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Capítulo II. Caracterización ambiental de México y su correlación con la clasificación y la nomenclatura de las comunidades vegetales

1. Caracterización ambiental de México

La posición latitudinal que el territorio mexicano ha tenido a lo largo de su evolución, los procesos de orogenia y vulcanismo, el intemperismo y otros factores modeladores del paisaje, han hecho que nuestro país tenga una gran diversidad de ambientes, lo cual se refleja en la biota que se desarrolla en su territorio.

Con el objetivo de hacer una caracterización ambiental de México que sirva como marco de referencia para ubicar a las comunidades vegetales, correlacio-nando su clasificación y nomenclatura con los rasgos ambientales, a continuación se destacarán las provincias fisiográficas y sus caracteres geológicos, los tipos de suelos, la variedad de climas y su correlación con las comunidades vegetales.

A. La geología y las provincias fisiográficas de México

Aspectos geológicos

La gran diversidad de formas que presenta el relieve de México, hace que sea uno de los países del mundo con mayor diversidad topográfica y geológica. Así, la diversidad topográfica influye en las características climáticas, el tipo de suelo y la vida silvestre que la sustenta.

Con fines metodológicos, el territorio nacional puede subdividirse agrupando regiones que tengan un mismo origen geológico, con paisajes y tipos de rocas semejantes en la mayor parte de su extensión y con geoformas similares. Las zonas así diferenciadas se les reconoce como provincias fisiográficas. En México se han reconocido 15 de estas provincias. Según los Datos básicos de la geografía de México ( INEGI 1991) éstas son:

1. Península de la Baja California

2. Llanura Sonorense

3. Sierra Madre Occidental

4. Sierras y Llanuras del Norte

5. Sierra Madre Oriental

6. Grandes Llanuras de Norteamérica

7. Llanura Costera del Pacífico

8. Llanura Costera del Golfo Norte

9. Mesa del Centro

10. Sierra Volcánica Transversal o Eje Neovolcánico

11. Península de Yucatán

12. Sierra Madre del Sur

13. Llanura Costera del Golfo Sur

14. Sierra de Chiapas y Oaxaca

15. Cordillera Centroamericana.

1. Península de la Baja California

Políticamente esta provincia fisiográfica ocupa los estados de Baja California y Baja California Sur. En la porción norte destaca la Sierra de San Pedro Mártir, con alturas que sobrepasan los 3,000 m (La Encantada, 3,100 msnm). En Baja California Sur descuella la cordillera de origen volcánico, conocida como Sierra de la Giganta. En esta provincia se localizan tres discontinuidades fisiográficas: el Desierto de Sebastián Vizcaíno, con amplios llanos y médanos que se interrumpen hacia el oeste por la sierra volcánica del mismo nombre; los Llanos de Magdalena, región con bajos y bolsones, que se inundan durante la época de lluvias y cuya costa arenosa se ve interrumpida por el desarrollo de lagunas (varias de ellas comunicadas con el mar) y la Región del Cabo con serranías de granito.

2. Llanura sonorense

La mayor parte de esta llanura se localiza en el estado de Sonora. Consta de una serie de sierras paralelas con una orientación nor-noroeste a sur-sureste, separadas entre sí por grandes bajadas y llanuras extensas, que se van ampliando hacia la costa. Los ríos Sonoyta y Concepción son intermitentes y se originan dentro de esta provincia. Aunque la mayor parte de la cuenca del río Colorado se ubica en los EE.UU., forma un gran delta en su desembocadura en el Golfo de California. Al oriente de este río se localiza una extensa zona de dunas, casi desprovistas de vegetación, que llegan hasta la Sierra del Pinacate, que con sus cráteres, mesetas de lava y su gran volcán El Pinacate que alcanza los 1,600 m sobre el nivel del mar, integran una discontinuidad fisiográfica en esta provincia.

3. Sierra Madre Occidental

Ocupa parte de los estados de Sonora, Chihuahua, Durango, Sinaloa, Nayarit y Zacatecas. Se inicia en el área fronteriza con Arizona, EE.UU. y termina en el río Santiago en Nayarit, en donde se conecta con el Eje Volcánico Transversal. Constituye un importante sistema montañoso, de origen ígneo, volcánico en su mayor parte; la sierra se levanta hasta los 3,000 msnm con una región escarpada orientada al occidente; hacia el oriente la sierra desciende a una región con grandes mesetas. Las condiciones geológicas y fisiográficas tan peculiares de esta sierra han propiciado la formación de cañones profundos sobre su vertiente occidental, entre los que destaca el cañón del Cobre, labrado por el río Urique y sus afluentes.

4. Sierras y Llanuras del Norte

Estas sierras ocupan parte de los estados de Chihuahua y Coahuila. Esta provincia enclavada en un ambiente árido y semiárido, se extiende hasta parte de los EE.UU. Sus sierras bajas y abruptas quedan separadas entre sí por grandes bajadas y llanuras; son frecuentes las cuencas endorreicas o bolsones, algunos de ellos salinos, a veces con desarrollo de lagos temporales. En esta provincia se localiza una parte de la cuenca del río Conchos, afluente del Bravo, y en su centro, el Bolsón de Mapimí. A 50 km al sur de Ciudad Juárez encontramos uno de los campos de dunas (de arena) más extensos del país, el de Samalayuca. Al sur de esta provincia se extiende la Laguna de Mayrán o Bolsón de Coahuila y más al sur se continúa la antigua región lacustre de los bolsones de Viesca así como una pequeña zona de dunas, la de Bilbao.

5. Sierra Madre Oriental

Esta provincia ocupa parte de los estados de Chihua-hua, Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Querétaro, Tamaulipas, Hidalgo, Puebla y Veracruz. Sus montañas están constituidas por rocas sedimentarias de origen marino, calizas y lutitas, principalmente de la era mesozoica; los estratos de estas rocas están doblados a manera de grandes pliegues que forman una sucesión de crestas alternadas con bajos; las cumbres oscilan entre los 2,000 y 3,000 m. Al oeste de Ciudad Victoria existen ventanas erosionables que permiten observar los afloramientos de rocas más antiguas de esta provincia: rocas metamórficas como gneises y esquistos del Precámbrico y del Paleozoico que constituyen el basamento de la sierra.

6. Grandes Llanuras de Norteamérica

Esta provincia se distribuye en parte de los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Se extiende hasta Canadá y se desarrolla en su mayor parte en los EE.UU. Presenta una alternancia de llanuras y lomeríos compuestos por rocas sedimentarias del Terciario que no han sido plegadas fuertemente, por lo que muestran un relieve suave, semejante a una penillanura. En algunas localidades afloran cuerpos intrusivos (Burgos, Tamaulipas). A principios del Terciario hubo un fuerte depósito de sedimentos transportado por los ríos en la llamada cuenca de Burgos, lo que originó la regresión marina hacia el oriente, que continua hasta hoy; así, las rocas más antiguas están depositadas al occidente y los depósitos más recientes al oriente. Las rocas más importantes son lutitas y areniscas.

7. Llanura costera del Pacífico

Esta provincia se localiza en parte de los estados de Sonora, Sinaloa y Nayarit. Es una llanura costera angosta y alargada, cubierta en su mayor parte por materiales depositados por los ríos, es decir aluviones, que bajan hasta el mar desde la Sierra Madre Occidental. Los ríos forman deltas en sus desembocaduras, como los de los ríos Yaqui, Fuerte y río Grande de Santiago. Hacia la costa se han desarrollado algunas lagunas y albuferas.

8. Llanura costera del Golfo Norte

Se distribuye en parte de los estados de Tamaulipas, Veracruz y Nuevo León. Esta provincia se comparte con los EE.UU.; dentro del territorio mexicano se ensancha hacia el norte a lo largo del río Bravo. Presenta las características de una costa emergida y se ve interrumpida por algunas sierras aisladas como la de Tamaulipas, de San Carlos y Cruillas, la Serranía del Burro, etc. Hacia el noroeste hay una alternancia de lomeríos con extensas llanuras. Existen lagunas costeras, siendo las mayores: la Laguna Madre, la Laguna de Catemaco y la Laguna de San Andrés. La mayor parte de las rocas son sedimentarias, calizas y lutitas cretácicas en las Sierras de San Carlos y de Tamaulipas; calizas terciarias y lutitas depositadas al noreste de Tamaulipas (cuenca de Burgos) y otras al sudeste (cuenca de Tampico-Misantla). En esta provincia es posible encontrar intrusiones de rocas ígneas ácidas e intermedias, rocas de origen volcánico y básicas, del Terciario al Cuaternario, distribuidas al norte de Tamaulipas y cerca de Ciudad Mante.

9. Mesa del Centro

Localizada en parte de los estados de San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Aguascalientes, Querétaro y Zacatecas, entre las sierras Madre Occidental, Madre Oriental y al norte del Eje Volcánico Transversal. Las atraviesa un río importante, el Lerma. Está constituida por amplias llanuras interrumpidas por sierras dispersas, la mayoría de naturaleza volcánica. Las llanuras más extensas se localizan en la zona de los Llanos de Ojuelos, en tanto que en la zona de los Altos de Guanajuato, las llanuras son menos extensas y las sierras más frecuentes. Se presentan dos discontinuidades fisiográficas: la sierra de Guanajuato, con una serie de valles paralelos orientados al sudeste y la sierra Cuatralba, de mesetas de lava escalonadas.

10. Sierra Volcánica Transversal o Eje Neovolcánico

Se distribuye en la porción central del país más o menos en el paralelo 19° N. En parte de los estados de Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán, México, Morelos, Puebla, Tlaxcala, Veracruz y el D. F. Esta provincia se extiende de oeste a este desde el océano Pacífico hasta el Golfo de México y se considera como una enorme masa de rocas volcánicas, derrames de lava y otras manifestaciones ígneas de la era Cenozoica. En esta provincia se encuentran los grandes volcanes de México, como el Pico de Orizaba (5,610 msnm), Popocatépetl (5,465 msnm), Iztaccíhuatl (5,230 msnm), Nevado de Toluca (4,680 msnm), Nevado de Colima (4,240 msnm) y volcán de Colima o de Fuego (3,838 msnm).

Resultan características de esta provincia las amplias cuencas cerradas ocupadas por lagos como los de Pátzcuaro y Zirahuén, o los depósitos de lagos antiguos, como los de la cuenca endorreica del mal llamado Valle de México, o bien la presencia de cuencas hundidas como la de Chapala convertida en la actualidad en un lago.

11. Península de Yucatán

Localizada en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, es, en términos estrictamente fisiográficos, una gran plataforma de rocas calcáreas marinas que ha venido emergiendo de los fondos marinos desde hace millones de años; la parte norte de la península se considera resultado de un periodo más reciente. Existe una pequeña cadena de lomeríos bajos que se extiende desde Maxcanú hasta Peto (Yucatán), y que se conoce regionalmente como Sierrita de Ticul. En la Península se ha formado una extensa red cavernosa subterránea, por la que escurre el agua hacia el norte; es de destacar también la profusión de cenotes (dolinas) y uvalas que muestran la red de drenaje subterráneo.

En la parte sur de Campeche existen algunos ríos como El Palizada, El Candelaria y El Champotón, y en los límites entre Quintana Roo y Belice, el río Hondo. En el estado de Quintana Roo, existen dos extensas lagunas, la de Bacalar, cerca de los límites con Belice y la de Chichancanab en Yucatán.

Un rasgo topográfico característico de la Península son las “aguadas”, lagunas de aguas someras ordinariamente de pequeño tamaño que se forman a partir de cenotes antiguos que, por erosión, pierden la verticalidad de sus paredes y su fondo se va rellenando por el depósito de arcillas poco permeables, que lo elevan y terminan por colocarlo por encima del nivel de circulación de las aguas subterráneas. En otros casos, el hundimiento de la bóveda de las cavernas no llega al nivel de circulación de las aguas subterráneas formándose un tipo de dolina (cenote), cuyo fondo se va rellenando de suelo rojizo; estos hundimientos en forma de embudo y sin agua en el fondo reciben el nombre de “joyas” (hoyas).

12. Sierra Madre del Sur

Comprende parte de los estados de Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero y Oaxaca. Es una sierra muy compleja, que presenta montañas formadas por rocas de diversos tipos, con predominancia de rocas volcánicas, metamórficas y sedimentarias. La Sierra Madre del Sur tiene como basamento rocas cristalinas y metamórficas, calizas plegadas y otros sedimentos así como lavas e intrusiones.

Al norte de esta sierra se localiza la gran depresión del Balsas y la región de los valles de Oaxaca. Constituye el parteaguas de la vertiente del Golfo y del Pacífico. Al norte queda limitada por el Eje Volcánico Transversal y al este con el Istmo de Tehuantepec.

13. Llanura costera del Golfo Sur

Abarca las regiones costeras de Veracruz y Tabasco. Localizada en la parte baja de la vertiente de la Sierra Madre Oriental, abundan suelos profundos formados por materiales depositados por los ríos, pues en esta región desembocan algunos de los más caudalosos de México, como el Grijalva, el Usumacinta, el Coatzacoalcos y el Papaloapan. Al norte de Chiapas y al oriente de Tabasco se tienen grandes zonas inundables con abundancia de pantanos permanentes. La sierra de los Tuxtlas, de origen volcánico, interrumpe el paisaje de esta provincia sobre la costa. Es de destacar también el lago de Catemaco, enorme caldera volcánica.

14. Sierra de Chiapas y Oaxaca

Se extiende por la parte norte de Chiapas y sur de Tabasco. Incluye las sierras del noroeste y noreste de Chiapas, así como la altiplanicie al sur del estado. Dichas sierras están integradas por rocas calizas similares a las de la Sierra Madre Oriental. Al noroeste se localiza el imponente Cañón del Sumidero por donde fluye el río Grijalva y al centro-sur de la provincia se encuentra la Depresión central de Chiapas, en donde está la presa de la Angostura.

15. Cordillera centroamericana

Ocupa parte de Chiapas y Oaxaca. Aunque abarca principalmente los países septentrionales de la América Central, esta provincia tiene una importante extensión en México: es una cadena montañosa formada por un antiguo batolito cuya edad varía del Paleozoico inferior al medio; con elevaciones de 900 a 2,900 msnm, altura que se alcanza en las inmediaciones del volcán de Tacaná (4,117 m) formado por rocas ígneas (extrusivas y andesitas). La porción superior de las rocas del basamento está cubierta por rocas de diferentes edades, que varían desde cuarsitas del Paleozoico medio (sur de Tehuantepec) hasta calizas cretácicas (entre La Concordia y Cintalapa, Chiapas). Al sureste de Tuxtla Gutiérrez, la porción de la Planicie costera de Chiapas está recubierta por aluviones recientes y es posible encontrar afloramientos aislados de gneis, mármol y esquistos, que han sido intrusionados por rocas graníticas más recientes y cubiertas en parte por rocas volcánicas del terciario superior. Hacia la costa destacan discontinuidades dadas por albuferas (lagunas costeras separadas del mar por una barra).

B. El factor clima .

Generalidades

El clima de México, como el de otras partes del mundo, está determinado por diferentes factores, como la latitud geográfica, la altitud con respecto al nivel del mar, la distribución y la proporción de tierras y mares así como por diversas condiciones atmosféricas, como la temperatura, la precipitación, la presión y la nubosidad, entre otras.

El Trópico de Cáncer (paralelo 23° 27') de latitud norte divide a nuestro país en dos partes casi iguales; esta línea imaginaria que cruza los estados de Baja California Sur, Sinaloa, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí y Tamaulipas, deja la mitad sur del territorio nacional dentro de una zona climática tropical y al norte como subtropical ( INEGI 1991).

La presencia de ambas cuencas oceánicas, por su acción amortiguante marítima, propician invasiones considerables de masas de aire húmedo que penetran al país procedentes del Golfo de México y del océano Pacífico, lo que contribuye a la presencia de un clima en gran medida isotermal, y salva al país de los efectos de continentalidad, los cuales consisten en enfriamientos y calentamientos excesivos en invierno y en verano, respectivamente.

Lo anterior hace que nuestro país cuente con una uniformidad termal relativa a lo largo del año; por esto las diferencias entre las estaciones frías y cálidas del año no resultan muy extremosas, especialmente en las regiones del centro y sur del país, y sólo en el norte de la República estas variaciones en los factores del clima son evidentes, por ejemplo en el Norte de Chihua-hua (Ciudad Juárez).

En México están representados los grupos de climas A, B y C de Köppen. El clima E se encuentra sólo en áreas muy reducidas. En un país tropical como el nuestro, los climas D o boreales, sensu Köppen, no existen (García Amaro 1964).

Grupos de climas

Grupos de climas A (tropicales lluviosos, con temperatura media del mes más frío mayor de 18 °C)

Los climas A se extienden a lo largo de las vertientes de ambos mares. En la costa del Pacífico se distribuyen desde el paralelo 24° norte hacia el sur y abarcan desde el nivel del mar hasta una altitud de unos 800 a 1,000 m.

Por el lado del Golfo de México comprenden desde el paralelo 23° latitud norte, hacia el sur a lo largo de la Llanura Costera, de la base de los declives correspondientes de la Sierra Madre Oriental, y de las montañas del norte de Chiapas. Se encuentran también en la mayor parte de la Península de Yucatán así como en algunas zonas interiores como la Cuenca del Balsas y la Depresión central de Chiapas, en donde se extiende hasta una altitud de 1,300 msnm.

Grupos de climas B (secos)

Debido a la situación de la República Mexicana en la zona de alta presión y aires descendentes y a la orientación general de sus amplias sierras en relación con los mares, existen en nuestro país, especialmente en su porción septentrional, amplias regiones con climas áridos Bw o Bs. Los Bw se localizan en la parte norte de la Altiplanicie mexicana, a altitudes menores a los 1,500 m así como en parte de la Llanura costera del Pacífico, situada al norte del paralelo 25° norte y en las zonas costeras de la Península de Baja California, exceptuando el noroeste, en donde el clima es BS.

Los climas BS se encuentran bordeando a los BW, en la parte norte de la Altiplanicie así como en los declives de la Sierra Madre Occidental, que se elevan de la Llanura Costera del Pacífico al norte del paralelo 23° norte, y en la porción central y noroeste de la península de Baja California. Se extienden también en las zonas interiores del centro y sur del país, que se encuentran menos expuestas a la influencia de los vientos húmedos del mar, como sucede en algunas porciones de la parte sur de la Altiplanicie, en las partes más bajas de la cuenca del Balsas, y las cuencas más altas de los ríos Verde, Mixteco, Tlapaneco, Papaloapan y Tehuantepec.

Grupo de climas C (templados lluviosos, con temperatura media del mes más frío entre –3 °C y 18 °C y la del mes más caliente mayor de 10 °C).

Existen en México, amplias zonas con clima C que se localizan en las zonas montañosas o llanuras de altitud superior a 800-1,000 msnm, en lugares en donde la temperatura media de un mes desciende, por lo menos, por debajo de 18 °C. Los límites entre estos climas y los climas A, B o E, dependen de la altitud, de la latitud y de la exposición a los vientos húmedos. En aquellas zonas que se encuentran directamente expuestas a la influencia de vientos húmedos, la transición es de climas calientes húmedos A, a climas C; en cambio, en las zonas menos expuestas a dichos vientos, la transición es de climas secos B a climas C.

Climas E (fríos, con temperaturas medias del mes más caliente menores a 10 °C)

Los climas E en México se encuentran reducidos a las partes más altas del Eje Volcánico, en donde la temperatura media del mes más caliente, debido al aumento en altitud, desciende por debajo de 10 °C.

Las regiones climáticas de México y su vegetación

En México a los términos tropical, subtropical y templado se les ha dado un significado climático más que puramente geográfico y así, se han usado para clasificar a la vegetación. Por ejemplo, Leopold (1950) dividió al país en región tropical y templada, incluyó en ella las zonas áridas y semiáridas, y ubicó en las regiones climáticas las grandes unidades de vegetación que distingue y nombra para México.

La Cotecoca (1994) dividió al país en zonas tropicales, diferenciando el trópico húmedo y el trópico seco, zonas templadas y zonas áridas y semiáridas como un marco donde ubicar sus esfuerzos de revegetar y reforestar las áreas sujetas a explotación ganadera en el país.

Zonas áridas y semiáridas

Las zonas áridas ocupan en el país una superficie de 95 millones de hectáreas, lo que equivale al 48.29% del territorio nacional. De este total, la Cotecoca (1994) estima que, alrededor de 39 millones de ha (el 20% aproximadamente) se clasifican como zonas semiáridas y el resto, 28%, corresponde a zonas áridas.

Se localizan principalmente en las partes bajas de Sonora, Baja California, Baja California Sur y en el centro-norte del país, en porciones de los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Zacatecas, San Luis Potosí, Durango y Tamaulipas.

Una región semiárida se localiza al noreste de México, en parte de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

Al centro y sur del país se encuentran algunas áreas que tienen condiciones de semiaridez, en parte de los estados de Querétaro, Hidalgo, Puebla, Oaxaca e, inclusive de Guerrero.

La Comisión Nacional de las Zonas Áridas ( Cona-za 1994 ) indica que en las zonas áridas y semiáridas, las temperaturas medias anuales varían desde los
15 °C hasta los 25 °C, con grandes oscilaciones entre los valores medios mensuales, así como entre los máximos y mínimos diarios. Las temperaturas máximas absolutas varían desde los 38 °C a los 49 °C, mientras que las mínimas absolutas oscilan de 0, 2 ó 3 °C hasta los 16 °C.

En cuanto a la precipitación el Atlas Nacional de México ( UNAM 1990) indica que las regiones con menos de 125 mm anuales se localizan en el extremo noreste del estado de Sonora, sur y noreste de Baja California y en el extremo noreste de Baja California Sur. Las regiones con precipitaciones que van desde los 125 mm (excluyendo los lugares anteriores) hasta los 400 mm se encuentran en la Península de Baja California, norte, centro y suroeste del estado de Sonora, Chihuahua, Coahuila y parte de Nuevo León, norte y centro de San Luis Potosí. Los sitios con precipitaciones entre 400 a 600 mm anuales se hallan en parte de los estados de Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Durango, Aguascalientes, San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo, Nuevo León, Tamaulipas y noreste de Coahuila, así como en pequeñas porciones aisladas de los estados de Tlaxcala, Puebla y Oaxaca o en regiones extremas como el desierto de Altar en Sonora, en donde la precipitación promedio anual es de 50 mm y aun algunos sitios con valores muy bajos, como Ampac, Bataques o Estación Delta en Baja California, con 30.5 mm; San Felipe, Estación El Mayor, en Sonora con 40.7 y 40.9 mm, respectivamente (García 1981).

Las comunidades vegetales que se desarrollan bajo estos climas varían desde pastizales, matorrales e inclusive, bosques bajos, principalmente espinosos como los mezquitales.

Zonas tropicales

En 1990, la Cotecoca estimó que las zonas tropicales de México ocupan una superficie de 55.7 millones de hectáreas, lo que equivale al 28.3% de la superficie nacional.

Las zonas tropicales se localizan en la porción sureste del país, ocupan la totalidad de la Península de Yucatán, desde donde se extienden por la franja costera del Golfo de México hasta el estado de Tamaulipas. Por el litoral del Pacífico se distribuyen desde Chiapas hasta Sonora y Baja California Sur en la región de Los Cabos. También en el Altiplano se encuentran zonas tropicales en parte de los estados de México, Querétaro, Puebla, Morelos, Guanajuato, Zacatecas y Aguasca-lientes. La Cotecoca dividió las zonas tropicales en trópico húmedo y trópico seco.

Trópico húmedo

Las zonas del trópico húmedo cubren una superficie de 24 millones de ha, es decir, un 12.2% de la superficie del país; comprende las regiones ecológicas ubicadas a menos de 1,000 m de altitud con las siguientes temperaturas: media anual superior a 20 ºC; del mes más frío, 17.7 ºC y mínima extrema de 0 ºC, con una precipitación pluvial generalmente superior a los 1,300 mm anuales, distribuida en un período de 200 a 365 días. La vegetación que caracteriza a esta región son selvas o bosques perennifolios y subperennifolios.

Trópico seco

El trópico seco ocupa una superficie de 31,712,000 ha, lo que equivale al 16.1% del territorio nacional. Se localiza a altitudes variables desde los 100–150 m hasta los 1,800–1,900 msnm, con una temperatura media anual superior a 18 ºC; del mes más frío 16 ºC y mínima extrema de –4 ºC con heladas frecuentes y una precipitación pluvial de 600 a 1,300 mm al año, distribuidas en un período de 115 a 175 días, con una marcada estacionalidad en la precipitación. La vegetación que caracteriza a esta zona son los bosques o selvas caducifolias y subcaducifolias, generalmente bajas o medianas.

Zonas templadas

Las zonas templadas de México ocupan una superficie de alrededor de 46 millones de ha, lo que equivale al 23.4% del territorio nacional. Se distribuyen principalmente en cuatro regiones fisiográficas: la Sierra Madre Occidental, el Eje Neovolcánico, la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre del Sur.

Según García (1981), los climas templados se caracterizan por tener temperaturas medias anuales entre 5 ºC y 18 ºC pero con una temperatura media del mes más frío superior a los -3 ºC y con la temperatura media del mes más caliente superior a los 10 ºC. Para nuestro país es difícil establecer una cifra única de la precipitación ya que este dato, junto con el de la temperatura, se utilizan para decidir si un lugar tiene o no clima templado. Algunos autores, como De Alba (1976), señalan que la región templada de México, aunque se localiza dentro de la faja tropical de la Tierra, tiene un clima benigno por encontrarse entre los 1,500 y los 2,500 msnm. Por la gran diversidad de climas que se presentan en las zonas templadas es común que la precipitación pluvial vaya desde los 500 hasta los 2,500 mm anuales, aunque puede descender hasta los 300 mm en el caso de los climas secos y aumentar hasta los 3,000 mm en el caso de los climas semicálidos.

La temperatura media anual de estas zonas varía desde los 12 ºC hasta los 22 ºC; no obstante, puede bajar a alrededor de los 6 ºC o alcanzar los 24 ºC. En los climas secos y templados, las comunidades vegetales de encinar, pino–encino, pinar, oyametal, matorrales esclerófilos así como los pastizales de altura (zacatonales) y los pastizales inducidos, se han usado para delimitar las zonas templadas. Los límites altitudinales de estos tipos de vegetación oscilan entre los 800 m y los 4,000 m.

C. El factor suelo

Generalidades

La parte exterior de la corteza terrestre en contacto con la atmósfera está constituida por una capa más o menos gruesa de material fragmentario no consolidado que se conoce con el nombre de “regolita” y que se apoya en la roca subyacente. El suelo es la parte exterior de la corteza terrestre en donde las rocas se han desintegrado por efecto del intemperismo, formando una cubierta en la que vive una microbiota, una flora y una fauna microbianas que, actuando como un verdadero laboratorio, transforman materia mineral en alimento de las plantas, para que puedan ser utilizadas posteriormente por los animales y los seres humanos. Es decir, el suelo es el recurso natural que, unido al agua en forma de lluvia o corrientes, permite el establecimiento de las actividades forestales, ganaderas y agrícolas. Así, el suelo se interpreta como el resultado de la interacción del clima, la roca madre, el drenaje, la topografía, los microorganismos y la vegetación a lo largo del tiempo.

Los suelos zonales son los formados bajo influencias de carácter general que predominan en una provincia climatológica o zona con un mismo clima. Los suelos intrazonales son los que resultan del predominio de las fuerzas locales sobre las características generales y que se muestran como excepción dentro del panorama general de la provincia climática; generalmente su área de distribución es limitada. Un factor local, por ejemplo un drenaje insuficiente, puede interferir en el proceso general de intemperización, produciendo suelos muy particulares como los salitrosos en los climas secos y los pantanosos en los húmedos.

Los suelos maduros son aquellos que tienen características bien marcadas, desarrolladas por el clima y la vegetación, así como por la influencia del declive y la roca madre. Resultan diferentes a los suelos jóvenes, llamados azonales, en los que estas características no han tenido el tiempo de desarrollarse y que son consecuencia de la erosión, la sedimentación y la acumulación de los productos de las actividades volcánicas. Encontramos ejemplos de ello en las vegas o zonas inundables, en las dunas móviles, los aluviones recientes y en los suelos llamados litosoles o suelos de rocas, y en general en aquellos formados por materiales geológicos aún no consolidados.

Los suelos minerales proceden de la desintegración y descomposición de rocas, a diferencia de los orgánicos, que se han producido por la degradación y acumulación de restos vegetales.

Los suelos primarios son los que tienen su origen sobre la roca madre, como los litosoles, pero si fueron arrancados de su sitio y transportados lejos de su lugar de origen para posteriormente ser intemperizados, se conocen como suelos secundarios, y constituyen la mayoría de los que existen sobre la superficie de nuestro planeta.

Los suelos coluviales son aquellos cuyo material fue arrastrado por gravedad. Los aluviales o de aluvión, son los que su material fue arrastrado por el agua. Son eólicos si la fuerza del viento los hizo moverse y glaciares cuando el material rocoso fue transportado y depositado por un glaciar.

Procesos edafológicos

Los agentes climáticos son predominantes como formadores de los suelos, así la correlación del trinomio clima–vegetación–suelo ha permitido conocer parte de los procesos edafológicos y los grandes grupos de suelos a que han dado lugar, así como su correlación con el clima y las condiciones bajo las que se han formado. Se aceptan como fundamentales siete procesos edafológicos, que se describen a continuación:

1. Laterización . Es un proceso de intemperización intenso producido bajo un clima con grandes precipitaciones pluviales, temperaturas elevadas y condiciones de fácil drenaje. Este proceso da lugar a los grandes grupos de suelos llamados lateríticos.

Los suelos de lateritas son suelos rojos, porosos, ricos en hierro, que se endurecen al orearse. Se piensa que existen en la Planicie costera del Pacífico asociados a vegetación de selvas medianas a altas.

Los suelos lateríticos se forman en las áreas tropicales, bajo climas cálidos en los que se alterna la sequía y la humedad. Se desarrollan a partir de rocas básicas, un drenaje fácil, procesos que normalmente requieren de mucho tiempo para desarrollarse. Finalmente, se forman los típicos lateríticos, suelos rojos y los migajones rojos, localizados en regiones húmedas de climas calientes, en la Planicie costera del Golfo, en la región veracruzana hacia los Tuxtlas; al norte de la Sierra de Juárez, Oaxaca y en pequeñas áreas de la Planicie costera del Sureste, asociados a vegetación de selvas altas y medianas.

Los suelos de terrarrosa se derivan de calizas que tienen semejanza con los migajones rojos de los trópicos; la caliza, al intemperizarse, tiene un drenaje fácil y una erosión moderada o ligera. Presenta dos tipos de suelos: negros, café grisáceos o negro grisáceo y los rojos o café rojizo. A los suelos negros calizos y margosos de los climas tropicales se les conoce como rendzinas, comunes en áreas montañosas de Chiapas, en la Sierra Madre Oriental, cerca de Xalapa, en Zongolica y en la Sierra de Juárez en Oaxaca. Están frecuentemente asociados a los bosques caducifolios o bosques mesófilos de montaña.

Los suelos de color rojo o café rojizo, que están formados por arcillas saturadas incompletamente con óxidos libres, resultado de un proceso de laterización, comprenden suelos calizos café y rojizos de los climas templados y suelos rojos de los trópicos, que son conocidos con el nombre de terra-rrosa. Han sido estudiados en el noreste de Yucatán, asociados a las selvas bajas caducifolias o bosques tropicales caducifolios. También se han encontrado este tipo de suelos en el sur de Tabasco y Campeche asociados a selvas medianas o a bosques tropicales subperennifolios.

Los suelos amarillos lateríticos forman un grupo mal definido que puede encontrarse en los trópicos y más frecuentemente en los climas semicálidos y templados. Se consideran suelos de transición entre los suelos rojos tropicales y los café forestales y que se asocian con frecuencia a una vegetación de coníferas.

2. Podzolización . Es un proceso de lixiviación completa de las sales alcalinas y alcalinotérreas, favorecido por una humedad abundante y fácil drenaje. Los suelos se acidifican, retienen el sílice pero el humus y los sesquióxidos de hierro y de aluminio son arrastrados, quedando el horizonte superior blanquecino y pobre de otros materiales. También se desarrolla un horizonte inferior de acumulación oscuro, rico en humus y sesquióxidos, característico de las regiones bien drenadas de los climas fríos y húmedos. Se asocian con vegetación de coníferas y bosque de encino o mixtos de pino–encino. El proceso de podzolización da lugar a tres grupos de suelos: los suelos café forestales, los podzoles y los suelos de pradera.

3. Calcificación . Proceso de lixiviación incompleto, con un horizonte de acumulación de carbonato de calcio en el perfil del suelo. El clima seco o árido bajo el cual se desarrolla no permite que la lluvia pueda arrastrar los carbonatos de calcio hasta debajo del subsuelo. Generalmente se vinculan con vegetación natural de matorral xerófilo y de pastizal. Son suelos de clima con humedad deficiente, donde el suelo no se acidifica y los coloides no se dispersan.

La capa superficial u horizonte A es bastante rica en materia orgánica. Se les ha dividido en: suelos negros o chernozem; suelos castaños o chesnut; suelos semidesérticos café grisáceos, también llamados sierozem y suelos desérticos grises y rojos.

Las rendzinas son suelos inmaduros cuyo perfil se ha definido por la naturaleza de la roca madre de origen calizo. Dentro de esta denominación se encierra a los suelos calizos grises y blancos de los climas templados y los negros calizos y margosos de los trópicos. La vegetación natural con la que se asocia varía según el clima, incluyendo matorrales xerófilos, bosques de coníferas y encinos y aun selvas o bosques tropicales.

4. Salinización . Es la acumulación de sales solubles en el perfil del suelo, tanto cloruros y sulfatos de sodio, de potasio, de calcio de magnesio y de algunas otras sales. En todo proceso de intemperización estas sales, con un buen drenaje, son eliminadas mediante el escurrimiento subterráneo cuando hay lluvia abundante o por infiltración se concentran en la masa del suelo; si el drenaje es deficiente, las sales solubles formadas en el propio suelo y las transportadas, son parcialmente eliminadas o no se eliminan y si el manto freático es, además, poco profundo, el proceso de evaporación se presenta muy intenso en las capas superiores produciendo la concentración de las sales en las capas superficiales del perfil.

La desecación de lagunas o marismas también produce elevadas concentraciones de sales, como la ocurrida en las lagunas de Mayrán y Viesca o en el Vaso de Texcoco. La salinización da origen a los suelos salitro-sos, también llamados salonchak, que se caracterizan por un exceso de cloruros y sulfato de sodio. Los suelos ensalitrados tienen un perfil uniforme sin horizontes, ni estructuras definidas, debido a la floculación de las arcillas; en la temporada de secas aparecen manchas blanquecinas formadas por las sales concentradas; al llover o regar, las sales concentradas en la superficie se disuelven y son arrastradas temporalmente al subsuelo. La vegetación que sustenta varía de hierbas anuales a perennes halófilas y a pastizales salinos.

5. Solonización . Es el proceso de transformación de sales de salitre en carbonato de sodio y, en general, en carbonatos que tienen una reacción alcalina concentrada. En México, se les conoce regionalmente como álcali negro o tequesquite. Este proceso produce los suelos llamados tequesquitosos o solonetz, también llamados suelos alcalinos. La vegetación que sostienen estos suelos son comunidades de halófitas, como los pastizales.

6. Solotización . Proceso de degradación del suelo a causa de lixiviaciones reiteradas, que hacen perder el ácido silícico; como resultado de este proceso se forman los suelos alcalinos degradados, éstos se asocian con los suelos salitrosos y los tequesquitosos aun en el mismo lugar. También soportan una vegetación halófila.

7. Gleización . Este proceso se caracteriza por la intemperización basada en oxidaciones y reducciones alteradas, con un horizonte coincidente con el nivel del agua del subsuelo; el manto freático es variable y se mantiene cerca de la superficie. El horizonte modificado o gleizado se distingue por su color gris azuloso, con grandes manchas y a veces con manchas rojizas como resultado de la presencia de hongos. Este horizonte aparece en el fondo de lagunas y pantanos y es el resultado de la capa turbosa de acumulación de la materia orgánica en el horizonte superior del suelo. Este proceso puede llevarse a cabo en diferentes climas (fríos, templados y calientes), siendo necesaria la presencia de un manto freático alto, de nivel variable, siempre y cuando el drenaje y las aguas no favorezcan el depósito de álcalis. Este proceso da origen a tres grupos de suelos: gleizados, turbosos y de tundra. Son más frecuentes en zonas templadas y frías, a veces por encima de la vegetación arbórea. Las comunidades vegetales que se forman en estos suelos, son comunidades de herbáceas acuáticas tanto de plantas superiores como de musgos.

Suelos geológicos o azonales. Cuando los agentes del intemperismo, como el clima, la biota o el drenaje, no han sido lo suficientemente activos o no han dispuesto del tiempo necesario para transformar la composición química de la roca madre, se forman estos suelos, que podemos distinguen en tres grupos:

Litosoles: son resultado de la erosión intensa y la actividad volcánica; se les localiza en las cimas o en las laderas de las montañas, donde no han sido posibles los procesos de formación de los suelos zonales y están formados prácticamente por la roca madre poco alterada.

Regosoles: formados por materiales triturados, no consolidados, transportados por el viento, pueden ser de origen piroclástico, resultado de actividades volcánicas recientes, en las cuales la acción del clima y la biota no han podido actuar por mucho tiempo. Ejemplos de esto son las zonas arenosas de los desiertos, las dunas costeras o bien los suelos de origen volcánico, con materiales fragmentados transportados por el viento, la lava o la acción mecánica de la erupción, constituidos por cenizas, arenas y gravas. Se desarrollan en las partes elevadas de los volcanes que han tenido actividad volcánica reciente, como el Jorullo, el Nevado de Colima, el Paricutín, el Popocatépetl, el Chichonal, entre otros. Soportan comunidades vegetales escasamente desarrolladas con pastos aislados que forman macollas o plantas herbáceas perennes e inclusive leñosas postradas.

Suelos aluviales recientes. El proceso se origina por la acción del agua, que se limita a ser medio de transporte, pero que no ha podido transformar aún los materiales. Dentro de estos se diferencian los siguientes dos tipos: a) suelos de coluvión, que son detritos rocosos producto del intemperismo, desplazados ladera abajo por la fuerza de gravedad; b) aluviones: depósitos sedimentarios, formados por corrientes fluviales en el cauce y la llanura de inundación de los valles fluviales. La vegetación que soportan es muy variada, según las características del clima.

Principales tipos de suelos del territorio mexicano

La FAO y la UNESCO (1970) han propuesto un sistema mundial de clasificación de los suelos. El INEGI ha adoptado esta clasificación para caracterizar los tipos principales de suelos para el territorio nacional, como son:

Regosol ( del griego Rheros : manto, cobija; relativo a la capa de material suelto que cubre la roca). Son suelos poco desarrollados, constituidos por material suelto, muy semejante a la roca de la cual se originó; dependiendo del tipo de clima sustentan cualquier tipo de vegetación. Muy abundantes en el país, en terrenos montañosos, sobre todo en el norte.

Litosol ( del griego lithos : piedra y solum : suelo, es decir, suelo de piedra) son suelos muy delgados, con espesores menores a los 10 cm. Descansan sobre un estrato duro y continuo, como roca madre, tepetate o caliche; según el clima soportan selvas bajas o matorrales altos. De amplia distribución en el país, generalmente en topografía plana o levemente ondulada, frecuente en la Península de Yucatán, asociados a rendzinas.

Xerosol (del griego xeros : seco, suelo de zona seca o árida). Son suelos áridos que contienen materia orgánica. La capa superficial es clara y debajo de ella puede haber acumulación de minerales arcillosos y/o sales, como carbonatos y sulfatos. Se hallan restringidos a las zonas áridas y semiáridas del centro y norte del país, a veces asociado a regosoles. Soportan una vegetación de matorral y pastizal.

Yermosol (del español yermo : desértico, desolado). Son suelos de zonas muy secas o desérticas casi sin materia orgánica, semejantes a los xerosoles, de los que difieren sólo en el contenido de materia orgánica en el horizonte superficial. En algunos sitios sustentan vegetación de matorral o de pastizal y, en algunos casos, vegetación esparcida. Son característicos del Desierto sonorense y la península de Baja California, asociados a regosoles y xerosoles.

Cambisol (del latín cambiare: cambiar, suelo que cambia). Son suelos claros, con desarrollo débil, que presentan cambios en su estructura o consistencia debido al intemperismo. Frecuentemente presentan todavía características del material que les dio origen. Dependiendo del clima, pueden sustentar una vegetación de matorral, pastizal, bosque o selva. Se encuentran en cualquier tipo climático, excepto en zonas áridas y semiáridas; en terrenos abruptos, ondulados o planos, en porciones orientales de la Sierra de Chihuahua y Durango, en las partes montañosas del Eje Volcánico Transversal. Se asocian a regosoles o feozem.

Vertisol (del latín verto : voltear, suelos que se revuelven y autoabonan, ricos en arcillas expandibles). Son muy arcillosos, con grietas anchas y profundas cuando están secos; si están húmedos, son pegajosos, su drenaje es deficiente; en seco son muy duros. Se presentan en casi todos los climas que tienen una marcada estación seca y otra lluviosa, sobre terrenos planos o en depresiones, frecuentes en llanuras costeras del Golfo de México, asociados con los feozem y los solonchaks.

Feozem (del griego phaeo : pardo y del ruso zemlja : tierra, o sea, tierra parda). Son suelos obscuros, de consistencia suave, ricos en materia orgánica y en nutri-mentos; generalmente el subsuelo presenta acumulación de arcilla. Se les encuentra en las regiones templadas y tropicales, son frecuentes en parte del Eje Volcánico Transversal, asociados con andosoles, cambisoles y vertisoles.

Rendzina (nombre polaco que se da a los suelos profundos y pegajosos que se desarrollan sobre calizas). Son suelos obscuros, poco profundos (10 cm a 50 cm) que sobreyacen directamente al material carbonatado, por ejemplo, calizas. Se les localiza en cualquier tipo climático, excepto en zonas frías, generalmente en relieves montañosos como en la Sierra Madre Oriental, asociados a litorales. En la Península de Yucatán son los suelos predominantes en terrenos planos. La vegetación que sustentan varían desde bosques de pino–encino, encinares, bosques mesófilos de montaña hasta selvas bajas y medianas.

Luvisol (del latín luvi , luo : lavar, suelo lavado). Son suelos con un contenido de bases que va de mediano a alto. El subsuelo tiene acumulación de arcillas, como resultante del lavado y la formación in situ . En zonas tropicales son de color rojizo y cambian a amarillento en las templadas; son muy susceptibles a la erosión. Se les localiza fundamentalmente bajo climas templados y tropicales, sobre terrenos de topografía variada. A veces se les encuentra en zonas semiáridas, abarcando pequeñas áreas. Se hallan ampliamente representados en el Eje Volcánico Transversal, asociados con andosoles, vertisoles, cambisoles y rendzinas. Sobre ellos se desarrolla una vegetación de bosques, selva o pastizal.

Acrisol (del latín acris : agrio, ácido, suelos ácidos). Muy semejantes a los luvisoles aunque más ácidos en el subsuelo debido a un lavado más intenso y a la rápida formación de minerales arcillosos. Son también muy susceptibles a la erosión. Dependiendo del clima permiten el desarrollo de bosques o de selvas.

Andosol (del japonés en: obscuro y do : tierra. Tierra negra). Son suelos derivados de cenizas volcánicas, con una capa superficial obscura, aunque el subsuelo es más claro; presentan altos contenidos de alófeno (material amorfo), lo cual les permite retener mucho el fósforo. Son también muy susceptibles a la erosión; de amplia distribución en áreas montañosas de origen volcánico. La vegetación que sustentan varía de acuerdo con el tipo climático y puede ser bosque o selva. Bajo clima templado se les localiza en el Eje Volcánico Transversal y en climas tropicales, en la sierra de los Tuxtlas, en Veracruz.

Solonchak (del ruso sol : sal, literalmente suelos salinos). Se caracterizan por presentar acumulación de sales solubles en alguna parte del suelo o en todo su espesor, debido a la fuerte evapotranspiración a que están sujetos. Son frecuentes en cuencas endorreicas de zonas áridas o semiáridas, o en los bolsones del centro norte del país. La vegetación que soportan está dominada por asociaciones de halófitas y/o de pastizales halófilos. Son frecuentes también en las llanuras costeras del Golfo de México y del océano Pacífico.

Gleysol (del ruso gley : pantanoso, cenagoso). Son suelos pantanosos, saturados de humedad la mayor parte del año, condición que genera colores azulosos, verde grisáceos o manchados de diferente coloración, con desprendimiento de malos olores. Muy frecuentes en la llanura costera del Golfo Sur, especialmente en Tabasco y el norte de Chiapas. La vegetación que sustentan es de manglar, popal, tular, tasistal y pastizales.

Castañosem (del latín castaneo : castaño y del ruso semja : tierra, tierra castaña). Son suelos que presentan una capa superior de color pardo o rojizo obscuro, con un buen porcentaje de materia orgánica y de nutrimentos. El subsuelo a menudo tiene acumulación de caliche (arena cementada con carbonato de calcio en disolución) y/o yeso. La vegetación que sostiene son pastizales con algunas áreas de matorral. Se localizan en el noreste del país en parte de Nuevo León y Tamaulipas.

Planosol (del latín planus : plano, llano). Suelos que se desarrollan en sitios de topografía plana o en depresiones mal drenadas. Presentan un horizonte superficial de color claro o gleysado, sobre un horizonte lentamente permeable, dentro de una profundidad de hasta 125 cm. Se les localiza en el centro del país, en zonas semiáridas y templadas, sobre terrenos planos o levemente ondulados como en gran parte del estado de Aguascalientes. Sobre ellos se desarrollan pastizales climáticos.

Es importante señalar que la información anterior fue tomada de INEGI (1991).

D. Las comunidades vegetales de México

La superficie de México, aunque solamente representa 1.5 del área total de la masa continental mundial, se estima que cuenta con el 10% de las plantas y animales terrestres conocidos. Su flora se calcula entre 26,000 y 30,000 especies de plantas superiores (fanerógamas), que lo coloca entre los países florísticamente más ricos del mundo, junto a Brasil, Colombia, China e Indonesia.

Pero no solamente es muy rico en cuanto a su flora sino por su vegetación; casi todos los biomas existentes en el mundo se hallan en nuestro país, desde los bosques cálido húmedos del trópico, los variados matorrales xerófilos y los pastizales amacollados que se desarrollan por encima del límite de la vegetación arbórea. Algunos autores consideran que comunidades vegetales como los pastizales gipsófilos de la altiplanicie mexicana o los izotales dominados por plantas del género Yucca y/o Dasilirion , o bien por Nolina , son exclusivos de México.

Obviamente esta gran diversidad de la flora y la vegetación se refleja en la gran variedad de fauna que alberga. ¿A qué se debe esta gran diversidad biológica? Una de las causas es la posición geográfica del país que hace que la línea conocida como Trópico de Cáncer, en el paralelo 23° 27' de latitud norte, defina a la mitad del territorio nacional dentro de la zona tropical y la norte dentro de la subtropical, como ya se mencionó.

Diferentes factores determinan el tipo de clima que prevalece en las diversas regiones del país: además de la latitud, la altitud con respecto al nivel del mar, la distribución de tierras y mares y la influencia marítima, la cual propicia invasiones de masas de aire húmedo que penetren al país procedentes del Golfo de México y del Océano Pacífico, el territorio nacional está sujeto a la influencia de los “nortes”, masas de aire procedentes de la porción continental de Norte-américa, que al pasar por el Golfo de México se cargan de humedad, que depositan en el territorio nacional. Con cierta periodicidad el territorio nacional se ve también afectado por ciclones.

Estos rasgos climáticos se ven modificados local y regionalmente por la variada fisiografía del país, la altura de los macizos montañosos y su exposición a los vientos. Las profundas depresiones, los amplios valles y las regiones costeras han propiciado la gran diversidad climática de nuestro país: climas tropicales húmedos, cálidos y secos, secos y fríos o los climas fríos tan característicos de las partes elevadas de las montañas, todo lo cual se conjuga para hacer el territorio mexicano ecológicamente muy diverso. Además, a lo largo de la historia geológica se han presentado inmersiones y emersiones marinas en gran parte del territorio, procesos de vulcanismo y largos períodos de intemperismo del material geológico expuesto.

En algunos casos las relaciones de las comunidades vegetales, de las especies y los rasgos del ambiente, como la topografía, el sustrato geológico, el clima o el tipo de suelo, son evidentes, pero en otras situaciones la presencia o el tipo de distribución que presentan algunas comunidades vegetales o ciertas especies son difíciles de entender si no se toma en cuenta la influencia de un factor ecológico no relevante hoy en día, pero si lo suficientemente importante en otro tiempo, como para haber tenido influencia en los patrones de distribución de los organismos o de las comunidades: los factores de tipo histórico que, además de los mencionados, permiten entender la riqueza y diversidad de la biota de un lugar. Entre estos factores de tipo histórico podemos mencionar la deriva continental, los procesos de orogenia y vulcanismo, las fluctuaciones climáticas a que ha estado sujeto el territorio nacional durante el terciario y cuaternario, además de las glaciaciones. Otros factores, como las migraciones de las regiones septentrionales y meridionales y su confluencia en nuestro país han jugado un papel importante en la conformación de la riqueza florística. Es de destacar la importancia que el elemento endémico tiene en la composición de la flora nacional, así como los procesos de migración del elemento mexicano hacia otras regiones.

Como hemos visto, las comunidades vegetales que se desarrollan en nuestro país son numerosas y en algunos casos muy variadas. Las plantas superiores han desarrollado tres grandes tipos de formas de crecimiento cada una con sus variantes. Los árboles, plantas perennes leñosas generalmente de más de 4 m o 5 m de alto con un tronco bien definido a partir del cual comienzan a ramificarse. Los arbustos, plantas perennes leñosas de más de 0.5 m de altura, profusamente ramificados desde la base y las yerbas, plantas de consistencia herbácea, es decir, sin tejido secundario o leño de altura variable, anuales, bianuales o perennes. La dominancia de estas formas de vida y su distribución en las comunidades proporcionan la fisonomía, la estructura y la fenología de las mismas. Estos parámetros se usan para diferenciar y clasificar a la vegetación en bosques, matorrales o herbazales y sus variantes.

En algunos casos el desarrollo y la expresión de las comunidades vegetales se corresponde a grandes unidades con el grupo o tipo climático pero en otros casos la comunidad vegetal que se ha desarrollado no corresponde del todo con las características del clima, sino que su expresión y desarrollo responde a características del sustrato geológico o del tipo de suelo con una relativa independencia del factor climático. En el primer caso se considera la vegetación como vegetación zonal, en el segundo correspondería a la vegetación azonal.

2. Correlación de los rasgos del ambiente de México con la clasificación y nomenclatura de las comunidades vegetales

La clasificación y la nomenclatura de las comunidades vegetales de México han estado estrechamente relacionadas con los factores ambientales, los aspectos fisiográficos, geológicos, climáticos, edáficos y, en muchos casos, con las actividades antropocéntricas, principalmente la agricultura y la ganadería y en menor proporción la explotación forestal.

Así, términos como vegetación tropical y subtro-pical, templada, árida y semiárida, tienen un claro significado climático pero poco preciso en lo que se refiere a a la comunidad vegetal en sí misma. Algunos términos geográficos como alpino, boreal o meridional se han empleado también para referirse a las comunidades vegetales de nuestro país, aunque en algunos casos en forma errónea. Tal es el caso de la vegetación alpina para referirse a la que se establece por encima del límite de la vegetación arbórea (timberline) en las altas montañas. Con el nombre genérico de Alpes se conocen las grandes montañas modernas formadas por plegamientos en Europa. Los Alpes propiamente dichos abarcan parte de Francia oriental, la parte adyacente de Alemania, el norte de Italia y porciones de Suiza y Austria. Las comunidades vegetales que sustentan van desde bosques de Quercus , Castanea y Ostrya , en las partes bajas, en las partes medias, un piso llamado montano caracterizado por Fagus , al que le sigue otro llamado subalpino, con bosques de coníferas ( Abies, Picea y Larix ) y un piso llamado alpino de matorral achaparrado de Juni-perus y Rhododendron, en el cual se mezcla un prado (pastizal) con Nardus , Carex , Festuca , etc. En general, las montañas que sobre el piso inferior regional tienen bosques planicaducifolios, un piso de bosques de coníferas o de vegetación leñosa achaparrada mezclada con una pradera, se dice que son de tipo alpino, lo que evidentemente no se corresponde con la acepción que tiene dicho término en nuestro país.

El término páramos de altura se ha usado también para referirse a la vegetación que se establece por encima del límite de la vegetación arbórea. Páramo es una voz castellana que significa “llanura amesetada”. En los Andes húmedos, desde Venezuela hasta el norte de Perú se les llama así a las elevadas altiplanicies de la cordillera por encima de los bosques. Su vegetación dominante es xerófila, subarbustiva con plantas aciculifolias, escuamifolias o muy tomentosas, y son frecuentes las plantas en forma de cojín, a veces enriquecidos con formas de vida parecidos a algunos izotes ( Yucca ) que no ramifican, los llamados “frailejones” (Espeletia grandiflora , Asteraceae) plantas paquicaules con densas rosetas de hojas arregladas en espiral, que a menudo sobrepasan los dos metros. Corresponderían a los zacatonales o pastizales amacollados.

Otros nombres usados, igualmente imprecisos porque se refieren al hábitat más que a la vegetación son: vegetación de dunas costeras, vegetación de desiertos arenosos, vegetación de malpaíses. La misma observación se podría hacer para la vegetación halófila y gypsófila, en las cuales se hace alusión a la “preferencia” de las plantas por estos hábitat, pero no se menciona la comunidad vegetal, a excepción de cuando se refieren a un pastizal mediano, abierto halófilo o gipsófilo.

La correlación de las características ambientales de México con la clasificación y la nomenclatura de las comunidades vegetales se puede hacer a diferentes niveles, dependiendo de las escalas. El clima es el factor ambiental más importante, por la influencia que ejerce sobre las comunidades bióticas, especialmente la vegetación. Así, diferentes autores han dividido climáticamente el país. Segalen (1964) sugiere que el territorio nacional se encuentra localizado en la zona intertropical; Mosiño (1969) considera que la porción sur del país es tropical y la norte es subtropical; Leopold (1950) estima que la zona templada (en la que incluye las zonas áridas y semiári-das), ocupa el 70% del territorio nacional y el resto es tropical.

Entre otros factores que tienen influencia sobre la expresión de la vegetación, principalmente a nivel regional o local, destacan: el sustrato geológico, el tipo de suelo y las altas latitudes, la exposición a los rayos solares o bien la cantidad de humedad del terreno, etc. Por ejemplo, las comunidades cuya distribución actual sólo podría explicarse considerando que representen reliquias, es decir, comunidades indicadoras de una pasada condición ambiental. Tal sería el caso de los encinares que se establecen en los trópicos húmedos, en altitudes de menos de 300 m, rodeados de selvas bajas, medianas e incluso altas, desde el sudoeste de Tamaulipas hasta Oaxaca, Chiapas y Tabasco. Este tipo de vegetación ha sido entendida como remanente de una pasada condición con climas más fríos, que se dieron a bajas latitudes y altitudes durante las últimas glaciaciones.

Podemos agrupar las grandes unidades de vegetación del país en aquellas cuya expresión y distribución están determinadas mayormente por el factor clima. Así tenemos aquéllas con clima tropical y subtropical (sin heladas), y las templadas y frías (con heladas). A su vez las zonas tropicales y subtropicales, pueden diferenciarse en trópico húmedo y trópico seco. En el trópico húmedo se desarrollan las comunidades vegetales reconocidas como:

1. Selva alta, mediana y baja perennifolia

2. Selva alta y mediana subperennifolia

3. Selva baja subperennifolia

4. Selva mediana o alta subcaducifolia ( sensu Miranda y Hernández-X. 1963)

5. Selva alta o mediana perennifolia

6. Selva alta o mediana subperennifolia

7. Selva mediana caducifolia ( sensu Flores Mata et al. 1971)

8. Selva alta, mediana y baja perennifolia

9. Selva alta, mediana y baja subperennifolia

10. Selva mediana subcaducifolia

11. Selva baja subperennifolia

12. Bosque tropical perennifolio

13. Bosque tropical subcaducifolio ( sensu Rzedowski 1978)

14. Bosque mesófilo de montaña.

Las comunidades vegetales que se desarrollan en el trópico seco son:

1. Bosque caducifolio ( sensu Miranda y Hernández-X. 1963)

2. Bosque caducifolio ( sensu Flores Mata et al. 1971)

3. Bosque mesófilo de montaña

4. Bosque tropical caducifolio

5. Bosque espinoso ( sensu Rzedowski 1978).

6. Selva baja caducifolia

7. Selva baja espinosa perennifolia

8. Selva baja espinosa caducifolia

9. Selva baja espinosa

10. Matorral subtropical

11. Mezquital (según INEGI ).

Las zonas templadas y frías

Las comunidades que se desarrollan en climas templados comprenden dos grandes grupos: uno representado por aquéllas que se desarrollan bajo condiciones de aridez y el otro que se desarrolla sin problemas de aridez; según esto, las zonas templadas y frías sin problemas de aridez agruparían las siguientes comunidades vegetales:

1. Bosque caducifolio

2. Bosque de enebros

3. Bosque de oyamel

4. Bosque mixto de pino-encino ( sensu Miranda y Hernández-X. 1963).

5. Bosque de cedro y táscate ( Cupressus y Juniperus).

6. Bosque de pino

7. Bosque caducifolio

8. Bosque de encino ( sensu Flores Mata et al. 1971)

9. Bosque de coníferas

10. Bosque de Quercus (encinar)

11. Bosque mesófilo de montaña (según Rzedowski 1978).

12. Bosque de encino-pino (según INEGI ).

El otro grupo ecológico de comunidades vegetales de climas templados corresponde a las que se desarrollan bajo condiciones de aridez, y comprenden:

1. Bosque espinoso

2. Chaparral o matorral esclerófilo

3. Cardonal, tetechera, izotal, nopalera

4. Chaparral

5. Matorral espinoso con espinas laterales

6. Matorral espinoso con espinas terminales

7. Matorral alto subinerme

8. Matorral inerme o subinerme parvifolio

9. Matorral crasirrosulifolio

10. Matorral submontano

11. Matorral desértico rosetófilo

12. Matorral desértico micrófilo

13. Matorral xerófilo

14. Matorral submontano

15. Matorral espinoso tamaulipeco

16. Matorral crasicaule (nopalera, cardonal)

17. Matorral desértico micrófilo (inerme, subinerme y espinoso)

18. Matorral sarcocaule y sarcocrasicaule

19. Mezquital

20. Pastizal

21. Pastizal (según INEGI ).

22. Pastizal (según Rzedowski 1978).

23. Vegetación de páramos de altura

24. Zacatonal (según Miranda y Hernández-X. 1963)

25. Zacatal

26. Zacatonal (según Flores Mata et al. 1971)

Por otra parte, otro gran grupo de comunidades vegetales es aquél cuya expresión y distribución está determinada por las características del suelo o del sustrato geológico. Por ejemplo, Miranda y Hernán-dez-X. (1963) consideran para zonas templadas, frías y áridas, en hábitat terrestres la vegetación de desiertos arenosos, la vegetación de dunas costeras y las asociaciones de halófilas y gipsófilas y, en hábitat acuáticos el tular, el carrizal, la vegetación en galería, el manglar, el popal, el tasistal, etc.

En zonas templadas y frías, no áridas, en hábitat terrestres: el matorral de coníferas, el bosque de coníferas gipsófilos y en hábitat acuáticos o hidrófilos: el tular, el carrizal, la vegetación en galería y la vegetación flotante.

En hábitat terrestres en las zonas tropicales: los palmares, las sabanas, la vegetación de dunas costeras, etc. y en los hábitat acuáticos o hidrófilas: los manglares, los popales, los tasistales, los tintales, los canacoitales, las asociaciones de sumergidas y flotantes, entre otras.

Según Flores Mata et al . (1971) las comunidades vegetales determinadas por condiciones del suelo o sustrato y bajo un clima templado y frío, con condiciones de aridez en hábitat terrestres son: el matorral crasicaule y el pastizal halófilo y gipsófilo. Y en hábitat acuáticos o hidrófilos, el tular y el carrizal.

En zonas templadas y frías, pero no áridas en hábitats terrestres, el pastizal; en hábitat acuáticos o hidrófilos, el tular y el carrizal y en zonas tropicales en hábitat terrestres, los palmares y las sabanas y en hábitat acuáticos o hidrófilos, los manglares, los tulares y los carrizales.

Por su parte, Rzedowski (1978) separa las comunidades determinadas por el suelo o el substrato geológico o la cantidad o calidad del agua en: zonas templadas y frías, bajo condiciones de aridez, en hábitat terrestres: halófitas, pastizales halófilos, palmares; en hábitat acuáticos o hidrófilos: tulares, vegetación flotante.

El INEGI , por su parte, considera las comunidades vegetales determinadas por las condiciones del suelo o por el sustrato, bajo un clima tropical, en hábitats terrestres: los palmares, las sabanas, halófitas y vegetación de dunas costeras y en hábitat acuáticos o hidrófilos, el manglar, el popal, el tular, etc.

Bajo condiciones de aridez resulta particularmente notoria una correlación muy estrecha entre las comunidades vegetales y algunos factores ambientales, como el sustrato geológico. Tal es el caso, por ejemplo, de la casi absoluta correspondencia de los matorrales de crasirro-sulifolios espinosos y el sustrato sedimentario (calizas, lutitas), los cuales, salvo contadas excepciones, como el Valle del Mezquital, Sierra de Pachuca, cerca de Actopan donde el matorral rosetófilo de Agave y Hechtia se desarrolla sobre basaltos, o en algunas localidades aisladas de Chihuahua, Durango y Zacatecas, donde el desarrollo es sobre material ígneo. En la mayor parte de los casos se distribuye sobre roca sedimentaria, principalmente caliza y lutita, de donde deriva una de sus denominaciones: matorral rosetófilo calcícola.

Otra correlación también muy estrecha entre las comunidades vegetales y algunos factores del medio no climáticos, lo tenemos con la vegetación halófila y gipsófila.

La vegetación halófila es aquélla que se desarrolla sobre suelos salinos o salinizados, con altos contenidos de sales como el sulfato de sodio, el cloruro de sodio, el sulfato de calcio, el cloruro de potasio, etc. Esta vegetación halófila tiene dos variantes, una en la que predominan las yerbas crasas (crasifolias o crasicaules) perennes e inclusive anuales, con subfrútices y aun arbustos, y otra en la cual predominan los pastos o “zacates” (generalmente) de la familia Graminae o Poaceae. Existen claros ejemplos de estas comunidades de halófilas en cuencas endorreicas o en depósitos lacustres. Los pastizales halófilos son también frecuentes, destacando, por ejemplo, los “zacahuistales”, dominados por Spartina spartinae, los “tobosales”, dominados por el “zacate toboso”, Hilaria mutica. Otra correlación muy estrecha es la que se establece entre el hábitat que conforman las dunas costeras y ciertos grupos de plantas, como el género Uniola , de las gramíneas o especies características de estos ambientes como Ipomoea pescaprae, Croton punctatus, Scaevola plumieri, Suriana maritima, Philoxerus vermicularis , etc.

El hábitat tan selectivo de los suelos yesosos es muy característico. El yeso (sulfato de calcio hidratado) favorece el desarrollo de una flora y una vegetación muy peculiares. En el primer caso existen géneros y especies que sólo crecen sobre suelos como los mencionados, es decir, endémicos, como Nerysirenia , Flaveria , Dicranocarpus o especies restringidas a afloramientos de yeso como Frankenia gypsophila , Dalea filicifolia , Bouteloua chasei , Muhlenbergia purpusii , etc. Lo mismo sucede con la distribución en el Altiplano zacate-cano potosino y en algunas partes aisladas de Coahuila del pastizal gipsófilo de Bouteloua chasei y Muhlen-bergia purpusii.

Otros casos de esta “gipsofilia” lo podemos encontrar en los alrededores de Ciudad Fernández, en San Luis Potosí, en el camino a Cerritos. Allí podemos hallar el mezquital de Prosopis con Maytenus phyllanthoides que se establece sobre depósitos de yeso, o bien una variante de bosque de pino, en la cual el pinar de Pinus cembroides se desarrolla sobre un conglomerado de rocas ígneas y a su lado, en un afloramiento de un depósito de yeso, crece un bosque de Pinus arizonica var. stormiae, unos cinco kilómetros al sur de Puerto Pastores, en el municipio de Galeana, Nuevo León. Quizás, uno de los ejemplos más claros de esta correlación entre sustrato geológico y distribución de la vegetación se pueda observar en la región de San Roberto, Nuevo León, a unos 110 km al norte de Matehuala. Al oriente de San Roberto, a los lados de la carretera a Iturbide y Linares, en un área de unos dos o tres kilómetros y a los lados de la carretera coexisten en el afloramiento de yeso el pastizal gipsófilo de Bouteloua chasei y Frankenia gypsophila; en el suelo de aluvión se establece el matorral micrófilo subinerme de Larrea tridentata y Yucca filifera y sobre los lomeríos calizos se dispone un matorral rosetófilo espinoso con Agave lecheguilla , Hechtia glomerata y Yucca carne-rosana . Es posible encontrar una situación similar al noreste de Concepción del Oro, en el camino a Saltillo, en la desviación a Gómez Farías.

Otra correlación muy estrecha se da entre los matorrales crasicaules (nopaleras y cardonales) que en el centro-norte e incluso noroeste del país se desarrollan sobre material ígneo, tanto intrusivo como extrusivo. Una excepción es la región de Tehuacán–Cuicatlán, en donde las comunidades de crasicaules (tetecheras con Beaucarnea ) se desarrollan sobre material sedimentario (calizas y lutitas). Salvo este único caso, la relación entre los matorrales crasicaules y sus variantes (por ejemplo, matorral alto espinoso de mezquite con crasicaules), con el sustrato de origen ígneo, es evidente.

A unos 25 km al suroeste de Tula, en el estado de Tamaulipas, en la desviación a Los Gasmones, existe un claro ejemplo de la correlación sustrato geológico–suelo con la vegetación. Este sitio se localiza a sotavento de la Sierra Madre Oriental y en los lomeríos calizos de ésta. Allí se desarrolla un matorral rosetófilo de Agave lecheguilla con Hechtia glomerata y Dasylirion miquihuanense . Sobre un afloramiento de basalto, un matorral alto espinoso con crasicaules de Stenocereus griseus y Myrtillocactus geometrizans con Prosopis, y en el suelo de aluvión se desarrolla un matorral micrófilo subinerme de Larrea tridentata con Flourensia cernua .

Otro factor ambiental que se correlaciona con la distribución de la vegetación es la latitud y la orientación de las laderas de los cerros: a latitudes medias y altas los rayos del sol tienden a ser más oblicuos, de tal modo que las laderas orientadas al ecuador (en nuestro país las del sur), tienen un tiempo mayor de iluminación y calentamiento que aquéllas orientadas hacia los polos (en el caso al que nos referimos, las orientadas al norte), lo cual da como resultado que las laderas del lado sur sostienen una comunidad vegetal más xérica que las orientadas hacia el norte. Así, en la región de Perote, Veracruz, sobre las calizas, en las laderas al sur, se desarrolla una comunidad de rosetófilos espinosos con Agave y Hechtia . Y en las laderas norte, una comunidad dominada por Nolina y otros arbustos (Ramos y González-Medrano 1972).

En los valles de Jaumave y Miquihuana, en Tamaulipas, en las laderas orientadas al sur, más secas, se desarrolla un matorral rosetófilo de Agave , Dasylirion y Hechtia y en las orientadas al norte, un bosque bajo de pino piñonero de Pinus nelsonii o bien un matorral alto subinerme.

Estas correlaciones sustrato-suelo-vegetación son evidentes en zonas áridas y semiáridas, pero también se dan en el trópico. Tal es el caso, por ejemplo, del estado de Tabasco, donde bajo condiciones climáticas similares, pero en cerros calizos con suelos con drenaje rápido, se desarrolla una selva alta subcadu-cifolia, en los sitios más escarpados y hacia el piedemonte, una selva alta subperennifolia; en suelos profundos bien drenados, una selva alta peren-nifolia; en suelos mal drenados, inundados en alguna época del año podemos observar una sabana o un palmar; en suelos lateríticos, someros, con un drenaje superficial muy rápido, se desarrolla un bosque perennifolio de Quercus (encinar tropical). La selva mediana perennifolia a subperennifolia de Andira galeottiana (macayo), lo hace sobre suelos con el manto freático elevado, a veces casi superficial o bien inundables, en alguna época del año. Y los popales, comunidad vegetal dominada por Thalia geniculata, crecen sobre suelos parcial o permanentemente inundados.

3. Evaluación del uso de la información florística para la diferenciación y nominación de unidades de vegetación a nivel subregional o local

En un país como México, con tanta variabilidad ambiental y con tal biodiversidad, en donde los apoyos financieros para estudiar nuestra fauna y flora silvestres son escasos, es explicable que el conocimiento biológico del país en su conjunto, y en especial el florístico, sean un tanto limitados. Diferentes autores han estimado hasta hoy, en unas 30,000 las especies de plantas que se distribuyen a lo largo y ancho del territorio nacional.

Es cierto que algunas áreas se conocen relativamente bien, pues existen trabajos de tipo florístico regional. Tal es el caso de la parte árida de Sonora y Baja California, la Cuenca de México, la región del Bajío, la parte del Desierto chihuahuense. Para otras regiones o estados existen floras en proceso, como la de Nueva Galicia, que abarca una zona importante del occidente del país, la de Veracruz, la de Guerrero, la de la región de Tehuacán–Cuicatlán, las de Chiapas y Oaxaca. Estos esfuerzos, además de proporcionar los “listados” (listas florísticas) de regiones y estados del país, han contribuido poco a poco al conocimiento de parte de este aspecto de nuestro entorno natural.

Sin embargo, existen áreas, algunas de ellas considerables, que por las dificultades para acceder a ellas su conocimiento florístico se ha visto restringido . Tal es el caso, por ejemplo, de las partes montañosas de Guerrero, Sinaloa, Nayarit, Durango, Michoacán, Coahuila, entre otras. Por lo tanto, el uso de la información florística para la diferenciación y denominación de unidades de vegetación a nivel subregional o local es un tanto limitada. Sin embargo algunas unidades de vegetación se han podido diferenciar y nombrar con base en su composición florística, en la mayor parte de los casos a nivel “asociaciones” y en menor proporción a nivel “consociaciones”.

A. Asociaciones

Asociación, del latín, associatio , de ad , a y el verbal de socio, reunir. En sentido geobotánico, esta voz fue empleada inicialmente por Humboldt (1805) con referencia a la composición florística (es decir, sistemática de la colectividad vegetal), significado con el que fue consagrada por Flahault en el Congreso de Botánica de París en 1900 y que hoy se acepta universalmente.

La Comisión de nomenclatura del Congreso de Bruselas (1910) la definió así: “Una colectividad vegetal de composición florística determinada, unidad de condiciones estacionales y unidad fisiognómica: es la unidad fundamental de la Sinecología”. Huguet del Villar ha dado una definición pura de la Asociación como: “Una cohabitación botánica individualizada por su composición florística”. Por su parte, en el Congreso Internacional de Botánica de Amsterdam (1935) se acordó que en lo sucesivo el término Asociación sólo se emplearía para unidades definidas por la posesión de especies características y diferenciales, en el sentido de la escuela de Zurich, Montpellier, o por lo menos para unidades del mismo orden de importancia.

En México, la Comisión de estudios sobre la ecolo-gía de dioscoreas de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (1964), utilizó ampliamente la idea de Asociación para diferenciar unidades de vegetación a nivel regional. Su concepto de Asociación se definió como: “una comunidad vegetal con composición florística semejante, especialmente en su estrato dominante, y que ocupa una extensión geográfica con características ecológicas similares”. Este concepto aunque es más o menos artificial, tuvo como objetivo establecer unidades que permitieran estudiar el todo por medio de sus partes, es decir, tuvo un carácter meramente utilitario.

Rivas-Martínez et al. (1999), consideran la Asociación como la unidad básica y fundamental de la fitosociología. Es una comunidad vegetal-tipo (plant community–type ) con rasgos florísticos, biogeográ-ficos, ecológicos, sucesionales, históricos y antro-pogénicos particulares. Tiene su propio territorio ecológico y geográfico, además una combinación estadísticamente confiable de especies características y diferenciables y de bioindicadores diagnósticos. Las asociaciones las determinan a partir del estudio comparativo de censos (relevés), en los cuales la composición florística es registrada y cuantificada. Asociaciones con una composición florística similar, etapa o estado dinámico, estructura, hábitat o distribución vicariante y que pueden ser conjuntadas en tipos o unidades de “rango” mayor (alianzas, órdenes, clases, etc.).

B. Consociaciones

En México otro concepto que se ha utilizado para diferenciar unidades de vegetación a nivel regional con base en la composición florística es la Consociación, sirve para referirse a una comunidad vegetal dominada por una especie en el estrato con la forma de vida dominante. Eejmplos de consociaciones serían las siguientes: el bosque de planifolios, dominado por Abies religiosa ; el bosque de aciculifolios, dominado por Pinus hartwegii ; el pastizal mediano dominado por Bouteloua gracilis ; el pastizal halófilo dominado por Spartina spartinae , etc.

C. Formaciónes

Del latín formatio , onis , de forma; en este caso, biológica. En el campo geobotánico el término Formación lo introdujo Grisebach en 1838 con un sentido claramente fisonómico, como transformación más especializada del de forma. Hacia 1850, Kerner inició la confusión empleando la voz Formation para designar lo que hoy llamaríamos “Asociación colectiva”. Pese a ambigüedades, en el Congreso de Bruselas (1910) la Comisión de Nomenclatura, propuso definir la Formación como: “la expresión actual de determinadas condiciones de vida”, añadiendo textualmente: “se compone de Asociaciones , que se diferencian en su composición florística, pero coinciden en primer término en las condiciones estacionales y en segundo lugar en sus formas biológicas”.

D. Tipos de vegetación

Son unidades fitogeográficas muy amplias, de tipo ecológico-fisonómico. Por ejemplo, el bosque, el prado, el matorral, etc. En sentido muy amplio se ha usado como sinónimo de formación vegetal, lo cual ha creado a veces confusiones y ambigüedades.

En México, quizá el antecedente más remoto acerca del uso de la composición florística para diferenciar unidades de vegetación a nivel subregional o local, sea el trabajo geobotánico del Valle del Mezquital, Hidalgo realizado por Bravo (1937) quien, siguiendo los lineamientos marcados por Cuatrecasas y Huguet del Villar, las formas de vida (hierba, arbusto, subarbusto) y la composición florística, se toman en cuenta para definir las sinecias o comunidades vegetales, sensu lato . La composición florística, pero principalmente los dominantes por estratos, los utiliza esta autora para definir las Asocietas ( Asociaciones ) de la vegetación estudiada.

Otro trabajo llevado a cabo con lineamientos similares para definir subunidades de la vegetación usando la composición florística, es el de Rzedowski (1954), quien, después de dividir la vegetación del pedregal de San Ángel en dos tipos fisonómicos o “formaciones”, el Fruticetum y el Arboretum, dentro de ellos distingue Asociaciones siguiendo las ideas de Huguet del Villar (1929) y diferenciando dentro del Fruticetum, la Asociación: Senecietum praecocis (de Senecio praecox ) y Quercetum rugosae fruticosum ( Quercus rugosa ). Del Arboretum: Quercetum cen-tralis ( Quercus centralis ), Pinetum hartwegii ( Pinus hartwegii ), Pinetum teocote ( Pinus teocote ) y Abietum religiosae ( Abies religiosa ), entre otras.

A un nivel más amplio la información florística se ha usado para definir unidades de vegetación a nivel regional, desde un punto de vista fitogeográfico. Tal es el caso del estudio sobre la fitogeografía de la Península de Baja California, México, realizado por Peinado, Alcaraz, Delgadillo y Aguado (1994). En este trabajo hacen una propuesta de división fitogeográfica de la Península de Baja California, usando la composición florística para definir grandes unidades fitogeográficas como reinos: Holártico y Neotropical, hasta sectores fitogeográficos: Diegano, Juarezense, San Felipense, Sanlucano, etc.

Finalmente, el trabajo de Rivas Martínez (1997) hace una Sinopsis syntaxonómica de las comunidades vegetales naturales potenciales de Norteamérica, incluyendo México y Mesoamérica. Existe una propuesta más amplia hecha por Rivas Martínez et al. (1999) para la vegetación forestal templada boreal y occidental de Norteamérica, que incluye parte de nuestro país.

 

 

 

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Última Actualización: 15/11/2007