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Aprovechamiento: impacto y sustentabilidad

 

Alberto Aldama

 

Definiciones preliminares

 

Aprovechamiento : El proceso mediante el cual se enajena una parte del conjunto de recursos naturales para beneficio de un sector de la sociedad.

Aprovechamiento sustentable (AS): Aquel aprovechamiento en el que el proceso de enajenación (extracción, transformación, o valoración) de una parte de los recursos naturales permite, posibilita o directamente promueve la recuperación de ésta, de modo que garantiza la renovación y permanencia en el largo plazo, o su resarcimiento, de los componentes enajenados.

Aprovechamiento sustentable (según la LGEEPA) 1 (ASL): La utilización de los elementos naturales, en forma que se respete la integridad funcional y las capacidades de carga de los ecosistemas de los que forman parte dichos recursos, por períodos indefinidos.

Sustentabilidad fuerte (estricta): Atributo de los procesos de AS en los cuales se promueve directamente la recuperación de la parte del conjunto de recursos naturales enajenada y que implica en el mismo proceso dicha recuperación en los plazos corto o mediano.

Sustentabilidad débil (amplia): Atributo de los procesos de AS en los que indirectamente se promueve la recuperación de la parte del conjunto de recursos naturales enajenada, o que implica en el mismo proceso, o al final de éste, el resarcimiento a la sociedad de tal enajenación, en el largo plazo.

Aprovechamiento sustentable extractivo : Aquél que implica la remoción física, del medio natural, de una parte del conjunto de los recursos naturales, ya sea en materia y energía, o en procesos o ciclos en los que estén involucrados los componentes de materia y energía.

Aprovechamiento sustentable no extractivo : Aquél que implica solamente la enajenación de componentes energéticos o de información y que, sin extracción de materia del medio natural, permite que lo que ha sido enajenado sea efectiva e inmediatamente recuperado en los plazos corto o mediano.

Perturbación : El conjunto de efectos acumulados en el medio natural, debidos a la interferencia humana sobre elementos de los ecosistemas [la biosfera], que se manifiestan en cambios en los patrones, los procesos, los ciclos, las tasas de cambio, las cantidades, las proporciones, o la producción de los componentes de los ecosistemas.

Impacto : Medida, tasa, índice, estimador o indicador que se conviene en utilizar para la cuantificación de las perturbaciones.

Aprovechamiento de gran impacto (GI): Aquél cuyo proceso implica perturbaciones considerables al medio natural.

Aprovechamiento de bajo impacto (BI): Aquél cuyo proceso implica perturbaciones mínimas al medio natural.

Aprovechamiento de nulo impacto (NI): Aquél cuyo proceso no implica perturbaciones apreciables al medio natural

Impactos o perturbaciones implicados en el aprovechamiento : La elección [adopción, convención, consenso] del indicador de impacto –ya sea éste provisionalmente adoptado- para el establecimiento de los umbrales entre nulo, bajo y gran impacto, debe necesariamente estar relacionado de manera directa con (o tomar en cuenta a) los límites de viabilidad (fragilidad, vulnerabilidad, resistencia, resiliencia) de los ecosistemas sobre los cuales se desea estimar la perturbación provocada por determinada actividad humana. En el caso de los componentes estrictamente de vida silvestre, tales límites deben referirse necesariamente a las tasas de crecimiento y de recuperación de las poblaciones involucradas, de manera que los valores umbrales e intervalos establecidos para las gradaciones de los impactos puedan situarse en conjuntos de valores estrictamente menores que aquéllos que garantizan de manera mínima la sustentabilidad de los aprovechamientos.

Las actividades implicadas en los procesos de nulo impacto, ante incrementos en cantidad, frecuencia o intensidad, pueden derivar en procesos de bajo impacto; del mismo modo, las actividades implicadas en los procesos de bajo impacto, ante incrementos en cantidad, frecuencia o intensidad, pueden derivar en procesos de gran impacto y, en esta dirección, tener implicaciones extractivas –aunque dicha extracción no fuere parte estricta de lo enajenado por el agente del aprovechamiento–, e incluso derivar en aprovechamiento no sustentable debido a ello. Esto es, ante la experiencia de los efectos cualitativos causados por cambios cuantitativos acumulados, puede establecerse la siguiente gradación de los tipos de aprovechamiento:

 

NI Æ BI Æ GI Æ NS (no sustentable) Æ : incrementos en cantidad, frecuencia o intensidad

Ejemplo: la observación de ballenas

 

La observación de ballenas es un ejemplo claro e ilustrativo de un aprovechamiento sustentable no extractivo de bajo impacto; en sus extremos podría convertirse, de un lado, en aprovechamiento de nulo impacto y, del otro, en aprovechamiento de gran impacto e incluso seguir el camino a convertirse en un proceso no sustentable ante incrementos sucesivos de cantidad, frecuencia o intensidad de las actividades que lo componen. Expliquemos.

La observación de ballenas en México es una actividad que se desarrolla mediante el uso de embarcaciones en las cuales los observadores se transportan (o se hacen transportar) trasladándose a las zonas marítimas que constituyen el hábitat –temporal o permanente– de algunas poblaciones de ballenas 2 con el fin de establecer contacto visual –y a veces físico– con los ejemplares de dichas poblaciones. Las iniciativas de regulación de esta actividad en México actualmente establecen especificaciones claras y normas técnicas y de conducta, tanto para los pilotos de las embarcaciones cuanto para los pasajeros, así como limitaciones estrictas en cuanto a las zonas permitidas de observación, los tiempos de permanencia y los números máximos de embarcaciones que desempeñan simultáneamente la actividad en dichas zonas, la temporada permitida y a otras características dependientes de los sitios y las especies involucradas. De este modo, el desarrollo de la actividad por agentes especializados (prestadores del servicio) que se hacen contratar por los turistas para ser trasladados a las zonas donde están las ballenas y disfrutar del espectáculo de su presencia cercana, es considerado un aprovechamiento sustentable de bajo impacto.

En el extremo inferior de la consideración de las perturbaciones causadas –o los impactos–, es claro que si las actividades de observación de ballenas se limitaran a la observación desde lejos –digamos en tierra–, mediante el uso de instrumentos ópticos (binoculares, por ejemplo) y bajo la precaución de que los turistas no arrojen basura ni contaminen de manera alguna las costas, las playas o el mar, la observación de ballenas, como tal, debería ser considerada como un aprovechamiento sustentable de nulo impacto.

Por el otro lado, si no existiesen los límites y la normatividad establecidos por las autoridades en la materia, muy probablemente el incremento incontrolado del número de embarcaciones –tanto de otros particulares cuanto de prestadores del servicio–, de los tiempos de permanencia, del ruido subacuático producido, así como la también probable aparición cada vez más frecuente de conductas perturbadoras o contaminantes del medio acuático, devendrían en una fuerte perturbación a las actividades de apareamiento, parición, crianza y otras que naturalmente desempeñan estos animales dentro de sus ciclos biológicos. Esto necesariamente conllevaría una alteración notable del modo y cantidad en que estas poblaciones de cetáceos aparecen o viven en los mares mexicanos. En este punto, el proceso aún podría ser considerado sustentable, pero de gran impacto.

Es claro que un incremento explosivo de la actividad podría incluso derivar en la desaparición o disminución de las visitas de estas poblaciones a nuestros mares, convirtiéndose en la práctica en un aprovechamiento con características similares al extractivo –por la disminución del número de individuos derivado de la interrupción de los apareamientos o de la crianza– y, al final, incluso convertirse en no sustentable cuando estos procesos acabaran con las poblaciones migrantes arribadoras o el desplazamiento de las residentes.

­­Otro ejemplo, que de momento se antoja hipotético por la escasa frecuencia y el estrecho grupo social que lo realiza actualmente en México, es el de la observación de aves. El beneficio derivado de permitir el acceso a un bosque privado –incluyendo la eventual renta de binoculares o equipo, la venta de comida y refrescos, la prestación del servicio de guías especializados– con el fin de que los turistas observen pájaros allí, de manera clara e inmediata se concibe como aprovechamiento sustentable de nulo impacto. 3

No hace falta exagerar posibles –y también hipotéticos– escenarios ante los cuales esta noble actividad pudiera alcanzar categorías de bajo impacto o gran impacto; un aumento expansivo del número de turistas, una carencia de control sobre sus conductas perturbadoras (hacer ruido, tirar basura, o incluso cazar o provocar incendios) aunque en sí mismas no fueren directamente asociadas con la observación de aves, devendría en impactos definitivamente no nulos en cuanto al proceso completo del aprovechamiento se refiere.

Es difícil, sin embargo, establecer claramente y de manera generalizada a todos los tipos de aprovechamiento de recursos naturales –incluso estrechando la consideración a aquéllos de vida silvestre– los umbrales entre nulo y bajo impacto y entre bajo y gran impacto.

Antes de poder llevar a cabo semejante empresa de conceptualización y posterior intento de normalización, puede intentarse el acopio de información sobre criterios y experiencias que la práctica del estudio de los planes de manejo de las diferentes UMA brinde, de manera análoga a como ha venido evolucionando el proceso de clasificación, estudio, análisis y dictamen de las manifestaciones de impacto ambiental.

Esto es, en el principio del establecimiento de la exigencia de la presentación de estos estudios (manifestaciones de impacto ambiental, MIA) –y la consecuente obligatoriedad de las empresas promotoras a hacerlo– el proceso de análisis y dictamen por la autoridad en la materia se hacía por estudios de caso; era necesario revisar, corroborar, supervisar a detalle cada una de las MIA y tomar decisiones finales a partir de consideraciones particulares y en contextos únicos. En la medida en que fueron acumulándose casos similares, fue teniéndose la capacidad y experiencia en el análisis de proyectos parecidos o con los mismos fines, fue pudiéndose establecer una clasificación primaria por tipos de proyectos, fines, métodos, órdenes de magnitud, identidad de las empresas promotoras, tipos de hábitat, ecosistemas, o localidades donde se llevaría a cabo el desarrollo de los proyectos propuestos, y fue también adquiriéndose la posibilidad de generalización y la consiguiente claridad sobre la manera en que dicha generalización, jerarquización y clasificación de las MIA podría derivar en instrumentos normativos a cuyo cumplimiento se comprometiesen las empresas promotoras como alternativa a la presentación
–sujeta a análisis y dictamen– del documento de Manifestación de Impacto Ambiental.

En resumen, y aunque sólo una parte del amplio y complejo espectro en el que las MIA se sitúan ha sido objeto de esta conceptualización, lo que ahora se hace o promueve en estos casos es exigir el compromiso por el promovente del cumplimiento de dichas normas, y no la elaboración, (con la consecuente necesidad del estudio, análisis y dictamen por las autoridades) de un documento tan extenso y complejo como la MIA. Es claro, sin embargo, que la permuta de la obligatoriedad de presentación de una MIA por la del cumplimiento de una norma ambiental no exime , ni mucho menos, al promovente de llevar a cabo los exhaustivos estudios de impacto ambiental, sino tan sólo de su presentación como trámite ante las autoridades competentes; el propósito del cumplimiento de la norma obliga, sin posibilidad de relajamiento alguno en los esfuerzos para lograrlo, al estudio de los posibles escenarios ambientales en que los diferentes proyectos pueden derivar.

Recapitulando el asunto de la clasificación de aprovechamientos y de sus impactos, se propone como metodología el acopio de estudios de caso, el seguimiento sistemático de sus respectivos análisis y dictámenes, así como la revisión exhaustiva de sus consecuencias para, en un futuro mediato, adquirir la capacidad de clasificar, generalizar y establecer normatividades claramente definidas acerca de esto. La gestión de todo el SUMA debiera tomarse como la fuente idónea de todo este proceso y señalarse las metas de mediano plazo hacia el establecimiento de dicha normatividad, en paralelo a las metas de adquisición de la capacidad de análisis para la planificación estratégica de la conservación a nivel regional.

 

Adopción de conceptos

 

Para la consideración de procesos de aprovechamiento se deben adoptar las siguientes posturas conceptuales:

 

- La enajenación de una parte del conjunto de recursos naturales que específicamente no contengan elementos de vida silvestre (esto es: aire, viento, agua, 4 agua y energía gravitacional, mareas, suelo, minerales, radiación, hidrocarburos) será principalmente considerada bajo el concepto de sustentabilidad débil ; esto es, dicha sustentabilidad se basa en que el resarcimiento de la parte enajenada se efectúa de manera mediata o indirecta. (Quien contamina, paga es una manera elocuente de decir que el resarcimiento puede hasta llegar a ser monetario).

- La enajenación de partes del conjunto de los recursos naturales que específicamente contengan elementos de vida silvestre será considerada, siempre , bajo el concepto de sustentabilidad fuerte ; esto es, se basa en la garantía de la preservación a largo plazo de las entidades biológicas por encima y por debajo de la individualidad organísmica (genes, poblaciones, comunidades, especies y subespecies).

 

Con esta adopción puede intentarse un esbozo de clasificación de los aprovechamientos de vida silvestre, en función de algunas de las consideraciones vertidas arriba:

 

aprovechamiento\impacto

nulo impacto

bajo impacto

gran impacto

extractivo

se permite

y

no se sanciona

se permite

pero

se sanciona

se permite

y

se sanciona con restricciones

no extractivo

se permite

y

no se sanciona

se permite

pero

se sanciona

no se permite

 

 

De aquí puede esbozarse una primera integración entre los aprovechamientos extractivos y los no extractivos; así, los aprovechamientos de nulo impacto siempre debieran permitirse sin necesidad de autorización, mientras que los de bajo impacto se permitirían bajo esquemas de regulación con la consecuente obligatoriedad de la autorización, y los de gran impacto sólo se permitirían –sujetos a esquemas estrictos de regulación– bajo la categorización extractiva. La razón de la exclusión de los aprovechamientos no extractivos de gran impacto debe quedar muy clara: si en principio los aprovechamientos no extractivos sólo pueden enajenar elementos de energía o información, entonces la razón de gran impacto aquí sólo puede provenir de grandes perturbaciones al hábitat asociadas indirectamente con el objeto del aprovechamiento, situando en riesgo no calculado a ambos.

La lectura, el estudio, el análisis de los planes de manejo de las UMA deben atender estos intentos de clasificación y valoración y perseguir un acopio de la información pertinente en aras de lograr generalizaciones.

 

Actividades científicas

 

Éstas pueden, en un principio, clasificarse como aprovechamientos dentro de la dicotomía extractivo-no extractivo y, además, ser susceptibles de un primer intento de evaluación de impacto.

 

. el observador de aves (el colector de flores) provoca nulo impacto.

. el observador de ballenas (el capturador de aves) provoca bajo impacto.

. el marcador-recapturador de grandes mamíferos (el defaunador de islas) provoca gran impacto.

 

En función de esta incipiente objetivación, aparentemente también la actividad científica sobre elementos de vida silvestre puede considerarse como aprovechamiento sustentable sujeto a clasificación por tipo de enajenación y por nivel de impacto y, por ello, también puede considerársele susceptible de ser permitido, autorizado o expresamente prohibido de manera similar a otros aprovechamientos; los criterios para la consideración de los grados de impacto umbrales, en función y bajo la premisa de que el beneficio del proceso de enajenación llegará eventualmente a toda la humanidad (en forma de conocimiento, por ejemplo), deben resultar diferentes (¿más permisivos, menos restrictivos?) que los aplicados para otro tipo de aprovechamientos. Esto último lleva implícita una consideración del concepto débil de sustentabilidad que debe ser conscientemente asumida en la sutileza de su aplicación en un sentido positivo.

Aquí debe jugar un papel fundamental el esfuerzo de los cuerpos colegiados de científicos en aras del establecimiento de tales criterios y de su eventual expresión normativa.

 

Cuestiones jurídicas

 

Se reconoce la necesidad de enriquecer los conceptos de aprovechamiento y de sustentabilidad plasmados hoy en la LGEEPA con la discusión precedente, así como la necesidad de verter todos estos conceptos en cualquier instrumento normativo que vaya a establecerse en el futuro en materia de vida silvestre, ya sea en reformas a la Ley General de Vida Silvestre, en su Reglamento en materia de aprovechamiento, en una norma o, incluso, en un manual de procedimientos.

El ceñimiento estricto al importantísimo concepto de aprovechamiento sustentable es entonces la única fuente de inspiración para establecer consideraciones legales y normativas, por lo que el reglamento debe, y puede, establecer las «gradaciones» o niveles del concepto definido en la Ley. Esto es, una forma de no rebasar 5  el concepto de aprovechamiento sustentable establecido en la LGEEPA es el especificar en el reglamento las diferencias cuantitativas –en función del impacto– a que la aplicación del concepto en materia de vida silvestre tiene como consecuencia.

Este paso lógico (de lógica jurídica; i.e. aristotélica) se esboza como sigue:

El aprovechamiento sustentable de la vida silvestre forzosamente llama a la consideración de umbrales de presión , así sean éstos tan burdos como la obvia necesidad de la exigencia de que las tasas de aprovechamiento sean estrictamente menores a las tasas de crecimiento (o recuperación o resiliencia) de cada población objeto de aprovechamiento para que éste pueda apenas ser considerado sustentable. Las argumentaciones específicas que se deriven de este elemental hecho sólo harán poco más que dar vueltas a la necesidad de la consideración de los grados de impacto involucrados en cada tipo y expresión real y práctica del aprovechamiento sustentable.

La fortaleza de la argumentación debe en todo momento residir en la convicción de que –al menos en materia de vida silvestre– la concepción de «sustentabilidad fuerte» es la única moralmente sostenible: no deberá ser nunca aceptable que «el que extermina, paga». Ni metafórica ni accidentalmente.

Hay entonces dos bastiones desde los cuales dirigir las acciones en el escenario de la lucha por enriquecer el concepto de aprovechamiento sustentable: el ético (la exclusividad en el uso de la concepción «fuerte» de sustentabilidad) y el técnico: la existencia innegable de umbrales reales de impacto en cuanto al mismo aprovechamiento se refiere.

Se requiere la expresión práctica de una nomenclatura adecuada para la cauta introducción del concepto de impacto (especialmente si va a ser éste aplicado también a la investigación científica), así como de las categorías o «grados» en que finalmente pueda clasificarse el concepto (de impacto) aplicado al efecto secundario más importante del proceso de aprovechamiento (el impacto, la presión, la perturbación). La propuesta de estas notas (las tres categorías de impacto: nulo, bajo, grande) es sólo una pequeña apuesta para «calentar» el juego que ha de surgir (aunque la clasificación deseada –y a la que aspiraría un reglamento de la ley– no puede ser demasiado fina).

El trabajo normativo no debe detenerse por la mera perspectiva de la posibilidad formal de enriquecer en un reglamento el concepto de aprovechamiento sustentable establecido en la LGEEPA. La premura por hacer a un tiempo a los aprovechamientos accesibles hacia lo que se considera «propiedad de la nación» y establecer las debidas restricciones y controles para hacerlos compatibles –y promotores– con la conservación, necesariamente obliga a atender seriamente el asunto de las autorizaciones.

¿Es prerrogativa del trabajo normativo establecer grados o categorías semi cuantitativos a conceptos cuya aplicación concreta hace evidente el brote de aspectos fenoménicos cuantificables de modo natural?

Esto es, en materia de vida silvestre, dada la existencia del fenómeno demográfico del crecimiento, dado su carácter eminentemente cuantitativo, y dado el carácter definitivamente técnico de la normatividad, ¿no es válido establecer en normas (colecta científica, observación de ballenas, 059) dicha diferenciación para el otorgamiento de autorizaciones y no lo es la prerrogativa de la autoridad de imponer restricciones diferenciales a cada tipo de autorización derivada directamente de los tipos de aprovechamiento identificados?

Como ejercicio, vale la pena intentar introducir la categorización propuesta a los ejemplos concretos mencionados antes.

 

Colecta científica

 

Esencialmente el problema de las autorizaciones reside aquí en la aparente carencia de fundamento jurídico para establecer una diferenciación en cuanto a su otorgamiento. La propuesta de emisión de una Licencia de Colector Nacional se fundamenta –en función de los conceptos vertidos al principio– en el bajo impacto que, por un lado, representa la actividad de colecta sobre especies que no se hallan en riesgo, y por otro en el bajo impacto que resulta de la confianza en que el beneficio –en conocimiento, en acervo de técnicas– se extenderá y abarcará a un buen sector de la sociedad mexicana de manera más o menos directa en el mediano plazo, al asegurar que la investigación se hace en México, o bien por instituciones que tienen vínculos con México, o bien cuyos resultados serán eventualmente conocidos en México.

El Permiso Especial de Colecta tiene el respaldo al establecer su diferenciación también en función del concepto de «gran impacto» pues –de nuevo-, por un lado, se ejerce sobre especies listadas en alguna categoría de riesgo (a mayor riesgo, mayor impacto, ante el mismo esfuerzo de captura); por el otro, la menor posibilidad que tiene el destino final de este tipo de colecta de llegar a brindar beneficios a la sociedad mexicana en el caso de que la actividad se realice por investigadores sin vínculos estrechos con las instituciones del país ni que garantice de algún modo el acceso al material colectado o a los resultados finales de la investigación involucrada, hace que el factor de sustentabilidad se vea considerablemente puesto en duda, dado que el resarcimiento esperado tiene menores valores de esperanza.

Como se ve, es aquí usado en un sentido positivo el concepto de sustentabilidad débil, pero solamente en cuanto al establecimiento de las restricciones diferenciales correspondientes a cada tipo de autorización, y no en cuanto a la permisividad del aprovechamiento, ni del grado de impacto directo de las perturbaciones asociadas.

 

La observación de ballenas

 

El aprovechamiento involucrado en la observación de ballenas con fines recreativos por parte de prestadores de servicios –como ya lo argumenté– o con fines científicos, reúne todas las características de un aprovechamiento de bajo impacto.

Bajo las especificaciones restrictivas de carácter técnico, resulta claro que la serie de actividades que realizan o pueden realizar los prestadores del servicio, en el contexto de su cantidad, frecuencia e intensidad, resultan de bajo impacto.

Por su lado, las actividades científicas, si bien en cantidad y frecuencia prácticamente podrían considerarse de nulo impacto, su intensidad (representada por el tipo de actividades definitivamente más perturbadoras contempladas como permitidas) deriva en grados considerablemente más altos de perturbación, lo que justifica la calificación de «bajo impacto». Otro tanto sucede con las actividades de observación de ballenas con fines documentales.

Es evidente que el desempeño de la actividad por particulares no prestadores del servicio debe considerarse necesariamente de «nulo impacto», aunque sujeta a restricciones de carácter técnico para que la suma de las perturbaciones del total de observadores particulares no rebase los umbrales de esta categoría.

 

Especies en riesgo

 

Ésta es la más delicada, intrincada y compleja de las tres instancias escogidas y merecerá mayor atención y detalle en cuanto a la pertinencia de los conceptos propuestos.

Los problemas más importantes identificados a la fecha para la revisión de esta norma comienzan por dos que se rozan no sólo tangen-cialmente: el primero, el de la disyuntiva entre prohibir o permitir bajo un conjunto de complicadas condiciones el aprovechamiento de poblaciones de especies consideradas en la categoría más alta de riesgo (en peligro de extinción); el segundo consiste en la disyuntiva entre listar exhausti-vamente o no a las poblaciones –y no sólo a las especies o subespecies– en las categorías de riesgo.

La presión ejercida sobre el medio ambiente por la diversidad de actividades humanas, en el caso de aprovechamientos sobre la vida silvestre, teniendo consecuencias y efectos depauperadores sobre todas las instancias del ser biológico –esto es, sobre genes, organismos, poblaciones, comunidades, especies, ecosistemas– tiene su expresión más crítica en la entidad de la población.

La desaparición de un gen –incluso un genotipo– no conlleva necesariamente la desaparición de tipos de organismos ni la destrucción de una población, ni la desestabilización de una comunidad ni otros efectos en peldaños superiores. La desaparición de un organismo –incluso un fenotipo– no conlleva necesariamente la desaparición de poblaciones ni de peldaños superiores. Sin embargo, la desaparición de una población no sólo implica la desaparición de tipos, organismos y genes, sino que puede poner en peligro la estabilidad de comunidades y ecosistemas y compromete seriamente la vida futura de la especie a la que pertenece.

Si bien las presiones se ejercen directamente sobre los organismos, la extracción de un grupo de ellos de una población no necesariamente deriva en la desestabilización de la dinámica demográfica ni en el crecimiento –o la producción– de dicha población. Un aprovechamiento basado en la extracción de una parte de los individuos de una población es formalmente sustentable cuando las tasas de extracción son estrictamente menores a las tasas de recambio generacional de la población. Es claro que no bastan –ni son fáciles de medir– estos dos parámetros para la toma de decisiones acerca del grado de impacto ejercido y de la verosimilitud o certeza sobre los valores adecuados para la sustentabilidad y las tasas de cambio implícitas en lo que podría denominarse «grado de susten-tabilidad» (quizás en términos de resiliencia, resistencia, etc.); pero también es claro de la experiencia práctica, que existe una relativamente amplia franja de valores de «cosecha» (tasas de aprovechamiento) entre los cuales la garantía de permanencia de la población en el largo plazo es compatible con el beneficio económico derivado directamente de la extracción.

Por otro lado, la concepción de que las especies son el objeto de las presiones es errónea por razones estrictamente ecológicas. La entidad que en realidad vive y se desarrolla en el medio natural es la población en su hábitat, no la especie que, incluyendo al conjunto de genes, genotipos, organismos, fenotipos, ecotipos y poblaciones, resulta concebida a partir de planos teóricos de realidad distintos y que tienen una perspectiva temporal de mucha mayor escala, como lo es la Teoría de la evolución. La atención más fina que requiere el devenir del fenómeno ecológico implica una estructuración de dinámicas que sólo en su expresión integral sirven para modelar el desarrollo de la especie, pero cuya expresión práctica en el estudio y el discurso ecológico, desmenuzada en tiempos de sólo unas cuantas generaciones, da resultados muchas veces irrelevantes para las cuestiones evolutivas.

Además, se añade el hecho de que la categorización que incluye los diversos grados de riesgo en que las entidades biológicas son consideradas, implica la necesaria toma de conciencia y el establecimiento de medidas y acciones encaminadas directa y específicamente para su protección y preservación, lo que a su vez implica que tales medidas y acciones deben tener por metas, entre otras, detener, aminorar y atenuar las presiones identificadas –las de índole antropogénica, principalmente– como agentes de la degradación, fragmentación y destrucción del hábitat y de la muerte y dispersión, o desestabilización y extinción de organismos y poblaciones, respectivamente.

Esto es, las medidas de protección deben ser dirigidas a conjuntos reales de organismos vivos aquí y ahora, en hábitat determinados –y no necesariamente a un conjunto mucho más amplio y estructurado con bases mucho más diversas que las meramente ecológicas– y que son las únicas sobre las cuales pueden tomarse dichas medidas y acciones; esto es así no sólo porque los tiempos humanos 6 sean aún más cortos que los ecológicos, sino porque es en el escenario ecológico estricto –el de las poblaciones en sus hábitat– donde de manera exclusiva pueden tener efectos previsibles y cuantificables tales medidas y acciones.

No se abordará el problema práctico de la elaboración, estructuración, evaluación, seguimiento y actualización de los listados; baste concluir aquí que las poblaciones en sus hábitat son las entidades más importantes de todo el amplio discurso de la conservación.

Las categorías a las que parecen convergir la gran mayoría de las propuestas en relación con esta norma son tres: en peligro de extinción, amenazadas, y sujetas a protección especial; es absoluto consenso que este orden tiene una altísima correlación directa con las cantidades, frecuencias e intensidades –relativas– de las presiones a que han sido sometidas las especies silvestres mexicanas en lo que va del siglo. La posible ponderación debida a cuestiones y correlatos de tamaños (corporal y de número de individuos de las poblaciones involucradas) y otros aspectos biológicos intrínsecos, así como a los escenarios socio económicos donde se han dado las presiones, no puede en ningún caso poner en duda que, a mayor grado estimado de riesgo, corresponde directamente una presión de impacto mayor.

Si la categorización en grados de impacto de los aprovechamientos sustentables sobre especies que no se hallan expresamente en riesgo ha sido establecida aquí sobre la base de que la garantía de sustentabilidad [fuerte] se encuentra en los nulo y bajo impactos, y de que el gran impacto debe ser cuidadosa, sistemática y periódicamente evaluado y revisado en términos de la misma sustentabilidad fuerte (valores de las tasas de aprovechamiento suficientemente debajo de las tasas de recuperación), con mayor razón la posibilidad del aprovechamiento sobre especies en riesgo ha de situarse bajo la consideración de que el riesgo es, de hecho, factor absoluto de ponderación de los impactos.

Un primer y superficial análisis lleva a la conclusión de que las poblaciones de especies listadas en alguna categoría de riesgo jamás debieran ser objeto de aprovechamiento de gran impacto. Esto, ante la segunda premisa –provisional– de que los estatus de riesgo están en correspondencia directa con los grados de impacto –aunque fuere sólo desde la perspectiva histórica–, llevaría a la conclusión de que sólo debe permitirse aprovechamiento de bajo impacto sobre las poblaciones de los estatus más bajos y que los únicos aprovechamientos permisibles sobre las poblaciones del estatus más alto debieran ser los de nulo impacto.

Así, el siguiente cuadro constituye una propuesta de clasificación análoga a la anterior, pero dirigida exclusiva y particularmente a las especies en riesgo:

 

 

estatus

nulo impacto

bajo impacto

gran impacto

en peligro

se permite bajo autorización

no se permite

no se permite

amenazadas

se permite bajo autorización

se permite con fuertes restricciones

no se permite

bajo protección especial

se permite bajo autorización

se permite bajo autorización

se permite con fuertes restricciones

 

Es importante resaltar lo siguiente:

 

a) se permite [al menos algún tipo de] aprovechamiento sobre todas las especies y poblaciones en todas las categorías de riesgo.

b) se prohibe expresamente todo aprovechamiento de gran impacto para las especies y poblaciones clasificadas en las altas categorías de riesgo.

c) se imponen fuertes restricciones a los aprovechamientos sobre las especies en las categorías inferiores de riesgo.

d) las poblaciones de especies en peligro de extinción son susceptibles de aprovechamiento, pero únicamente bajo el esquema categórico de nulo impacto.

 

La clasificación final habrá de ser mucho más fina, tomando en cuenta todas las posibilidades que pueden darse con respecto a las diferencias entre poblaciones de una misma especie que se hallen en distintos estatus de riesgo, o para las cuales no se tenga suficiente información.

A manera de resumen, listo las características de los impactos y las de su permisividad, de acuerdo con lo discutido hasta aquí:

 

GI: las perturbaciones son cercanas a los límites de sustentabilidad.

BI: las perturbaciones son pequeñas comparadas con los límites de sustentabilidad.

NI: las perturbaciones son despreciables comparadas con los límites de sustentabilidad.

NI: se permite, se regula y no se sanciona.

BI: se permite, se regula y se sanciona.

GI: se permite con fuertes restricciones, se regula expresamente y se sanciona.

NS: no se permite bajo ninguna circunstancia.

 

Notas

 

1. Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente

2. Suborden mysticetos, del orden cetáceos: verdaderas ballenas o ballenas de barbas.

3. Ver, sin embargo, lo referente al fenómeno de lek , y de cómo interfe-rencias mínimas podrían tener consecuencias poblacionales de gran impacto. Una buena referencia es: Robert B. Payne (1984). Sexual Selection , Lek y Arena. Behavior, and Sexual Size Dimorphism in Birds (Ornithological Monographs, No 33). Amer Ornithologists Union.

4. Tal vez el agua potable debiera comenzar a considerarse bajo la perspectiva “fuerte”.

5. Es diferente separar cualitativamente un concepto en dos más sutiles y diferentes, como es el caso de “extractivo” y “no extractivo”, que separarlo en “gradaciones” con respecto a su carácter cuantitativo.

6. Por no hablar de los tiempos “políticos”, y menos en el sistema sexenal mexicano.

 

 

 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 15/11/2007