del dosel superior. Estos sitios tipo de bosque se agruparon en clases por condiciones de humedad y se arreglaron en series ecológicas en relación con los gradientes ambientales mayores.

 

Clasificaciones numéricas

Se basan directamente en mediciones de similitud relativa, ya sea de la distribución de especies o la composición de las muestras. Por ejemplo, Goodall (1953) usó la ausencia de correlación entre especies como un criterio para la homogeneidad de las unidades de vegetación de niveles bajos. La vegetación con este enfoque se concibe como un patrón multidimensional o red de trabajo de variación, en el cual el nodum (nodo) es un punto de referencia abstracto.

 

Unidades florísticas

Finalmente, es posible basar la clasificación de la vegetación en la composición florística de las comunidades, sin menoscabo de las técnicas numéricas. Las muestras de vegetación (relevés, muestreos) se agrupan en comunidades tipo por similitud en la composición florística, especialmente por la representación de las especies carácter (o especies clave), cuya distribución está centrada en o limitada en buena medida a una comunidad tipo determinada.

La unidad básica es la asociación. Las asociaciones se agrupan en alianzas, éstas en órdenes, las cuales, a su vez lo hacen en clases para producir una jerarquía formal de clasificación de la comunidad. Una comunidad tipo o unidad de cualquier nivel puede denominarse un Syntaxon. Las unidades mayores se pueden definir por la especie-carácter (o especie-clave).

Por su parte, las asociaciones pueden dividirse en subasociaciones y éstas últimas en variantes y facies como unidades de niveles más bajos.

 

Sitios de pastizal

En México la Comisión técnico consultiva para la definición regional de los coeficientes de agostadero (Cotecoca) divide los tipos de vegetación o tipos vegetativos en “sitios de pastizal”. Los considera “áreas de terreno que tienen tal combinación de factores edáficos, topográficos, climatológicos y vegetativos que la hacen diferente en potencial forrajero a las áreas adyacentes”. Para cada estado de la República dicha comisión ha diferenciado y cartografiado tanto los tipos de vegetación como los sitios de pastizal, algunos a 1:500,000 y otros a 1:1,000,000.

 

4. Las regiones climáticas de México y su vegetación

En México a los términos tropical, subtropical y templado se les ha dado un significado climático más que puramente geográfico y así se han usado para clasificar a la vegetación. Por ejemplo, Leopold (1950) dividió al país en región tropical y templada, incluyó en ésta las zonas áridas y semiáridas, y ubicó en las regiones climáticas las grandes unidades de vegetación que distingue y nombra para México.

La Cotecoca (1994) dividió al país en zonas tropicales, diferenciando el trópico húmedo y el trópico seco, zonas templadas y zonas áridas y semiáridas como un marco donde ubicar sus esfuerzos de revegetar y reforestar las áreas sujetas a explotación ganadera en el país.

 

Zonas áridas y semiáridas

Las zonas áridas ocupan en el país una superficie de 95 millones de hectáreas, lo que equivale al 48.29% del territorio nacional. De este total, la Cotecoca (1994) estima que, alrededor de 39 millones de ha (el 20% aproximadamente) se clasifican como zonas semiáridas y el resto, 28%, corresponde a zonas áridas.

Se localizan principalmente en las partes bajas de Sonora, Baja California, Baja California Sur y en el centro-norte del país, en porciones de los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Zacatecas, San Luis Potosí, Durango y Tamaulipas.

Una región semiárida se localiza al noreste de México, en parte de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

Al centro y sur del país se encuentran algunas áreas que tienen condiciones de semiaridez, en parte de los estados de Querétaro, Hidalgo, Puebla, Oaxaca e, inclusive de Guerrero.

La Comisión Nacional de las Zonas Áridas (Conaza 1994) indica que en las zonas áridas y semiáridas, las temperaturas medias anuales varían desde los 15 °C hasta los 25 °C, con grandes oscilaciones entre los valores medios mensuales, así como entre los máximos y mínimos diarios. Las temperaturas máximas absolutas varían desde los 38 °C a los 49 °C, mientras que las mínimas absolutas oscilan de 0, 2 ó 3 °C hasta los 16 °C.

En cuanto a la precipitación el Atlas Nacional de México (UNAM 1990) indica que las regiones con menos de 125 mm anuales se localizan en el extremo noreste del estado de Sonora, sur y noreste de Baja California y en el extremo noreste de Baja California Sur. Las regiones con precipitaciones que van desde los 125 mm (excluyendo los lugares anteriores) hasta los 400 mm se encuentran en la Península de Baja California, norte, centro y suroeste del estado de Sonora, Chihuahua, Coahuila y parte de Nuevo León, norte y centro de San Luis Potosí. Los sitios con precipitaciones entre 400 a 600 mm anuales se hallan en parte de los estados de Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Durango, Aguascalientes, San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo, Nuevo León, Tamaulipas y noreste de Coahuila, así como en pequeñas porciones aisladas de los estados de Tlaxcala, Puebla y Oaxaca o en regiones extremas como el desierto de Altar en Sonora, en donde la precipitación promedio anual es de 50 mm y aun algunos sitios con valores muy bajos, como Ampac, Bataques o Estación Delta en Baja California, con 30.5 mm; San Felipe, Estación El Mayor, en Sonora con 40.7 y 40.9 mm, respectivamente (García 1981).

Las comunidades vegetales que se desarrollan bajo estos climas varían desde pastizales, matorrales e inclusive, bosques bajos, principalmente espinosos como los mezquitales.

 

Zonas tropicales

En 1990, la Cotecoca estimó que las zonas tropicales de México ocupan una superficie de 55.7 millones de ha, lo que equivale al 28.3% de la superficie nacional.

Las zonas tropicales se localizan en la porción sureste del país, ocupan la totalidad de la Península de Yucatán, desde donde se extienden por la franja costera del Golfo de México hasta el estado de Tamaulipas. Por el litoral del Pacífico se distribuyen desde Chiapas hasta Sonora y Baja California Sur en la región de Los Cabos. También en el Altiplano se encuentran zonas tropicales en parte de los estados de México, Querétaro, Puebla, Morelos, Guanajuato, Zacatecas y Aguasca-lientes. La Cotecoca dividió las zonas tropicales en trópico húmedo y trópico seco.

 

Trópico húmedo

Las zonas del trópico húmedo cubren una superficie de 24 millones de ha, es decir, un 12.2% de la superficie del país; comprende las regiones ecológicas ubicadas a menos de 1,000 m de altitud con las siguientes temperaturas: media anual superior a 20 ºC; del mes más frío, 17.7 ºC y mínima extrema de 0 ºC, con una precipitación pluvial generalmente superior a los 1,300 mm anuales, distribuida en un período de 200 a 365 días. La vegetación que caracteriza a esta región son selvas o bosques perennifolios y subperennifolios.

 

Trópico seco

El trópico seco ocupa una superficie de 31,712,000 ha, lo que equivale al 16.1% del territorio nacional. Se localiza a altitudes variables desde los 100–150 m hasta los 1,800–1,900 msnm, con una temperatura media anual superior a 18 ºC; del mes más frío 16 ºC y mínima extrema de –4 ºC con heladas frecuentes y una precipitación pluvial de 600 a 1,300 mm al año, distribuidas en un período de 115 a 175 días, con una marcada estacionalidad en la precipitación. La vegetación que caracteriza a esta zona son los bosques o selvas caducifolias y subcaducifolias, generalmente bajas o medianas.

 

Zonas templadas

Las zonas templadas de México ocupan una superficie de alrededor de 46 millones de ha, lo que equivale al 23.4% del territorio nacional. Se distribuyen principalmente en cuatro regiones fisiográficas: la Sierra Madre Occidental, el Eje Neovolcánico, la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre del Sur.

Según García (1981), los climas templados se caracterizan por tener temperaturas medias anuales entre 5 ºC y 18 ºC pero con una temperatura media del mes más frío superior a los -3 ºC y con la temperatura media del mes más caliente superior a los 10 ºC. Para nuestro país es difícil establecer una cifra única de la precipitación ya que este dato, junto con el de la temperatura, se utilizan para decidir si un lugar tiene o no clima templado. Algunos autores, como De Alba (1976), señalan que la región templada de México, aunque se localiza dentro de la faja tropical de la Tierra, tiene un clima benigno por encontrarse entre los 1,500 y los 2,500 msnm. Por la gran diversidad de climas que se presentan en las zonas templadas es común que la precipitación pluvial vaya desde los 500 hasta los 2,500 mm anuales, aunque puede descender hasta los 300 mm en el caso de los climas secos y aumentar hasta los 3,000 mm en el caso de los climas semicálidos.

La temperatura media anual de estas zonas varía desde los 12 ºC hasta los 22 ºC; no obstante, puede bajar a alrededor de los 6 ºC o alcanzar los 24 ºC. En los climas secos y templados, las comunidades vegetales de encinar, pino–encino, pinar, oyametal, matorrales esclerófilos así como los pastizales de altura (zacatonales) y los pastizales inducidos, se han usado para delimitar las zonas templadas. Los límites altitudinales de estos tipos de vegetación oscilan entre los 800 m y los 4,000 m.

 

5. Vegetación zonal y vegetación azonal

La vegetación zonal se desarrolla en sitios en donde la influencia del clima sobre la vegetación se ve poco alterada por las condiciones del relieve y el suelo. A menudo a estas comunidades, determinadas por el clima, se les denominan “zonas de vegetación”, y se refieren a unidades mayores de vegetación que se corresponden con las diferentes zonas climáticas (con una relativa independencia del suelo y el sustrato geológico).

La vegetación azonal está fuertemente influenciada en su presencia y distribución por las características del suelo y/o del sustrato geológico, como en el caso de los pastizales halófilos y los pastizales gipsófilos.

 

 

 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 15/11/2007