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La cuenca del río Balsas

El escenario

 

La cuenca o depresión del río Balsas se encuentra en una zona de convergencia entre las placas de Cocos y Americana, en una Costa de colisión continental, de acuerdo con la clasificación de Inman y Nordstrom (1971). Como tal, está enmarcada por dos rasgos estructurales de primer orden: una trinchera oceánica (La Trinchera mesoamericana: fosas de Petacalco y Acapulco ) y dos sistemas de cadenas montañosas continentales (La Faja volcánica trasmexicana y La Sierra Madre del Sur). Cadenas montañosas y Trinchera, hacen de esta porción del centro-sur de México un fenómeno tectónicamente activo y altamente dinámico (Lugo 1985 y 1986). La Depresión tiene unos 800 km de largo por 150-200 kilómetros de ancho en promedio. Se origina en un gran geosin-clinal, probable prolongación de la Gran Depresión del Golfo de California, que formó, tal vez en el Cretácico inferior, el canal del Balsas, cuya cuenca se extiende en la parte central, a una altura promedio de 1,000 msnm y cubre una extensión total de 117,405.6 km 2 (mapa 6, Tamayo 1949) .

Como una costa de colisión continental, la del Pacífico central y sur de México, se caracteriza por presentar una plataforma continental muy estrecha, con amplitudes promedio de 10 km y una máxima de 30 km (a la altura de Punta Maldonado) y con pen dientes que oscilan entre 0°15' y 0°30', pero que hacia el sureste, a la altura de la bahía de Petacalco, alcanza su estrechez mínima con escasos 900 m de amplitud y una pendiente de 1°25'. Un rasgo sobresaliente de esta plataforma son los cañones submarinos que se presentan en la desembocadura del río Balsas y que, como son los casos de los cañones de La Necesidad y Petacalco, intersectan totalmente el talud y arrastran sedimentos hasta las profundidades de la Trinchera mesoamericana.

Los sistemas montañosos continentales del sur de México tienen altitudes de basamento que con frecuencia exceden los 3,500 msnm a distancias relativamente cortas del litoral. Estas cadenas montañosas se encuentran disectadas por profundos cañones fluviales que desempeñan un papel de enorme importancia en los intensos procesos erosivos a los que se encuentran sometidas y en la configuración de los lomeríos, las penillanuras, las planicies acumulativas y los ambientes sedimentarios deltaicos y litorales.

Completa este escenario ambiental su zona marina. La región de la cuenca del río Balsas se encuentra bajo el influjo de la Corriente marina norecuatorial que aleja del Pacífico central las masas de agua acarreadas hasta la costa del sur de México por la Contracorriente ecuatorial, ubicándose cerca de los límites del giro anticiclónico del Pacífico norte. El principal evento fisico-químico natural del área está controlado por la emersión esta-cional (abril-mayo) de agua profunda de la fosa de Petacalco, que trae consigo elementos químicos nutrientes para el fitoplancton (nitrógeno y fósforo) y originando una amplia y total fertilización de las aguas de la región. La mayor alteración térmica anual esta dominada por la emersión primaveral de aguas frías y profundas de la Fosa de Petacalco. Esta emersión de agua profunda trae consigo un incremento notable de iones de nitrato, fosfato y silicato ( CIBNOR 1995).

La influencia de estos procesos marinos hacen que esta región, situada en la franja intertropical del planeta y en una zona de traslape de ricas provincias bióticas (la Californiana y la Panámica), sea considerada entre las veinte áreas de mayor productividad biológica del mundo y, por su riqueza y diversidad de especies, la segunda en cuanto a las especies de peces a nivel mundial, después de la región Indo-Pacífico. Por estas circunstancias, la zona marina de la región del río Balsas es considerada por las autoridades ambientales mexicanas como una región marina prioritaria ( Conabio 2000 citado en CNA 2002). En ella se han identificado 250 especies marinas y 105 especies en sus sistemas litorales.

 

Localización

 

La cuenca de drenaje del río Balsas comprende el 6% de la masa continental del territorio mexicano y abarca porciones de varias regiones eoeconómicas del Pacífico centro-occidente y centro-sur de la República, entre los paralelos 17°00' y 20°00' de latitud Norte y los meridianos 97°30' y 103°15' de longitud Oeste de Greenwich, a través de ocho estados de la República: Estado de México, Tlaxcala, Puebla, Oaxaca, Morelos, Guerrero, Michoacán y Jalisco. Incluye en su totalidad al estado de Morelos (100%) y parcialmente a los estados de Tlaxcala (75%), Puebla (55%), México (36%), Oaxaca (9%), Guerrero (63%), Michoacán (62%) y Jalisco (4%), lo que representa una superficie administrativa de 123,500 km 2 . Su superficie hidrológica total es de 117,406 km 2 , distribuida en tres subregiones: Alto Balsas 50,409 km 2 , Medio Balsas 31,951 km 2 y Bajo Balsas 35,046 km 2 . Administrativamente se encuentra constituida por 421 municipios, de los cuales 332 se localizan en el Alto Balsas, 51 en el Medio Balsas y 38 en el Bajo Balsas. La población total estimada en 1995 fue de 9.2 millones de habitantes, 65.7% era urbana y 34.3% rural. En la subregión Alto Balsas, que representa el 35% de la superficie de la cuenca, se concentra el 68% de la población (mapa 7, cuadro 9).

 

Cuadro 9. La cuenca del río Balsas: estructura administrativa y poblacional

 

Subregión

Superficie (Km 2 )

Número de Municipios

Población (hab)

 

 

 

1995

2020*

Alto Balsas

48,600

332

6,258,134

8'836,144

Medio Balsas

36,900

51

1,675,100

2'160,442

Tepalcatepec

38,000

38

1,314,621

1'508,102

Total

123,500

421

9,247,855

12'504,688

 

Fisiografía

 

La depresión del río Balsas se encuentra delimitada por dos provincias fisiográficas o morfotectónicas: la Faja volcánica transmexicana al norte y La Sierra Madre del Sur al sur; y una subprovincia geológica: la Sierra Norte de Oaxaca al oriente. Un 67.8% de la superficie de la depresión se encuentra dentro de la provincia de la Sierra Madre del Sur y el 32.2% restante se encuentra en el territorio cubierto por la Faja volcánica transme-xicana (CNA 2000: cuadro 10).

La génesis y evolución de estas morfoestructuras dieron lugar a la amplia variedad de características fisiográficas, geológicas, topográficas y climáticas que hoy integran la cuenca del río Balsas.

Las formaciones de la Faja volcánica transmexicana, integradas predominantemente por calizas, esquistos y areniscas del Cretácico inferior, estuvieron sujetas a levantamientos por plegamientos y a grandes fracturas por donde se colaron materiales ígneos, que a fines del Mesozoico y principios del Cenozoico, cubrieron una ancha faja modificando profundamente el relieve. Esta inmensa estructura fisiográfica presenta una gran continuidad orográfica, puertos muy elevados y parteaguas ininterrumpidos, lo que terminó por convertirla en un límite climático y biogeográfico para la flora y la fauna de México.

 

Cuadro 10. Provincias fisiográficas de la cuenca del río Balsas

 

PROVINCIA

Alto

Medio

Bajo

Total

 

Superficie en km 2

Faja Volcánica Transmexicana

24,405

3,687

9,698

37,790

Sierra Madre del Sur

21,808

31,398

26,409

79,615

SUMAS

46,213

35,085

36,107

117,405

Fuente: CNA 2000.

 

La provincia fisiográfica de la Sierra Madre del Sur, formada por rocas sedimentarias paleozoicas, pizarras cristalinas, intrusiones de granito y rocas ígneas del Cenozoico, como las andesitas, basaltos y riolitas de Oaxaca, y los pórfidos, basaltos, granitos, monzonitas, granodiritas, monzodiritas, dioritas y gravas de Michoacán. A principios del Cenozoico esta estructura fisiográfica sufrió levantamientos: la intensa actividad volcánica cenozoica cerró cauces, detuvo cursos de aguas y terminó por formar un auténtico mar interior en la depresión. Durante este periodo, el gigantesco vaso lacustre se vio afectado por nuevos movimientos orogénicos que dieron lugar a fractura-mientos o líneas de debilidad sobre la Sierra Madre del Sur, que permitieron al agua abrirse paso hacia el mar a través de cascadas monumentales, cañones estrechos y escalonados, como los de El Infiernillo, y formar el delta (Paucic 1980, Tamayo 1949 y 1958).

Este marco estructural creó, con el transcurrir del tiempo geológico, una auténtica multitud de islas y penínsulas ecológicas, en sus numerosas cumbres, laderas, cañadas, valles aislados, que hicieron de la cuenca del río Balsas un notable centro secundario de radiación evolutiva de varios linajes neotropicales de la flora mesoamericana.

 

El ciclo del agua

 

Más que cualquier otro factor es el clima el que determina las variaciones y la intensidad de los procesos físicos, químicos y biológicos que controlan al ecosistema fluvial. El propio régimen de descarga del río Balsas depende fundamentalmente de los procesos climáticos que se llevan a cabo en la cuenca de drenaje. Los flujos en el valle aluvial dependen enteramente de la precipitación y el volumen de agua disponible, esto es, de las diferencias entre la precipitación y la evapotranspiración.

El régimen de flujos tiene su origen principalmente en las características y el volumen de la precipitación sobre la cuenca fluvial. La proporción de la lluvia que llega a los canales del sistema fluvial depende, a su vez, del tipo de terrenos y de la cubierta vegetal de la propia cuenca.

De acuerdo con datos de la CNA , el volumen de precipitación anual en la cuenca del río Balsas alcanza los 108,370 Mm 3 , con una lluvia media anual de 927 mm, que oscila entre 873 mm en el Bajo Balsas y 1,019 mm en el Medio Balsas. La mayor precipitación en la Sierra Madre del Sur, en Oaxaca y Guerrero, con 2,000 mm, y la menor en el valle de Apatzingán, en la Tierra Caliente michoacana, con 600 mm. La evaporación media anual alcanza los 1,750 mm. Las lluvias se concentran en el periodo comprendido entre junio y septiembre (cuadro 11, mapa 8).

El clima predominante de la región es de tipo semicálido y subhúmedo con temperatura media anual de 22°C. El cuadro 12 y el mapa 9 presentan un resumen de los principales tipos climáticos prevalescientes en la cuenca.

 

Las aguas azules del río Balsas

 

El río Balsas es la cuenca hidrológica más importante de la vertiente del Pacífico mexicano. Su disponibilidad total anual de aguas superficiales se estima en 24,484 Mm 3 de escurrimientos vírgenes y retornos. Constituidos por 6,851 Mm 3 escurridos del Alto Balsas, 7,463 Mm 3 del Medio Balsas y 9,959 Mm 3 del Bajo Balsas, más un volumen de retornos estimado en 211 Mm 3.

La cuenca del río Balsas se divide en tres subregiones hidrológicas principales: cuenca de los ríos Atoyac y Mixteco o del Alto Balsas, que se subdivide en siete subcuencas: las Cerradas orientales, Alto Atoyac, Bajo Atoyac, Nexapa, Amacuzac, Tlapaneco y Mixteco, cuenca del río Cutzamala y del Medio Balsas y cuenca del Bajo Balsas, que se subdivide, a su vez, en cinco subcuencas: Tepalcatepec, Cerrada Paracho-Nahuatzen, Cupa-titzio, Tacámbaro y Bajo Balsas. En estas subregiones, se distinguen diez corrientes principales que aportan el mayor volumen de sus escurrimientos totales (mapa 10).

La subregión del Alto Balsas, cubre una área de cuenca de 50,408.7 km 2 . Abarca parte de los estados de Tlaxcala, Puebla, Morelos, Oaxaca y Guerrero. El río Atoyac está formado por varios escurrimientos que provienen de la vertiente sur de la Faja volcánica transmexicana y que descienden del volcán Iztaccíhuatl, desde altitudes de 4,000 msnm, entre los estados centrales de México y Puebla. Recibe por su margen izquierda las aguas del río Mixteco y la confluencia de ambos crean el río Balsas. A partir de esta unión, el río Balsas recibe a lo largo de su recorrido los nombres de Poblano, Grande, Mezcala y Balsas.

 

Cuadro 11. La cuenca del río Balsas: principales características climáticas

 SUBREGIóN

 

área

(km2)

volumen de

precipitación

(mm3)

precipitación media anual

(mm)

PRECIPITACIÓN

MÍNIMA

ANUAL (mm)

PRECIPITACIÓN

MÁXIMA

ANUAL (mm)

temperatura

media (°c)

Evaporación anual

(mm)

evaporación en

almacenamientos

(Mm3/año)

Alto Balsas

50,409

45,217

897

499

1,647

18 a 20

1,716

406

Medio Balsas

31,951

32,558

1,019

479

1,619

20 a 22

1,646

669

Bajo Balsas

35,046

30,595

873

450

1,390

24 a 26

1,922

5,879

TOTAL

117,406

108,370

927

 

 

 

 

 

Fuente: CNA,2000.

 

 

Cuadro 12. Los climas predominantes en la cuenca del río Balsas

CLIMA

BAJO BALSAS

MEDIO BALSAS

ALTO BALSAS

 

SEMICÁLIDO SUBHÚMEDO

CÁLIDO SUBHÚMEDO

TEMPLADO SUBHÚMEDO

TEMPERATURA MEDIA ANUAL

Entre 12 y 18° C

> 22° C

> 18° C

LLUVIAS DOMINANTES

En Verano

En Verano

En Verano

(Verano cálido)

PORCENTAJE DE LLUVIA INVERNAL

< 5%

Extremoso

< 5%

Extremoso

< 5%

OSCILACIÓN ANUAL EN LA TEMPERATURA MEDIA MENSUAL

Entre 7 y 14° C

Entre 7 Y 14° C

Entre 5 y 7° C

CLIMA TIPO

(A) c (wo) (w) a (e)g

Awo (w) (e)g

Ganges Cw2 (w)big

 

 

El río Mixteco tiene sus orígenes en la vertiente occidental de la Sierra de Oaxaca, en la Mixteca, 25 km al sur-suroeste del poblado de Santa María La Asunción Tlaxiaco, Oaxaca, donde se forma con las aportaciones de los ríos Tlaxiaco y Mixtepec y más adelante con las del río Salado, considerado en esta parte como el colector general. Aguas abajo de la confluencia del Atoyac y el Mixteco, el Balsas recibe por su margen derecha las aguas del río Nexapa. Este es otro de los formadores primarios del río Balsas, que nace de los escurrimientos que descienden del volcán Popocatépetl a una altitud de 5,400 msnm. Nueve kilómetros antes de su confluencia con el río Balsas, sobre su margen izquierda, recibe las aguas del río Tlapaneco, uno de los de mayor caudal del Alto Balsas.

El río Tlapaneco se origina en la unión de dos corrientes: el Coicoyán o Salado que desciende de elevaciones de 1,750 msnm de la Sierra de Coicoyán en el estado de Oaxaca y el río Atencochayota, que desciende de elevaciones de 1,600 msnm de la Sierra de Malinaltepec en el estado de Guerrero.

El Medio Balsas se inicia a una altura de 500 msnm. Aguas abajo de la confluencia del río Amacuzac. Cubre una área de cuenca de 31,951 km 2 . En este tramo de su recorrido, el Balsas recibe las descargas del río Tepecoacuilco por su margen derecha. Entre cañones, sigue su curso durante unos 20 km hasta que, por su lado derecho, confluyen las aguas del río Cocula o Iguala. Después de recorrer unos 60 km, recibe por la izquierda las aguas del río Huautla o Tetela. Y 60 km aguas abajo, por su margen derecha lo alimenta el río Poliuta. Varios ríos de pequeñas dimensiones incrementan su flujo por la margen izquierda: Ajuchitlán, Amuco y Cuirio, que descienden por los flancos de la Sierra Madre del Sur desde elevaciones de 3, 000 a 3,500 msnm.

Unos kilómetros aguas abajo recibe por su derecha las corrientes del río Cutzamala. Este es uno de los más importantes aportadores del río Balsas en este tramo de su cuenca. A lo largo de sus 260 km de recorrido recibe varios nombres: Taximaroa, Turundeo, Río Grande, Tuxpan, Zitácuaro y, finalmente, Cutzamala. En su confluencia con el río Balsas, cerca de Ciudad Altamirano, en el estado de Guerrero, el río ya ha descendido hasta los 250 msnm. Hasta la estación hidrométrica La Caimanera, cubre una área de cuenca de 31,950.7 km 2 y recibe volúmenes medios anuales de 8,497 Mm 3.

El Bajo Balsas comprende el último tramo hasta la desembocadura en el océano Pacífico y cubre los últimos 35,046 km 2 del área de cuenca del río Balsas. Después de un recorrido de unos 40 km, y a alturas de entre 250 y 200 msnm, el Balsas recibe por su margen izquierdo las aguas del río del Oro, y por su margen derecho las de los ríos San Lucas, Huetamo y Tacámbaro.

La corriente principal formadora del río Tacámbaro se origina en las estribaciones del Eje volcánico transmexicano, a partir de las corrientes perennes que descienden desde alturas de 3,000 msnm, de los cerros Turicato, Taretio y El Perdido, que se sitúan a unos 40 km al suroeste de Morelia, Michoacán.

Unos kilómetros más adelante de la confluencia del río Tacámbaro, el Balsas se encañona y toma una dirección sur-norte, para luego dar un viraje hacia el oeste, lo que creó las condiciones favorables para la construcción de la presa El Infiernillo. En este punto, a 176 msnm, que corresponde al nivel máximo de embalse del vaso de almacenamiento de la gigantesca presa, la obra hidráulica inunda una área de 400 km 2 , almacena unos 12,000 millones de m 3 de las aguas y retiene unos cinco millones de m 3 de sedimentos del Balsas.

En el vaso de la presa descargan hoy varios antiguos ríos, riachuelos y arroyos como El Salitre, La Palma, La Virgen, el río San Antonio, el Pinzadarán y, especialmente, el importante río Tepalcatepec.

Este último se origina en el cerro de la Tinaja y tiene como principal formador al río Quitupan que nace a 2,000 msnm a 9.5 km al sur-suroeste del poblado de Cojumatlán de Regules, Mich. Una vez en terreno del estado de Michoacán, el río Tepalcatepec penetra en una zona en donde efectúa una serie de inflexiones y cambia de rumbo hacia el sureste. Aguas abajo recibe por la margen derecha al río Chila y por la izquierda al río Cancita. Más abajo recibe por su margen izquierda las aportaciones del río Cupatitzio-El Marqués. Finalmente toma un rumbo hacia el sur y confluye al río Balsas por la margen derecha de éste, efectuándose dicha confluencia dentro del vaso de la presa El Infiernillo.

El río Cupatitzio es la principal corriente formadora del río El Marqués y sus orígenes se efectúan al nor-noroeste de la ciudad de Uruapan, Michoacán, por la cual cruza más adelante, en el cerro del Pario, a una altitud de 2,750 msnm.

Unos 28 km aguas abajo de la cortina de la presa El Infiernillo, el río Balsas recibe por su margen derecha al río de Las Juntas y 17 km después, se localiza el sitio donde se construyó la presa derivadora José Ma. Morelos o La Villita. Dos kilómetros aguas abajo de la cortina, el río Balsas se bifurca dando lugar a la zona del delta.

La región del río Balsas cuenta con 40 acuíferos identificados: 16 en el Alto Balsas; 9 en el Medio Balsas y 15 en el Bajo Balsas, que cubren una área total de 53,219 km 2 y permiten la recarga de 3,435.21 Mm 3.

 

El agua verde: las zonas de almacenamiento y producción de energía

 

La vegetación de la cuenca montañosa del río Balsas constituye una de las más ricas reservas de bosques y selvas tropicales subhúmedas de México. Su función en el mantenimiento de los servicios ecológicos de los ecosistemas de la cuenca es irreemplazable. Este tesoro biótico es el producto de interacciones entre factores biofísicos, hidrológicos, biológicos y antropogénicos. Su alta diversidad, su riqueza de especies, su enorme biomasa y su complejidad estructural se encuentran estrechamente ligadas a la heterogeneidad de las condiciones que ofrecen los frágiles suelos y los microclimas de la cuenca.

Hoy se opera una profunda transformación en el manto vegetal de la cuenca. Bosques y selvas han sufrido procesos acelerados de destrucción por actividades humanas ligadas a los aprovechamientos forestales irracionales, los incendios inducidos, los cambios de uso en favor de actividades agrícolas y ganaderas de baja productividad e, incluso, la siembra de estupefacientes. De acuerdo con cifras de Semarnat - INEGI , en sólo 15 años (entre 1980 y 1996) las selvas en buen estado de conservación vieron reducidas su extensión de 960,340 ha a sólo 291,000 ha. Y los bosques con vegetación secundaria, esto es, perturbados, aumentaron de 932,558 a 1,610,408 ha, lo que da una idea del ritmo de destrucción de estas masas forestales.

 

Los bosques y las selvas

 

Enmarcada entre las provincias florísticas de las Serranías meridionales según Rzedowszki, la depresión del río Balsas, especialmente sus flancos de la Faja volcánica transmexicana, la Sierra Madre del Sur y la Sierra Norte de Oaxaca, se consideran florísticamente como una de las regiones biológicamente más ricas del mundo. Estas provincias han jugado un papel fundamental en la historia evolutiva de diversos linajes vegetales asentados en el territorio mexicano desde épocas tan remotas como los principios del periodo Cretácico, a finales de la era Mesozoica, hace 70 u 80 millones de años (Challenger 1998).

 

 

Los bosques de pino y encino

 

Las Serranías meridionales que bordean la depresión del río Balsas forman parte del centro primario mundial de diversidad de los pinos ( Pinus spp.) y del centro primario de diversidad del Hemisferio occidental de los encinos ( Quercus spp.). La Faja volcánica transmexicana y la Sierra Madre del Sur han jugado un papel fundamental en la historia evolutiva de ambos géneros. La enorme variedad de microhábitat de estas cadenas montañosas ha permitido la radiación adaptativa de numerosas especies (Challenger 1998).

La diversidad de pinos y encinos de esta zona ecológica alcanza en efecto niveles sorprendentes. De las 450 especies de encinos que se estima existen en el mundo, en esta zona crecen, por lo menos, de 135 a 173, esto es, del 30% al 38% (Nixon 1998). De las 173 especies de encinos identificadas en México, 115 son endémicas. La diversidad de los pinos mexicanos llega a 49 especies, la mayoría de ellas endémicas, lo que representa aproximadamente 50% de la diversidad mundial de este género. Por ello, México ha sido reconocido como uno de los mayores centros mundiales de diversidad de estos generos, característicos de los bosques templados de la cuenca del río Balsas (Styles 1998, Challenger 1998).

El endemismo de los bosques de pino y encino es también excepcional: las especies endémicas equivalen al 70% de la flora de esta zona ecológica (Rzedowski 1986).

Los bosques de pino y encino albergan más del 10% de las especies de la familia Asteraceae conocidas en el mundo, de las cuales más del 60% son endémicas. La región más importante de diversidad de estas especies es el centro-sur de México, especialmente la Sierra Madre del Sur (con unas 356 especies endémicas) y la Faja volcánica transmexicana (con unas 377 especies endémicas) (Turner y Nesom 1998). De las 312 especies de Salvia (más del 35% de todas las especies de este género en el mundo), cuya mayoría crece en el hábitat del bosque de pino y encino, 270 especies son endémicas (alrededor del 86%). Otra familia, la Agavaceae, especialmente el género Agave, alcanza su máxima diversidad en México y en el mundo, en la Faja volcánica transmexicana.

La cuenca del río Balsas es además el área de mayor concentración de especies del género Bursera dentro del territorio mexicano. De este género americano se han identificado cerca de 70-80 especies, de las cuales 51 se encuentran en México; de éstas, unas 34 habitan las diversas regiones del río Balsas, siendo 21 exclusivas de la misma (Miranda 1947, Rzedowski 1986). Este espectacular centro de diversificación presenta patrones de distribución no homogéneos al interior de esta depresión. Existen claramente tres áreas geográficas de distribución dentro de la depresión del río Balsas: la depresión Oriental, la depresión Occidental y los bordes de la depresión (Toledo 1982).

Los bosques de pino y encino albergan igualmente una diversidad de vertebrados endémicos más rica que la de cualquier otro ecosistema terrestre de México (Flores-Villela y Gerez 1994). Estos autores han logrado identificar casi 200 especies en cada uno de estos tipos de bosques.

Los bosques de pino y encino de la Faja volcánica transmexi-cana, de la Sierra Madre del Sur y de la Sierra Norte de Oaxaca, constituyen también el habitat preferido de una parte sustancial de los mamíferos de México y de la más alta diversidad de reptiles y anfibios entre todos los tipos de vegetación de México (Toledo 1988, Flores-Villela 1998).

El endemismo de las aves terrestres mexicanas también es muy alto en estas cadenas montañosas de la depresión del Balsas. Los bosques de pino y encino de la Faja volcánica transmexi-cana, la Sierra Madre del Sur de Guerrero y la Sierra Norte de Oaxaca son el hábitat de 43 especies identificadas.

 

Las selvas tropicales subhúmedas

 

Las selvas tropicales subhúmedas de la cuenca del Balsas forman parte de los más extensos ecosistemas forestales tropicales de México y constituyen la vegetación de dosel cerrado más septentrional del continente americano. Una alta proporción de estas selvas integran el manto vegetal que cubre las laderas y serranías de la cuenca del río Balsas, especialmente en su flanco del Eje neovolcánico transmexicano y la Sierra Madre del Sur.

Las selvas tropicales subhúmedas de la depresión del Balsas crecen sobre sustratos volcánicos y rocas metamórficas de sus serranías. La acción combinada de la fuerte radiación solar, la precipitación escasa y la poca capacidad de los suelos para retener la humedad, por lo general poco profundos y rocosos, a lo que hay que agregar una temporada prolongada de sequía de alrededor de ocho meses del año, hace que estas comunidades se encuentren sometidas a un profundo estrés hídrico. La naturaleza abrupta del relieve, con inclinaciones y orientaciones diferentes, hace que los presupuestos hidrológicos de estas comunidades varíen de un tramo al otro. Las tormentas a las que se encuentran sometidas con frecuencia y los aguaceros intensos en cortos períodos, vuelven a estas selvas altamente sensibles a procesos erosivos.

Las selvas subhúmedas de la cuenca del río Balsas se incluyen en el mapa de las diez regiones con mayor diversidad de aves endémicas del mundo, y sus selvas medianas subcaducifolias constituyen partes del hábitat más rico en cuanto a diversidad de aves de México, con 240 especies registradas. Para finalizar hay que enfatizar que estas selvas subhúmedas son el hábitat preferido de 724 especies (29%) de los vertebrados terrestres de México, entre los cuales se encuentran 233 especies endémicas (Flores Villela y Gerez 1994).

 

 

Las zonas de depositación y almacenamiento: el delta del río Balsas

 

El delta

 

El delta del río Balsas comprende los 13 últimos km del sistema fluvial en su curso hacia el mar y es uno de las raros ejemplos en el mundo, y único caso en México, enmarcado por rasgos estructurales que caracterizan a las costas de colisión continental, lo que determina su estructura y configuración en terrazas aluviales, planicies costeras y amplios abanicos aluviales, así como la dinámica de los grandes procesos naturales que controlan su comportamiento. Es el área de mayor importancia como zona de depositación y almacenamiento de los flujos de sedimentos, minerales y materia orgánica de la cuenca. Su importancia ecológica es por ello crucial. De la magnitud y de la calidad de estos depósitos depende por entero la función ecológica del sistema fluvial como mecanismo de producción, transporte y depositación de nutrientes y minerales hacia la zona costera y el mar.

El delta tiene una forma triangular con una base de 13 km, una altura de nueve km y una superficie aproximada de 60 km 2 , según estimaciones de Gutiérrez-Estrada (1971). Su porción subaérea presenta una topografía llana, con pendientes suaves hacia el sur, pequeñas ondulaciones, islas (La Palma, El Cayacal, Enmedio y Burras), esteros y canales que migran notablemente y que presentan, por ello, numerosos indicios de meandros abandonados. Hacia el litoral se forman numerosos esteros y lagunas, rodeados de manglares. Su porción submarina presenta rasgos extremadamente notables caracterizados por la existencia de una serie de cañones submarinos entre los que sobresalen los de El Manglito, La Necesidad, Gasolino y Petacalco, situados frente a las distintas desembocaduras que ha adoptado el río en sus descargas hacia el mar.

La economía ecológica del delta está determinada por la influencia de tres procesos naturales mayores: las descargas de aguas dulces del río Balsas, las aguas profundas de los cañones submarinos situados frente a la desembocadura y las aguas ecuatoriales superficiales, que controlan el enriquecimiento de la biomasa del área y, al final, su riqueza íctica ( CIBNOR 1995). La emersión estacional (abril-mayo) de las aguas profundas del Ca ñón de Petacalco, arrastra nutrientes (nitrógeno y fósforo), fertiliza las aguas de la desembocadura y favorece la producción primaria y secundaria del delta y, al límite, hace posible la presencia de un mayor número de organismos en la red trófica superior al extender el dominio marino en el estuario. Las descargas de agua dulce del Balsas permiten una marcada estratificación salina de las aguas superficiales y realizan aportaciones importantes de sílice, fósforo y nitratos, que enriquecen las aguas litorales muchos km más allá de la desembocadura. Finalmente, la presencia en los meses invernales de las aguas ecuatoriales superficiales, ricas también en nutrientes (especialmente fósforo inorgánico) permiten un incremento notable de la biomasa que sostiene a una rica pirámide trófica. Estas tres influencias naturales mayores dotan al delta de un delicado equilibrio fisicoquímico y biológico del que depende directamente su alto potencial de recursos biológicos.

El delta es, en suma, un sistema abierto, dominado y subsidiado por procesos físicos y químicos de sus sistemas adyacentes: el fluvial y la zona costera-marina. Está determinado, además, por intensos intercambios bióticos y abióticos con las unidades ambientales que integran el gran sistema ecológico del río Balsas y su zona costera-marina. Y, finalmente, su gran riqueza y diversidad biológicas están íntimamente vinculadas con su capacidad para permitir la incursión de una variedad de organismos marinos, estuarinos y dulceacuícolas, que lo utilizan como área de reproducción, alimentación, crecimiento y refugio, además de servir de hábitat, permanente o temporal (sitio de invernación, estación de tránsito o cuartel migratorio) para una notable diversidad de especies de la fauna silvestre, acuática y terrestre.

La riqueza ictiológica del Delta ha sido documentada por diferentes investigaciones realizadas en el área. Los trabajos de Fuentes y Gaspar (1994) y del CIBNOR (1995), refieren 47 especies como componentes de la ictiofauna de la desembocadura: nueve pertenecientes a ambientes dulceacuícolas, cuatro al estuarino y 34 al marino. El CIBNOR registra 36 especies, durante sus muestreos de febrero de 1992 a enero de 1993 y de febrero de 1993 a mayo de 1994, en el brazo izquierdo (San Francisco), 14 del componente estuarino: jaiba ( Callinectes toxotes) , langostino ( Macrobrachium americanum , Macrobrachium tenellum, Macrobrachium digesti, Macrobrachium sp., Palaemon sp.), robalo ( Centropomus medius, Centropomus nigrescens, Centropomus robalito), lisa/lebrancha (Mugil curema, Mugil cephalus,), (Dormitator maculatus) y la sardinita ( Lile gracilis); diez del componente marino: (Ocypode sp.), mojarra (Diapterus brevirostris, Diapterus peruviana, Eucinos-tomus argenteus, Eucinostomus californiensis), (Chaenomugil proboscideus) pargo amarillo (Lujanus argentiventris), (Gobiomorus maculatus), lenguado (Syacium latifrons), el cuatete ( Ariopsis guatemalensis), (Eleotris picta), (Awaous transandeanus); 12 del componente dulceacuícola: el caracol (Gastropodo C.), el langostino (Macrobrachium diguetti), (Astynax fasciatus), (Poecilia sphenops) (Poecilia mexicana), (Poeciliopsis balsas), (Poeciliopsis starksii) (Poeciliopsis sp.), tilapia (Oreochromis mossambicus, Oreochromis aurea, Agonostomus monticola, Atherina pana-mensis y Atherinella guatemalensis) .

Entre las especies reportadas de anfibios y reptiles destacan ocho especies que se encuentran en algunos de los siguientes estatus de protección, de acuerdo con la NOM -059- ECOL -2001: la rana ( Rana forreri ), especie rara; la iguana verde ( Iguana iguana), en peligro de extinción, abundante en la zona del manglar del estero El Gasolino; el garrobo ( Ctenosaura pectinata ), amenazada, es una especie endémica mexicana, de abundacia relativa en los esteros de El Gasolino y Boca de Burras; la tortuga golfina ( Lepidochelys olivacea ) en peligro de extinción, en la zona de playa adyacente al estero El Gasolino, que se considera como área de anidación; el cuije de cola azul (C nemidophorus lineatti- ssimus lividus ), rara, aunque es el reptil más abundante de la costa michoacana; el cuije de cola roja ( Cnemidophorus comunis comunis ) rara; el cocodrilo ( Crocodylus acutus ) rara, con una población importante en el Gasolino y la boa ( Boa constrictor imperator ), amenazada por la excesiva explotación para aprovechar su piel.

La avifauna reportada para el delta se ha visto reducida como se desprende de los siguientes informes: 253 especies mencionadas por Villaseñor (1988), 175 especies por el IPN (1991) y 75 por CAI (1996). En el estero El Gasolino, CAI reportó siete especies bajo estatus de protección, según la norma antes referida: la cigüeña ( Mycteria americana ), amenazada; la cerceta ( Anas discors ), sujeta a protección especial; el pato ( Aythya affinis) , considerado como de protección especial; el halcón ( Accipiter striatus velox ) considerada como amenazado; el gavilán selvático ( Micrastur semitorquatus naso ), identificado como especie rara; el tecolotito ( Glaucidium brasilianum ridgwayi ) especie clasificada como amenazada; y el paseriforme migratorio ( Seiurus noveboracensis notabilis) considerado como especie rara.

El listado de mamíferos reportados por CAI (1996) es de 21 especies para El Gasolino y de ocho para Boca de Burras. Sólo una especie cae bajo el estatus de protección, según la NOM -059- ECOL -2001: el jaguarundi ( Felis yagouaroundi tolteca).

 

Los usos de las aguas verdes y azules del Balsas

 

Los bosques de coníferas cubren todavía la mayoría del manto vegetal de la cuenca del río Balsas. De acuerdo con la información proporcionada por la Semarnat (ver cuadro 13), estos bosques ocupaban hacia 1996 una superficie estimada en 2,897,426.45 ha, a lo que habría que agregar otra extensión calculada en 1,610,408.98 ha de bosques con vegetación secundaria. De acuerdo con esta misma fuente, hacia 1996 las selvas tropicales primarias de la cuenca se habían reducido, a sólo 291,355.14 ha. El grueso de las selvas existentes en el área (1,125, 388.54 ha) fueron clasificadas como selvas con vegetación secundaria. Junto con la agricultura de temporal, los pastizales inducidos y cultivados y la agricultura de riego, bosques y selvas constituyeron el 94% de los usos del suelo de la cuenca, distribuidos del modo siguiente: 51% de bosques y selvas, 24% para agricultura de temporal, 11% de pastizales inducidos y cultivados y 8% para agricultura de riego (cuadro 13).

Estas cifras, sin embargo, no pueden ocultar la realidad de la profunda transformación que se está operando en la cubierta vegetal de la cuenca. Bosques y selvas, especialmente estas últimas, han sufrido un proceso acelerado de perturbación que se refleja en la drámatica expansión de las superficies clasificadas como ocupadas por bosques y selvas con vegetación secundaria, lo que resulta más evidente cuando se examina lo acontecido durante los últimos 15 años (1980-1996), vistos a partir de las estimaciones resultantes del cuadro 13. Lo que estas cifras muestran es que en sólo tres lustros, 960,340 ha de selvas en buen estado de conservación se vieron reducidas a sólo 291,355 ha. En el mismo lapso se experimentó un incremento de 646,744 ha de bosques con vegetación secundaria. Ambas cifras muestran, aunque de un modo indirecto, los altos grados de perturbación experimentados por ambas comunidades vegetales, las mayores fuentes de nutrientes y minerales de la cuenca, durante este breve periodo.

De las disponibilidades totales de aguas superficiales, estimadas en 24,484 Mm 3 , se extraen o derivan para diferentes usos 7,210 Mm 3 /año de los cauces, vasos y embalses, que se consideran los usos consuntivos de las aguas superficiales. A este total habrá que agregar los volúmenes que se evaporan, estimados en 1,189 Mm 3 y los 629 Mm 3 que se exportan a otras cuencas (472 através del sistema Cutzamala y 158 al distrito de riego del Alto Atoyac), para dar un total de 9,028 Mm 3, lo que genera un excedente bruto anual del orden de los 15,456 Mm 3 . De este excedente se destinan a usos no consuntivos 12,669 Mm 3 para la producción de energía en las plantas hidroeléctricas de El Infiernillo y La Villita, lo que reduce la disponibilidad en términos reales a sólo 2,757 Mm 3 (cuadro 14).

 

Cuadro 13. La cuenca del río balsas: uso del suelo y vegetación entre 1980 y 1996

Clases

Sup. 1980 (ha)

SUP 1996 (Ha)

Diferencia (Ha)

Porcentaje

Tasa anual de cambio (ha)

Pastizal natural

31,160.82

0.00

-31,160.00

-100.00

-1,947.55

Selvas

960,340.51

291,355.14

-668,985.37

-69.66

-41,811.59

Agricultura de riego

1,697,313.84

932,355.74

-764,958.10

-45.07

-47,809.88

Matorral con vegetación secundaria

217,836.81

135,772.22

-82,064.59

-37.67

-5,129.04

Pastizal inducido y cultivado

1,397,743.73

1,324,813.62

-72,930.11

-5.22

-4,558.13

Bosques

2,744,796.47

2,897,426.45

152,629.99

5.56

9,539.37

Agricultura de temporal

2,661,211.14

2,871,903.85

210,692.71

7.92

35,115.45

Selva con vegetación secundaria

932,558.99

1,125,388.54

192,859.59

20.68

12,053.72

Bosque con vegetación secundaria

963,664.37

1,610,408.98

646,744.61

67.11

40,421.54

Cuerpos de agua

59,558.99

197,501.29

137,942.29

231.61

8,621.39

Matorrales

12,820.00

205,299.04

192,479.09

1,501.40

12,029.94

Otros tipos de vegetación

34,120.16

131,617.25

97,497.09

285.75

6,093.57

Otros usos

27,404.19

16,657.88

-10,746.32

-39.21

-671.64

Superficie Total

11,740,500.00

11,740,500.00

 

 

 

Fuente: Inventario Nacional de Suelos-SEMARNAT 2000, a partir de las cartas de Uso del Suelo y Vegetación del INEGI.

 

La generación de energía es el principal uso productivo del agua superficial en la cuenca del río Balsas. Los volúmenes comprometidos para este uso imponen severas restricciones a los otros aprovechamientos. A primera vista, el balance hidrológico de las aguas superficiales de la cuenca presenta un alto potencial no explotado. Pero esta imagen es engañosa. Porque si bien los volúmenes brutos disponibles son altos (15,456 Mm 3 /año), después de descontados sus usos consuntivos y los volúmenes evaporados y exportados a otras regiones, cuando se introduce en el balance los montos comprometidos para la generación de energía, la situación cambia de un modo notable. Lo que sucede se puede observar visualmente en los mapas 11 y 12, que presentan el balance de aguas superficiales antes y después de la generación de energía. En el mapa 11 la situación es la de un sistema hidrológico con disponibilidades y en equilibrio, en la mayoría de sus cauces. Sólo el Alto Atoyac (1) y El Cutzamala (15), presentan situaciones deficitarias.

Cuando se descuentan los volúmenes comprometidos para la generación de energía (12,699 Mm 3 /año), la situación es distinta ya que la mayoría de los tributarios, especialmente en las cuencas alta y media, presentan déficit y prácticamente sólo los ríos de la cuenca baja muestran estados de equilibrio y disponibilidades, como puede observarse en el mapa 12. Dado que el uso para la generación de hidroelectricidad es prioritario y es considerado como no consuntivo, la CFE retorna los volúmenes utilizados, los que pudieran considerarse como disponibles. Sólo que precisa mente el área hacia la que se regresa esta agua, presenta los más bajos niveles de consumo. Ni su población ni sus actividades productivas requieren de estos grandes volúmenes, los que finalmente son arrojados al mar.

 

Cuadro 14. La cuenca del Balsas: centrales hidroeléctricas en operación

 

Central

Potencia

Instalada

(MW)

Factor

Planta

(%)

Energía

Generable

(Gwh/año)

Carga

Disponible

(m)

Dotación

de agua

(m³/kWh)

Volumen

de agua

(Mm³)

Evaporación

media anual

(mm)

MEDIO BALSAS

903

 

2,758

 

8.42

7,904

 

Caracol

594

28.6%

1,486

91.90

4.13

6,144

2,651

Tingambato

135

47.3%

559

380.00

1.22

681

2,018

Ixtapantongo

106

41.4%

384

262.40

1.27

487

2,018

Sta. Bárbara

68

55.2%

329

262.40

1.80

592

2,018

BAJO BALSAS

1,427

 

4,807

 

24.10

30,104

 

Infiernillo

1,000

34.6%

3,032

110.00

4.95

15,000

2,482

La Villita

300

42.9%

1,128

44.00

12.70

14,329

1,779

Cupatitzio

73

66.6%

426

332.00

1.00

428

973

Cobano

52

46.3%

211

332.00

1.45

307

2,142

Texolo

2

71.3%

10

133.60

4.00

40

1,215

SUMA

2,330

 

7,565

 

32.52

38,008

 

Fuente: Diagnóstico Hidráulico de la Región IV Balsas; 1977-1999.

 

 

Dos cuestiones se derivan de esta situación. En primer lugar, se encuentra el hecho de la inflexibilidad de los volúmenes comprometidos . Si se quiere conservar la generación de energía a iguales montos que los actuales, deberán mantenerse invariables los volúmenes para este uso. Pero si se quiere incrementar las aportaciones del río Balsas a la satisfacción de las necesidades futuras de la sociedad mexicana, entonces se requerirá de volúmenes adicionales que tendrán que provenir de las precarias disponibilidades para otros usos. En segundo lugar, la magnitud de los volúmenes comprometidos para la generación de energía tiene profundas consecuencias a nivel de las subregiones de la cuenca. Las disponibilidades sin considerar la generación de energía para el Alto y el Medio Balsas son de 3,743 y 9,093 Mm 3 /año, respectivamente. Al tomar en cuenta la generación de energía esta disponibilidad se reduce a 511 y 1,371 Mm 3 , en tanto que la disponibilidad del Bajo Balsas antes de la generación de energía, es de 15,426 Mm 3 la que, después de sus usos para la generación de energía, se ve reducida a solamente 2,757 Mm 3 . Las disponibilidades relativas del Tepalcatepec, el Cupatitzio, el Tacámbaro y el propio Bajo Balsas, presentan en estas circunstancias, equilibrios muy precarios.

La potencia instalada en conjunto del Medio y el Bajo Balsas es de 2,330 MW, de los cuales 1,300 corresponden al sistema El Infiernillo-La Villita. Los montos generados abastecen las necesidades del complejo portuario-industrial de Ciudad Lázaro Cárdenas y parte de las del centro y occidente del país. Lo que vuelve estratégico los volúmenes generados en la región.

La producción agrícola en la cuenca consume 7,909.72 Mm 3 de agua al año, de los cuales 5,961 Mm 3 son superficiales y 1,948.72 Mm 3 son subterráneas. Esta agua es abastecida mediante una infraestructura de presas y obras de alumbramiento (pozos); 25 presas constituyen la infraestructura hidráulica básica de la cuenca: cuatro en el Alto Balsas; 12 en el Medio Balsas y nueve en el Bajo Balsas. Estas obras abastecen a nueve distritos de riego: 16 de Morelos, 30 de Valsequillo, 45 de Tuxpan, 56 de Atoyac-Zahuapan, 57 de Amuco-Cutzamala, 68 de Tepecoacuilco, 97 de Lázaro Cárdenas, 98 de José Ma. Morelos y 99 de Quitupan. En total representan 174,089 ha regadas (cuadro 15). A esta infraestructura se agregan 10,970 pozos, distribuidos en sus tres subcuencas del modo siguiente: 8,691 en el Alto Balsas, 272 en el Medio Balsas y 2,007 en el Bajo Balsas.

Una gran cantidad de problemas se presentan en torno a estas presas e infraestructura de riego. En primer lugar, la mayoría de estas obras ha rebasado su vida útil o se encuentra a punto de hacerlo. Sus potenciales de almacenamiento se encuentran bastante deteriorados debido a que sus capacidades de diseños para azolves se han visto superadas. Son los casos muy notables de las presas Pucuato (54 años de servicio y 100% de azolve), Sabaneta (51 años de servicio y 96% de azolve), Del Bosque (49 años de servicio y 92% de azolve). En segundo lugar, sus distritos de riego presentan altos índices de ineficiencia en sus sistemas de conducción y distribución del agua y en sus tecnologías de riego: prevalecen métodos obsoletos de aplicación por gravedad que, sin controles adecuados, producen grandes desperdicios, propician la sobreirrigación de cultivos y requieren de costosos insumos de energía, lo que coloca sus índices de eficiencia total entre 50% y 37%. En tercer lugar, el mal manejo de los distritos de riego ha propiciado el incremento de algunos problemas críticos como los de la sobreexplotación de los acuíferos, la salinización de los suelos y el anegamiento y la contaminación de los mantos freáticos por el excesivo usos de agroquímicos.

 

Cuadro 15. La cuenca del Balsas: características generales de los distritos de riego

 No.

Distrito

Estado

SUPERFICIE

 EFICIENCIA

 

 

 

 

DOMINADA

 

REGABLE

 

 

REGADA

 

POR

GRAVEDAD

 

ALTO BALSAS

 

 

 

 

 

56

Atoyac-Zahuapan

Tlax.

6,004

4,284

4,267

43.8

30

Valsequillo

Pue.

34,704

33,820

20,303

55.3

16

Edo. de Morelos

Mor.

40,200

35,181

38,853

51.2

 

MEDIO BALSAS

 

 

 

 

 

57

Amuco-Cutzamala

Gro.

30,129

25,871

12,153

37.0

68

Tepecoacuilco-Quechultenango

 

Gro.

 

7,108

 

2,522

 

1,590

 

58.4

45

Tuxpan

Mich.

19,108

19,184

19,830

70.0

 

BAJO BALSAS

 

 

 

 

 

97

Lázaro Cárdenas

Mich.

108,691

45,752

65,963

 

98

José Ma. Morelos

Mich.

15,000

8,500

5,018

 

99

Quitupan

Mich.

6,112

6,112

6,112

 

 

Total Región

 

267,056

181,226

174,089

 

Fuente: CNA: Diagnóstico Hidráulico de la Región IV Balsas; 1977-1999- Subgerencia de Operación,GRB;2000

 

Diseñados originalmente para satisfacer las necesidades internas de alimentos básicos, los distritos de riego cambiaron en el transcurso del tiempo sus patrones de cultivo en favor de la producción de materias primas agroindustriales (caña de azúcar, sorgo, ajonjolí, etc.) cultivos perennes (limón, mango y otros frutales) y hacia los cultivos de exportación (hortalizas). Los cam bios en la legislación agraria, el escaso o nulo financiamiento a los cultivos básicos, la débil organización de los pequeños productores (siempre dependientes de los apoyos y subsidios gubernamentales), han permitido la venta de tierras y derechos a los grandes productores y a los consorcios privados, únicos beneficiarios de los actuales procesos de la transferencia de los distritos de riego a los usuarios y de la apertura de la economía hacia los mercados globales.

Sin embargo, los más graves problemas en términos ecológicos son los cambios a los regímenes de flujo y de sedimentación del río Balsas, que las presas trajeron consigo. Tales cambios constituyen sin duda el problema ecológico más severo de la cuenca debido a la alteración de la evolución natural del sistema hidrológico que estas obras han significado. Al inicio de las obras, el río aportaba unos 39 X 10 6 m 3 de sedimentos al año, según los datos de la antigua SARH (1970). Cuando, en 1968, se dieron por concluidas las presas El Infiernillo y La Villlita, el régimen hidráulico se volvió artificial, con gastos máximos y medios controlados y el río dejó de aportar sedimentos de granos gruesos al delta (Gutiérrez-Estrada 1990).

Desde un punto vista geomorfológico, es posible diferenciar claramente dos etapas en la evolución natural de la cuenca y su delta a partir de la construcción de las grandes presas: una fase constructiva de carácter progradante, dominada por los acarreos fluviales, anterior a las obras de infraestructura; y una fase regresiva, posterior a las obras de ingeniería, controlada predominantemente por eventos marinos y caracterizada por intensos y dramáticos procesos erosivos, tanto en la porción subaérea del delta como en su parte submarina.

Los desequilibrios del sistema fluvial se reflejaron en todos los ambientes ecológicos críticos del sistema hidrológico, pero especialmente en su delta, porque a las alteraciones ocasionadas por las presas se añadieron las derivadas de las obras de construcción y mantenimiento de su complejo portuario, que modificaron radicalmente el estuario. Entre ellas se pueden mencionar la modificación del sistema de islas y canales del delta, con obras como la del relleno del brazo de liga y el taponamiento de la boca de Burras; cambios en la morfología de los brazos, que perdieron sus características meándricas por las obras de rectificación de sus márgenes, lo que se tradujo en el acortamiento de su longitud, bruscamente en el caso del brazo izquierdo, que perdió unos tres kilómetros a partir del impacto provocado por las obras en cuestión; la migración de la playa tierra adentro, con un retroceso promedio de 13 metros al año entre 1958 y 1979; la erosión del frente deltaico subaéreo, especialmente a la altura de la isla del Cayacal, pues la supresión de aporte de sedimentos motivó la transformación, por fricción, del frente litoral debido a la energía del oleaje, lo que generó el transporte de altos volúmenes de sedimentos por las corrientes litorales, principalmente hacia el este, esto es, hacia la bahía de Petacalco.

En cuanto a los balances geohidrológicos de aguas subterráneas, ellos muestran también una disponibilidad limitada y escasas reservas, que presentan a futuro serias restricciones para satisfacer sus diferentes usos. De la recarga de 3,435.21 Mm 3 de sus 40 acuíferos se extraen 2,712.32 Mm 3 a través de 10,970 pozos distribuidos en las tres subcuencas, lo que da una diferencia bruta entre recarga y extracción de 722.89 Mm 3 . Pero por regiones la situación muestra considerables diferencias. El Alto Balsas presenta un ritmo de extracción que corresponde al 95% de su recarga renovable, lo que plantea serios límites a sus disponibilidades futuras. El Bajo Balsas tiene un nivel de extracción de sus recursos del 66% y sólo el Medio Balsas muestra un menor índice de explotación que corresponde al 14% de su recarga (cuadro 16). A ello hay que agregar otros problemas críticos: el elevado número de pozos clandestinos, los conflictos por el uso agrícola y urbano-industrial, la sobreexplotación de los acuíferos y la contaminación por el excesivo y no controlado empleo de sustancias tóxicas.

 

Cuadro 16. Cuenca del río Balsas: Resumen del balance hidráulico (volúmenes en Mm 3 /año)

SUBREGIÓN

AGUAS SUPERFICIALES

AGUAS SUBTERRÁNEAS

Suma Disponibilidad

 

Escurrimiento

Extracciones-UC

Disponibilidad

Recarga

Extracción

Disponibilidad

 

Alto Balsas

6851

2599

494

2,369

2,287

82

576

Medio Balsas

7463

1061

869

572

82

490

1359

Bajo Balsas

9959

3550

1,395

494

343

15 1

1546

Sumas

24,273

7,210*

2757

3,435

2,712

723

3481

Fuente: Subgerencia Técnica GRB- GASIR; 2000.

*Sólo se refiere a las extracciones para usos consuntivos a los que hay que agregar los no consuntivos, las pérdidas por evaporaciones y las exportaciones para obtener las disponilidades efectivas de la columna siguiente.

 

Para el abastecimiento de agua potable a las poblaciones de la cuenca se utilizan aproximadamente 664.81 Mm 3 anuales, considerados como uso público urbano. Los requerimientos excesivos para satisfacer las necesidades siempre crecientes de las poblaciones urbanas, acentuados por el crecimiento desordenado de las ciudades grandes y medianas de la cuenca, la baja eficiencia de las redes de distribución —cuyos altos niveles de deterioro redundan en fugas estimadas en un promedio conservador de 40% de agua desperdiciada y no contabilizada— y el elevado número de tomas clandestinas conectadas a las líneas de conducción y a las redes de distribución, reducen dramáticamente los niveles de eficiencia de la oferta de agua potable para las poblaciones. Esta incapacidad del sistema hidráulico para hacer frente a las necesidades de una población que se urbaniza acelerada y anárquicamente, junto a las de una población rural que ve cada vez más lejanas sus posibilidades de acceso a servicios básicos, es manifiesta: la cobertura de agua potable sólo alcanza niveles aceptables en las grandes ciudades mientras que en las medianas y pequeñas sólo es de 62%, para las poblaciones rurales es de 48% y prácticamente nula en las miles de rancherías y pequeñas comunidades rurales dispersas en la cuenca. Esta situación es especialmente visible en la Mixteca (oaxaqueña y poblana) y en las pequeñas poblaciones morelenses, guerrerenses y michoa-canas, donde la eficiencia en la cobertura apenas alcanza entre el 20% y el 50%, en el mejor de los casos.

La región cuenta con 76 plantas de tratamiento de descargas municipales, con un gasto de diseño conjunto de 3,068.7 L/s, pero únicamente 43 se encuentran en operación, con una capacidad de tratamiento de 2,205.7 L/s. La insuficiencia de la infraestructura existente es uno de los problemas más difíciles de la cuenca, porque la mayoría de las poblaciones descargan sus residuos, sólidos y líquidos, a los ríos y otras corrientes de agua, sin ninguna clase de tratamiento.

El uso industrial emplea volúmenes de 389 Mm 3 por año. No obstante lo relativamente reducido de su demanda frente a otros usos, el sector industrial genera graves efectos sobre el agua de la cuenca. En primer lugar, porque las actividades industriales se concentran en áreas ecológicamente críticas de las cuencas alta y baja: el corredor industrial de Puebla-Tlaxcala, la ciudad industrial del Valle de Cuernavaca y la región de Lázaro Cárdenas en el delta . En segundo lugar , porque la naturaleza de sus desechos produce una amplia gama de efectos negativos sobre la calidad del agua y los ecosistemas biológicamente más productivos de la cuenca, especialmente los del delta. Plaguicidas organoclorados e hidrocarburos aromáticos polícíclicos ya han sido detectados en áreas críticas de la desembocadura y el litoral costero. De acuerdo con el Inventario nacional de plantas de tratamiento de aguas residuales industriales, existen en la región 90 plantas de tratamiento Primario, 89 en el Alto Balsas y una en el Balsas Medio, con un gasto de operación de 549.99 L/s; 124 plantas de tratamiento secundario, 122 en el Alto Balsas, una en el Balsas Medio y otra en el Bajo Balsas, con un gasto de operación de 953.27 L/s y sólo 17 plantas de tratamiento terciario, 16 en el Alto Balsas y una en el Medio Balsas, con un gasto de operación de 48 L/s. No se cuenta con datos precisos sobre la eficiencia en el funcionamiento de tales plantas, pero sí es visible la insuficiencia de la infraestructura actual.

Un uso especialmente importante de las aguas almacenadas en las presas ha sido el de la acuacultura. En algunos casos, como los de las presas de El Infiernillo y La Villita en el Bajo Balsas, se emprendieron grandes programas de cultivo mediante la introducción de especies exóticas como la tilapia y la carpa. Al inicio de estos programas la siembra de millones de semillas de tilapia produjeron resultados espectaculares y la región llegó a considerarse una de las más importantes entre las que practicaban las pesquerías de aguas interiores, no solamente en México sino en Latinoamérica. El mal manejo y la falta de control sobre las especies introducidas, la falta de apoyos técnicos a los pescadores, la ejecución de programas gubernamentales inadecuados e impulsados por factores políticos, el crecimiento exponencial de la población de pescadores, la pesca ilegal y clandestina, el uso de redes y técnicas prohibidas y el control absoluto de los mecanismos de comercialización por un número reducido de acaparadores, no sólo redujeron de un modo drástico los volúmenes de producción en unos cuantos años sino que han sumido al grueso de la población de pescadores en un círculo infranqueable de explotación, pobreza y abandono. Se perdió así, una posibilidad directamente ligada al mejoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones locales y de la situación alimentaria de la población regional.

Otro uso crítico de las aguas de la cuenca es el que se refiere a los volúmenes exportados, 629 Mm 3 al año, especialmente los que se destinan a abastecer las necesidades de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (472 Mm 3 ) a través del sistema de bombeo del río Cutzamala. Este sistema está integrado por seis plantas con un total de 35 bombas, 29 de ellas con capacidad unitaria de cuatro m 3 /s y las otras seis de 1.7 m 3 /s cada una. Utiliza las aguas de las presas Villa Victoria, Valle de Bravo, El Bosque, Tuxpan, Ixtapan del Oro, Colorines y Chilesdo, con una capacidad global de 841 Mm 3 . Los problemas en torno a estas exportaciones plantean a futuro delicados conflictos interregio-nales entre usuarios.

 

Los problemas de la calidad

 

Si la disponibilidad efectiva de los recursos acuáticos resulta un problema crítico en la cuenca del Balsas, otra cuestión igualmente crucial es la de la calidad de estos recursos. Las descargas de aguas residuales (domésticas, industriales y de retornos agrícolas) y la disposición de desechos sólidos y peligrosos, constituyen problemas de vastas dimensiones ambientales, económicas y sociales en la cuenca.

De acuerdo con los criterios de calidad de la CNA , el panorama que ofrece el río Balsas es el de un sistema ecológico con severos problemas de contaminación, donde prácticamente ninguno de sus principales afluentes alcanzan el nivel de excelencia, que pudiera hacerlo apto para todos los usos y aceptable para la vida acuática. Lo que es más: un alto porcentaje de sus ríos acusan un franco y sostenido proceso de degradación. En el Alto Balsas, de sus 18 cuerpos de agua principales, 12 (66.7%) presentan niveles altísimos de degradación que oscilan entre el ICA de diez (San Francisco) a 47 (Apatlaco). En el Medio Balsas la situación todavía es peor: de sus 10 cuerpos de agua principales nueve (90%) presentan un estado sistemático de degradación y el único cuerpo (la presa Vicente Guerrero) que tiene el ICA más alto (66) ha pasado de un estado altamente contaminado a “sólo” contaminado. Y la situación llega a situaciones límites en el Bajo Balsas, allí prácticamente todos sus cuerpos de agua principales (100%) presentan, sin excepción, muy altos y persistentes tendencias al deterioro, con ICA que oscilan entre 58 y 40 puntos. Esto significa que la calidad del agua de estos ríos se oscila entre niveles que los hacen inaceptables para cualquier uso, sea abastecimiento público, recreación general, pesca y vida acuática, industrial o agrícola, hasta niveles de aceptables sólo con tratamientos mayores para el abastecimiento público y los usos industriales y agrícolas. Son cañerías sólo aptas para la navegación en determinados tramos.

Esta situación se agrava durante el estiaje, especialmente en los ríos del Alto Balsas, cuando los ríos y cuerpos de agua transportan prácticamente sólo aguas residuales. Entonces, presas como las de Valsequillo se convierten en almacenes de aguas con una altísima concentración de contaminates. Sólo las lluvias contribuyen a “mejorar” esta situación, restituyendo las aguas del Alto Balsas a niveles de “sólo” fuertemente contaminadas .

A principios de los años 1990, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente ( Profepa ), el máximo organismo fiscalizador del gobierno mexicano, presentó un diagnóstico desolador de la situación del área del delta del río Balsas: los niveles de coliformes fecales en todas las estaciones muestreadas estuvieron por encima de las normas establecidas para aguas sanas, tanto en épocas de estiaje como en lluvia. Las pruebas de toxicidad de sedimentos revelaron niveles extremadamente tóxicos en estaciones próximas a las plantas industriales y los análisis de bioconcentración de metales tóxicos y plaguicidas detectaron la presencia de estas sustancias en las principales especies acuáticas de interés alimenticio y comercial ( Profepa - SISSA 1994).

 

Agua y sociedad

 

Según las estimaciones del Consejo Nacional de Población ( Conapo) en CNA (2000), la cuenca del río Balsas tenía en 1995 una población de 9,247,855 habitantes (10% de la población del país), la cual era predominantemente urbana (67%). Regionalmente, el 68% se concentraba en el Alto Balsas. La densidad de la población ascendía a 70 hab./km 2 , superior a la media nacional que era sólo de 45 hab./km 2 . Vista por regiones la concentración es todavía más impresionante en la cuenca alta: allí la densidad es de 129 hab./km 2 , tres veces mayor a la media nacional. Según las proyecciones de Conapo , hacia el año 2025 la población de la cuenca alcanzará los 13 millones de habitantes y su urbanización se mantendrán a ritmos similares a los que ha experimentado en los últimos años.

Existen en la cuenca 17 centros urbanos con más de 50,000 hab. Los más importantes por su población son: Puebla, Pue., con 1,160,000 habitantes; Cuernavaca, Mor., con 320,000 hab.; Uruapan, Mich., con 220,000 hab., Cuautla, Mor. 130,000 hab.; Chilpancingo, Gro., con 125,000 hab. y Tlaxcala, Tlax., con 36,500 hab. En estas ciudades se concentra el 32% de la población de la cuenca. Otro 35% vive en ciudades medias, con poblaciones menores a los 50 mil hab. y mayores a 2,500.

El 33% de la población vive dispersa en comunidades rurales menores de 2,500 hab. Las más alejadas han logrado sobrevivir poniendo en práctica algunas estrategias de manejo de los recur sos que le proporcionan los bosques y las selvas subhúmedas de su entorno, como la domesticación de plantas y árboles frutales, los conocimientos etnobotánicos y de medicina tradicional, la recolección de leña y prácticas agrícolas como las terrazas, el policultivo y las microparcelas. Los indígenas nahuas de Puebla y Guerrero obtienen más del 50% de sus plantas alimenticias no domesticadas a partir de especies originarias de las selvas subhúmedas. Los indígenas oaxaqueños y guerrerenses de la Mixteca obtienen las proteínas que requieren de una amplia variedad de insectos comestibles. Los sistemas tradicionales de cultivo, como la roza-tumba-quema, previenen la erosión hídrica y la pérdida de nutrientes arando las tierras con el método de curvas de nivel, al establecer cercas vivas y franjas de protección, quemar sólo la vegetación presente en la capa superficial del suelo, permitir que las raíces profundas mantengan una reserva de materia orgánica y definir períodos prolongados de barbecho.

Sin embargo, hay que decir que estas prácticas están cambiado rápidamente bajo la presión de las circunstancias impuestas por la pobreza, el abandono y las lógicas productivas de las actividades forestales y agropecuarias modernas. Las técnicas tradicionales de conservación de suelos, agua y el manto vegetal exigen de períodos prolongados y de montos de trabajo que resultan impracticables frente a las presiones impuestas por las nececesi-dades de sobrevivir y los atractivos de los beneficios económicos inmediatos. La introducción de la ganadería de bovinos, la conversión de tierras de cultivo alimenticios y áreas boscosas en pastizales y zonas de cultivos comerciales, han impuesto su lógica económica en contra de la conservación de los recursos naturales. La transformación de selvas y bosques subhúmedos primarios en bosques y selvas secundarios avanza a velocidades vertiginosas en la cuenca del Balsas.

Donde el clima es marcadamente estacional y la topografía plana, menos del 10% del área de la cuenca, se practica una agricultura comercial de riego, establecida muchas veces a costa de la desaparición de grandes porciones de selvas tropicales espinosas. Sistemáticamente, los granos básicos han ocupado una proporción menor de estas áreas para dar lugar a cultivos comerciales, preferentemente de exportación. Las infraestructuras obsoletas, los desperdicios de agua, las extracciones clandestinas, la sobreexplotación y la contaminación de los mantos acuíferos caracterizan hoy a esta agricultura. Los conflictos entre usuarios al interior de las áreas de riego y las disputas entre agricultores, industriales y poblaciones urbanas son frecuentes, especialmente en el Alto Balsas, donde la sobreexplotación ha llegado a límites críticos, como en los casos del Alto Atoyac, Libres Oriental, Valle de Tecamachalco y Tepalcingo-Axochiapan.

En 1995, el PIB de la región constituyó el 6.9% del total nacional. Esta modesta aportación le representó al sector primario el 12%, al secundario el 29% y al terciario el 59%.

 

 

 

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Última Actualización: 15/11/2007