Impactos
del cambio climático en la agricultura en México
Cecilia
Conde, Rosa Ma. Ferrer, Carlos Gay y
Raquel Araujo*
INTRODUCCIÓN
EL
PANEL INTERGUBERNAMENTAL SOBRE el Cambio Climático (IPCC,
por sus siglas en inglés) concluyó en el 2001 el
Tercer Reporte de Evaluación (TAR, por sus siglas en inglés).
Las conclusiones de los estudios quedaron integradas en tres grandes
volúmenes a partir de los cuales se construyeron resúmenes
para tomadores de decisiones y reportes técnicos (http://www.ipcc.ch).
Entre las conclusiones más importantes (IPCC 2001a) pueden
mencionarse las siguientes: el conjunto de observaciones recabadas
hasta ahora apunta a que hay un calentamiento global y cambios
en el sistema climático. Hay evidencias cada vez más
sólidas de que la mayor parte del calentamiento observado
en los últimos 50 años es atribuible a la acción
humana. En el futuro, las emisiones de gases de efecto invernadero
y aerosoles por actividades humanas continuarán alterando
la atmósfera de tal forma que se espera que el clima se
verá afectado durante este siglo. Por otra parte, ha aumentado
la confianza en la habilidad de los modelos para proyectar el
clima futuro. Dichos modelos señalan importantes aumentos
en la temperatura media global y en el nivel del mar, en cualquiera
de los escenarios socioeconómicos planteados por consenso
en el IPCC. Finalmente, se espera que el cambio climático
de origen antropogénico persista por varias centurias.
Uno de los grandes retos dentro de las investigaciones actuales
es el de realizar a escala regional estudios de vulnerabilidad
que permitan diseñar estrategias de adaptación (V
&A) de los sistemas humanos sobre los que descansa la productividad
y bienestar de nuestras sociedades. De hecho, el impulso a los
estudios de V & A es la tarea que se han propuesto impulsar
durante los próximos años los países comprometidos
en la Conferencia de las Partes: ligar las llamadas Comunicaciones
Nacionales a los resultados que desarrollen en este campo. De
particular interés son las investigaciones que se realizarán
en los países en desarrollo, seguramente los más
vulnerables a las condiciones de cambio climático. En general,
para estos países se espera una reducción importante
en los rendimientos de sus cultivos, un decremento significativo
en su disponibilidad de agua, un aumento en el número de
personas expuestas a enfermedades como el paludismo y el cólera,
así como un aumento en el riesgo de inundaciones, producto
de lluvias torrenciales y en el aumento del nivel del mar (IPCC
2001b).
En una primera etapa, los estudios de V&A se centraron en
el análisis de los posibles impactos del cambio climático,
identificando con ello las regiones y sectores más vulnerables.
Lo anterior abrió la discusión de las posibles opciones
de adaptación al cambio climático dadas las capacidades
disponibles. Se espera que en una segunda etapa los estudios de
V&A se enfoquen al diseño de medidas de adaptación,
planteen explícitamente las medidas para incrementar la
capacidad adaptativa de las regiones y sectores más vulnerables,
y que este proceso finalmente influya en el diseño de políticas
nacionales o regionales de desarrollo.
Entre los planteamientos más interesantes del TAR relacionados
con los estudios de la V&A está el considerar que se
debe prestar mucha más atención a los procesos de
vulnerabilidad y adaptación a las variaciones naturales
del clima actual, como punto de partida de los nuevos estudios.
Así, se considera fundamental analizar en detalle las medidas
que los sistemas humanos han adoptado o podrían adoptar
ante la variabilidad climática estacional o interanual
(como el fenómeno de El Niño/Oscilación del
Sur, ENOS) y durante eventos climáticos extremos. Teniendo
entonces una primera evaluación de las capacidades de adaptación
ante esos eventos, se espera construir, probar y aplicar aquellas
medidas que aumenten la capacidad adaptativa y también
lograr disminuir aquellas prácticas que incrementan la
vulnerabilidad (mal adaptaciones) ante eventos climáticos
adversos.
Presentamos entonces aquí los resultados que consideramos
más importantes relacionados con la agricultura en México,
dadas las perspectivas de investigación esbozadas anteriormente.
Estos resultados se obtuvieron durante el Estudio de País:
México (INE 1996; Gay et al. 2001), y durante el proyecto
“Utilización de pronósticos climáticos
para actividades agrícolas en el estado de Tlaxcala”,
que consideramos una segunda fase del Estudio de País y
en el que analizamos con detalle el impacto del ENOS en la agricultura
de maíz de temporal en algunos municipios de ese estado
(Conde et al. 2000). Finalmente, y aplicando la metodología
aprendida en esos dos estudios, delineamos los objetivos que perseguimos
en el proyecto “Evaluación integrada de la vulnerabilidad
social y la adaptación a la variabilidad y al cambio climáticos
entre los productores agrícolas en México y Argentina”
(Gay et al. 2001), con el que esperamos intercambiar y comparar
métodos y experiencias que permitan fortalecer las estrategias
de adaptación en ambos países.
CAMBIO
Y VARIABILIDAD CLIMÁTICOS Y LAS ACTIVIDADES AGRÍCOLAS
Los
estudios actuales de V&A relacionados con la agricultura parten
necesariamente de considerar que esta actividad es extremadamente
vulnerable en los países en desarrollo, ya que se encuentra
doblemente expuesta (O’Brien y Leichenko 2000): es vulnerable
a los fuertes cambios socioeconómicos que se dan dentro
del proceso de globalización económica, y es además
altamente sensible a las variaciones climáticas, como se
observó durante los grandes eventos climáticos que
acontecieron en la década de los noventa, particularmente
durante el fuerte evento de El Niño de 1997-1998 (ver el
capítulo Consecuencias presentes y futuras de la variabilidad
climática y del cambio climático en México,
de V. Magaña et al., en esta sección). Recientemente,
durante el segundo semestre del 2001, la región centroamericana
sufrió uno de los ejemplos más dramáticos
de esta “doble exposición”: además de
la severa sequía que se presentó en vastas regiones
de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua (Petrich 2001),
en el ámbito internacional hubo una caída drástica
en los precios del café, que es uno de los cultivos en
los que descansa en buena medida la economía de esas regiones.
Si bien para Latinoamérica se postulan grandes variaciones
en los rangos posibles de temperatura y precipitación en
condiciones de cambio climático, existe una alta confianza
en que son las condiciones de ENOS las mayormente responsables
de la variabilidad climática en la región (IPCC
2001b). Por tanto, variaciones en el clima que implicaran un aumento
en el número o la intensidad de este evento constituirían
un escenario de cambio climático bastante adverso a las
actividades productivas de la región. Durante el Estudio
de País, los escenarios regionales construidos a partir
de técnicas estadísticas (Magaña et al. 1997)
mostraron claramente estas condiciones para varios modelos de
circulación general (GCMs).
Aunque el TAR no fue concluyente en cuanto a estos aspectos del
ENOS, si establece la probabilidad de que se alargue la duración
del mismo (entre 12 a 18 meses). En ese caso, podían presentarse
para México dos veranos con sequía, o dos inviernos
con bajas temperaturas y lluvias torrenciales. Además,
algunos estudios relacionan a El Niño con la mayor presencia
de huracanes en el Pacífico; estos meteoros han sido la
fuente de grandes desastres en Latinoamérica, particularmente
en Centroamérica y México, ya que las inundaciones
y deslizamientos de tierra provocan grandes pérdidas de
vidas humanas y de infraestructura que pueden retrasar el desarrollo
regional aun por décadas.
ESTUDIOS
PARA MÉXICO
El
estudio del impacto posible del cambio climático en la
agricultura en México se centró en el análisis
de la vulnerabilidad de la producción de maíz de
temporal, particularmente en el ciclo primavera-verano. Si bien
las variables macroeconómicas del país no indican
una contribución importante de este grano en el producto
interno bruto, indudablemente de su producción dependen
millones de campesinos a todo lo largo y ancho del país.
El maíz se cultiva a nivel del mar y a más de 2,000
metros de altura, y ha sido el sustento básico de muchas
generaciones en el sector rural.
Así, la producción de maíz en México
depende fuertemente del clima y se desarrolla prácticamente
en todo el territorio nacional. Los bajos rendimientos y la gran
superficie siniestrada que se presentan año con año,
son indicativos de que este cultivo no se desarrolla ni exclusiva
ni fundamentalmente para su comercialización a gran escala
(figura 1a); además, se cultiva en áreas en donde
no existe aptitud para ello, tanto en el ámbito climatológico
como en el de suelos y pendientes, lo que en parte explica las
altas pérdidas en las cosechas de este cultivo y los bajos
rendimientos (menores a 2 ton/ha) en más de la mitad del
territorio nacional.
Los escenarios de cambio climático utilizados fueron proporcionados
por el equipo de trabajo encargado de ello (Magaña et al.
1997). Empleamos las salidas de dos modelos de circulación
general (MCG): El CCCM (Canadian Climate Center Model) y el GFDL
(Geophysical Fluid Dynamics Laboratory). Dichas salidas nos permitieron
obtener las variaciones de temperatura, precipitación y
radiación provocadas por una duplicación del bióxido
de carbono (referida como 2xCO2 en los estudios). En el estudio
también se consideró el llamado efecto fertilizante
del bióxido de carbono, que provoca un incremento en la
biomasa producida ante un aumento del bióxido de carbono
atmosférico. Para el caso del maíz, que es una planta
C4, este efecto implicaría un aumento de alrededor de 6%
(Parry 1993).

Se
analizaron los posibles impactos biofísicos del cambio
climático en la agricultura de maíz de temporal
considerando básicamente las variaciones a los requerimientos
hídricos y térmicos de la planta, tanto en el ámbito
regional como en el local. Por un lado se plantearon los rangos
óptimos de aptitud para este cultivo, y se estudiaron las
variaciones regionales posibles cuando estos rangos fueran violentados
por las condiciones de cambio climático (Flores et al.
1996). Por otra parte se aplicó (Conde et at. 1997) el
modelo de simulación de crecimiento del maíz Ceres-Maize
(Jones y Kiriny 1986), para el que es necesario especificar variedad,
etapas fenológicas, tipo de suelo, manejo de cultivo, entre
otras particularidades del cultivo en las localidades en estudio.
Los resultados con ambos métodos apuntaban a un aumento
en la vulnerabilidad en la agricultura de maíz de temporal,
ya sea considerando los decrementos regionales en la superficie
apta para este cultivo (figura 1b), o bien, las fuertes reducciones
en los rendimientos en las diferentes localidades en los estados
de Puebla, Veracruz y Jalisco, en donde se aplicó el modelo
Ceres-Maize. Para el Estado de México, el modelo reportó
incrementos en los rendimientos probablemente asociados a un aumento
en la temperatura mínima, lo que alejaría el peligro
de las heladas que siniestran frecuen- temente a los cultivos
de temporal en el centro del país.
Mediante el Ceres-Maize realizamos cálculos simples del
impacto que tendría el retiro de los subsidios que apoyaban
la producción de maíz de temporal, hecho que ocurrió
plenamente antes del año 2000. Indicamos en ese estudio
que los cambios económicos que se estaban impulsando en
el país tendrían tanto o más impacto negativo
que las condiciones de cambio climático previstas por los
modelos, aun si se aplicaran las medidas de adaptación
simuladas mediante el modelo Ceres, que se centraron en los posibles
cambios en el manejo del cultivo: cambio en la fecha de siembra,
cambio en la variedad de semilla empleada, aplicación de
fertilizante, etc.
Cuando se emplearon métodos estadísticos que relacionaban
las salidas de los MCG citados con las variables locales, se obtuvieron
escenarios semejantes a las condiciones climáticas que
prevalecen durante fuertes eventos de El Niño, por lo que
de manera natural iniciamos la investigación del impacto
histórico de este evento en la agricultura de temporal.
En general, un evento fuerte de El Niño, puede acarrear
aumentos importantes en las lluvias de invierno, y decrementos
considerables en las lluvias de verano (Magaña 1999), siendo
estas últimas fundamentales para la agricultura de temporal
en nuestro país. Este posible escenario en donde el clima
“normal” se asemeja a las condiciones El Niño,
implicaría que la agricultura de temporal se enfrentaría
a grandes pérdidas, o bien, que este tipo de agricultura
deberá de sufrir grandes transformaciones para adaptarse.
Por ejem- plo, entre 1997 y 1998 se presentó uno de los
eventos de El Niño más fuertes del siglo; en ese
periodo, la precipitación en México disminuyó
en 50% en promedio y hubo pérdidas de más de 2 millones
de toneladas de maíz en la República. En total,
se estima que el costo de los daños se acercó a
los 1.4 miles de millones de dólares (Magaña 1999).
Precisamente en 1997, y hasta el año 2000, decidimos iniciar
estudios de caso que nos permitieran profundizar en los estudios
de las posibles medidas de adaptación al cambio climático,
utilizando a la variabilidad climática asociada al ENOS
como base para estudiar las acciones que se desarrollan en el
campo mexicano ante estos eventos climáticos. Además,
estos estudios nos permitieron iniciar el intercambio de información
y experiencias con los sectores afectados por este fenómeno.
Seleccionamos el estado de Tlaxcala para realizar estudios de
caso en la región central del país, porque ésta
resultó ser una de las más vulnerables, según
el Estudio de País: México, considerando crecimiento
poblacional, erosión, demanda y competencia por el agua
y reducción importante de sus ecosistemas forestales. Sin
embargo, los modelos de simulación agrícola, apuntaban
a un efecto positivo del calentamiento global (Ferrer 1999), pero
a una reducción importante si se presentaran condiciones
climáticas recurrentes de El Niño (gráficas
1a y 1b). Indudablemente, uno de los grandes avances de las ciencias
atmosféricas a finales del siglo XX es la habilidad para
pronosticar la variabilidad climática utilizando el conocimiento
de las interacciones océano-atmósfera, y de ahí
deducir la posibilidad de que se presente un evento ENOS. Sin
embargo, aumentar la habilidad del pronóstico no es la
panacea, particularmente porque estos pronósticos tienen
asociados ineludiblemente incertidumbres, difíciles de
comunicar y que dificultan su inclusión en la toma de decisiones
por parte de los productores. Además, la situación
de los costos de las semillas, créditos, situación
del mercado y competencia, para citar algunos factores, pueden
influir de manera determinante en la toma de decisiones, aun cuando
se emitiera un pronóstico excelente.
En el estudio desarrollado en el estado de Tlaxcala se entregaron
a los productores pronósticos climáticos al inicio
de cada año (antes de marzo), esperando que consideraran
esta información en la toma de decisiones para los cultivos
de ese año. La lluvia esperada por los productores, nosotros
la asociamos con la “climatología”; esto es,
con el promedio mensual de una serie de 30 años o más.
GRÁFICA 1A. RENDIMIENTOS SIMULADOS PARA
DOS SITIOS DEL MUNICIPIO DE
APIZACO, TLAX.

Se
obtienen incrementos respecto a lo observado en condiciones de
cambio climático, para los dos modelos MCG y considerando
el efecto fisiológico del CO2 (EF). Fuente: Ferrer 1999.
GRÁFICA
1B. RENDIMIENTOS SIMULADOS BAJO CONDICIONES DE FUERTES
EVENTOS DE EL NIÑO PARA APIZACO, TLAX.

Se
observa una reducción respecto a lo esperado en los rendimientos
y en el tiempo para la fase de llenado de grano. Fuente: Conde
et al. 2000.
El
pronóstico más exitoso fue el emitido para el año
de 1998. “Exitoso” no sólo por lo acertado
en cuanto a que la lluvia mensual pronosticada se comportó
como la realmente observada posteriormente (gráfica 2),
sino también porque la variable “precipitación”
es una de las más relevantes para la actividad; porque
su temporalidad fue aceptable, ya que el pronóstico se
entregó en marzo, al inicio de las labores del campo; porque
la resolución espacial (municipio) y temporal (mensual)
resultaron pertinentes para los productores involucrados. Finalmente,
es importante resaltar la difusión dada a los pronósticos,
ya que se desarrollaron mesas de discusión y conferencias
en diferentes municipios y se distribuyeron trípticos explicando
el pronóstico (Stern y Easterling 1999).
Ahora bien, durante el estudio se realizó el análisis
de las medidas de adaptación que siguieron los productores
(Eakin 1998). Por ejemplo, dada la distribución de las
lluvias en los años 1997 y 1998, observamos que, en general,
los agricultores esperan el inicio de lluvias regulares (como
el inicio de 1997), por lo que retrasan las fechas de siembra.
Si el inicio de lluvias se retrasa considerablemente (inicio de
1998) pueden optar por un cambio de variedad a una “violenta”;
esto es, con un periodo de crecimiento menor, o bien, pueden optar
por el cambio de cultivo (1997, 1998).
GRÁFICA
2. EVALUACIÓN DEL PRONÓSTICO DE LLUVIA
PARA APIZACO, TLAX. CLIM SE REFIERE A LOS PROMEDIOS MENSUALES
ENTRE 1961 A 1990. OBS SE REFIERE A LO OBSERVADO, Y PRON98 AL
PRONÓSTICO ELABORADO EN MARZO DE ESE AÑO, QUE RESULTÓ
ACERTADO, EXCEPTO POR JULIO

Si
pierden la cosecha por algún siniestro, como una helada
temprana o por una canícula (sequía intraestival)
intensa, como ocurrió a mediados de 1997, pueden optar
por cambiar de cultivo, a uno con menor requerimiento de agua
y/o periodo de crecimiento menor. Todos los cambios anteriores
representan adaptaciones “reactivas”, en tanto que
se dan como una acción posterior al evento climático.
Nosotros consideramos que los pronósticos climáticos
pueden constituirse en una medida adaptativa en sí, que
además posibilitaría que las medidas adaptativas
enumeradas anteriormente se decidieran de manera anticipada a
algunos de los eventos siniestrantes mencionados, convirtiéndose
entonces en parte de una estrategia de adaptación a la
variabilidad climática y al posible cambio climático
futuro.
Finalmente, consideramos que actualmente es necesario orientar
la investigación (Gay et al. 2001) para que sea posible
entender mejor cómo los procesos socioeconómicos
de gran escala y su impacto en las instituciones y políticas
del sector agrícola influyen en la vulnerabilidad actual
y pueden incrementar la vulnerabilidad futura, cómo pudieran
algunas reformas en la actividad agrícola aumentar la capacidad
adaptativa o de respuesta actual al riesgo climático, y,
muy importante, cómo puede hacerse la investigación
del clima y su pronóstico más útil para este
sector.
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Notas
*
Centro de Ciencias de la Atmósfera, UNAM.