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El hidrosistema
y el delta del río Balsas

El río Balsas es la cuenca hidrológica más importante de la vertiente del Pacífico mexicano. Su disponibilidad total anual de aguas superficiales se estima en 24,484 millones de metros cúbicos (Mm3) de escurrimientos vírgenes y retornos. Constituidos por 6,851 Mm3 escurridos del Alto Balsas; 7,463 Mm3 del Medio Balsas y 9,959 Mm3 del Bajo Balsas, más un volumen de retornos estimado en 211 Mm3 (CNA 1999). La cuenca se divide en tres subregiones hidrológicas principales: Cuenca de los ríos Atoyac y Mixteco o del Alto Balsas, que se subdivide en siete subcuencas: las Cerradas orientales, Alto Atoyac, Bajo Atoyac, Nexapa, Amacuzac, Tlapaneco y Mixteco, cuenca del río Cutzamala y del Medio Balsas y cuenca del Bajo Balsas, que se subdivide, a su vez, en cinco subcuencas: Tepalcatepec, Cerrada Paracho-Nahuatzen, Cupatitzio, Tacámbaro y Bajo Balsas (figura 5).

Esta enorme cuenca de drenaje comprende el 6% de la masa continental del territorio mexicano y abarca porciones de varias regiones geoeconómicas del Pacífico sur, centro-occidente y centro-sur de la República, entre los paralelos 17° 00’ y 20° 00’ de latitud norte y los meridianos 97° 30’ y 103° 15’ de longitud oeste de Greenwich, a través de ocho estados de la República: Estado de México, Tlaxcala, Puebla, Oaxaca, Morelos, Guerrero, Michoacán y Jalisco, lo que representa una superficie hidrológica total de 117,045 km2, distribuidos en tres subregiones: Alto Balsas 50,409 km2, Medio Balsas, 31,951 km2 y Bajo Balsas, 35,045 km2. La región administrativa IV del Balsas la conforman 421 municipios, de los cuales 332 se localizan en el Alto Balsas, 51 en el Medio Balsas y 38 en el Bajo Balsas. La población total en la región es de 9,247,855 habitantes, que se distribuyen de la siguiente manera: 6,258,134 en el Alto Balsas, 1,675,100 en el Medio Balsas y 1,314,621 hab. en el Bajo Balsas. Esto representan una densidad de población de 129, 45 y 35 respectivamente y una densidad promedio de 70 habitantes por km2 para la región, la cual es 1.6 veces superior al promedio nacional (Buenrostro 1969, CRB-SRH 1970, Consejo de Cuenca del Río Balsas 1999).

El delta del río Balsas comprende los últimos 20 km del río del cual toma su nombre. Dicho delta, según lo describe Gutiérrez Estrada (1969), tiene una forma triangular con una base de 13 km, una altura de nueve  km y una superficie aproximada de 60 km2. Su porción subaérea presenta una topografía llana, con pendientes suaves hacia el sur, pequeñas ondulaciones, islas (La Palma, El Cayacal, Enmedio y Burras), esteros y canales que migran notablemente y que presentan, por ello, numerosos indicios de meandros abandonados. Hacia el litoral se forman numerosos esteros y lagunas, rodeados de manglares. Su porción submarina presenta rasgos extremadamente notables caracterizados por la existencia de una serie de cañones submarinos entre los que sobresalen los de El Manglito, La Necesidad, Gasolino y Petacalco, situados frente a las distintas desembocaduras que ha adopta-do el río en sus descargas hacia el mar.

La importancia ambiental crucial de esta porción deltaica es que su economía ecológica está determinada por la influencia de tres procesos naturales mayores: las descargas de aguas dulces del río Balsas, las aguas profundas de los cañones submarinos y las aguas ecuatoriales superficiales, que controlan el enriquecimiento de la biomasa del área y, al final, su riqueza íctica. La emersión estacional (abril-mayo) de las aguas profundas del Cañón de Petacalco, que arrastra nutrientes (nitrógeno y fósforo), fertiliza las aguas de la desembocadura y favorece la producción primaria y secundaria del delta y, al límite, hace posible la presencia de un mayor número de organismos en la red trófica superior al extender el dominio marino en el estuario. Las descargas de agua dulce del Balsas, que permiten una marcada estratificación salina de las aguas superficiales y realizan aportaciones importantes de sílice, fósforo y nitratos, que enriquecen las aguas litorales muchos kilómetros más allá de la desembocadura y, finalmente, la presencia en los meses invernales de las aguas ecuatoriales superficiales, ricas también en nutrientes (especialmente fósforo inorgánico) permiten un incremento notable de la biomasa que sostiene a una rica pirámide trófica. Estas tres mayores influencias naturales dotan al delta de un delicado equilibrio fisicoquímico y biológico del que depende directamente su alto potencial de recursos biológicos (CIBNOR 1995, Gutiérrez Estrada 1969).

En suma, el delta es un sistema abierto, dominado y subsidiado por procesos físicos y químicos de sus sistemas adyacentes: el fluvial y la zona costeramarina. Está determinado, además, por intensos inter-cambios bióticos y abióticos con los subsistemas que integran el gran sistema ecológico del río Balsas y su área de influencia terminal. Y, finalmente, su gran riqueza y diversidad biológicas están íntimamente vinculadas con su capacidad para permitir la incursión de una variedad de organismos marinos, estuarinos y dulceacuícolas, que lo utilizan como área de reproducción, alimentación, crecimiento y refugio, además de servir de hábitat, permanente o temporal, (sitio de inverna-ción, estación de tránsito o refugio migratorio), para una notable diversidad de especies de la fauna silvestre, acuática y terrestre.

Este delta es uno de los raros casos a nivel mundial, y único en México, enmarcado por rasgos estructurales que caracterizan a las costas de colisión continental, lo que determina su estructura y configuración en terrazas aluviales, planicies costeras y amplios abanicos aluviales y la dinámica de los grandes procesos naturales que controlan su comportamiento.

Figura 5. La cuenca del río Balsas

El marco estructural

La gran cuenca de drenaje del río Balsas tiene una historia geológica que distingue varias etapas. En la primera, el basamento inicial de rocas metamórficas precámbricas y paleozoicas fue cubierto durante el Mesozoico por un mar transgresivo que depositó arenas finas y lulitas del Triásico; sedimentos terrígenos y carbonatados del Jurásico y calizas y dolomitas del Cretácico. En una segunda, el efecto de colisión entre las placas de Cocos y Americana originó batolitos (cuerpos intrusivos) en el Mesozoico tardío, dando origen a las cadenas montañosas que bordean la costa del océano Pacífico. Y, finalmente, durante el Cenozoico, una gran actividad volcánica, acompañada de levantamientos, dio como resultado sedimentos continentales de gran espesor (CONURBAL 1978).

Morfológica y fisiográficamente, este delta constituye la expresión de un proceso de avance del continente hacia el mar debido al aporte fluvial y a los movimientos eustáticos de descenso del nivel del mar. La región parece haber experimentado un levantamiento desde el Mioceno, que le permitió al río Balsas construir un complejo sistema de depósitos deltaicos que se extendieron hasta la orilla de la terraza submarina frente al delta actual. Las sucesivas líneas de costa, sensiblemente paralelas a la actual, sirvieron para la construcción de una estrecha planicie costera, no deltaica, que se extiende al noroeste y al noreste de las desembocaduras del río Balsas (Gutiérrez Estrada 1969).

Geológica y estructuralmente el delta del río Balsas se encuentra en una zona de convergencia entre las placas de Cocos y Americana, y corresponde a una Costa de Colisión Continental, de acuerdo con la clasificación de Inman y Nordstrom (1971). Como tal, se encuentra enmarcada por dos rasgos estructurales de primer orden: una trinchera océnica (la Trinchera Mesoamericana) y un sistema de cadenas mon-tañosas continentales (la Sierra Madre del Sur). Ambas, cadena montañosa y trinchera, hacen de esta porción del centro-sur de México un fenómeno tectónicamente activo y altamente dinámico (Lugo 1985 y 1986). Fisiográficamente el delta pertenece a la subprovincia fisiográfica de la Pendiente del Sur o Planicie Costera del Pacífico Sur que comprende desde el parteaguas de la Sierra Madre del Sur hasta la línea de costa. El límite septentrional del área lo forman las estribaciones del flanco poniente de la zona montañosa de la Sierra Madre del Sur. Esta cadena de montañas litorales presenta altitudes que varían de los 100 hasta los 800 msnm.

Hacia la porción NW de la Placa de Cocos, un segundo rasgo estructural lo constituye la triple unión formada por la dorsal del Pacífico Oriental, la Trinchera Mesoamericana y una falla transcurrente asociada al sistema de san Andrés (Martín 1982). Un tercer rasgo condiciona la morfología de la región: se encuentra localizada en una zona de fallas, entre las que se distinguen en la zona oceánica las de Clarión, Rivera, Orozco y Clipperton, que se prolongan en el continente, donde las cadenas montañosas presentan también numerosas fallas y fracturas genéticamente ligadas al proceso de subducción de placas, entre las que sobresalen las fallas de Chapala, Acambay, Chilpancingo y Acapulco.

Finalmente, otro rasgo no menos importante determina el dinamismo de la región: pertenece al área volcánica y sísmica del Cinturón de Fuego Circumpacífico. En efecto, México ha experimentado en el último siglo 42 sismos con magnitudes mayores de los siete grados en la escala de Richter asociados al proceso de subducción de placas, que lo convierte en la región de más alta sismicidad del hemisferio occidental (Anderson et al. 1986). Los movimientos sísmicos de cualquier rango o magnitud con distancias epicentrales respecto del delta de hasta 200 km registrados en el periodo 1949-1975, fueron un total de 12,250, esto es, a razón de 350 por año. Los sismos más fuertes registrados en la región han sido los de 1932, 1979 y el del 19 de septiembre de 1985, con magnitudes de 7.8, 7.6 y 8.1 grados en la escala de Richter, con epicentros a 60 y 78 km de Lázaro Cárdenas y de la desembocadura del Balsas, respectivamente (Damon et al. 1981, Figueroa 1963, Lomnitz 1974, Prince y Alonso 1980).

El movimiento de placas en las condiciones estructurales del Pacífico central y sur de México dio origen a un sistema de bloques afallados que tiende a producir levantamientos isostáticos y, por consiguiente, a generar una corteza más gruesa, que favorece la creación de tierras altas con mayor fuente de sedimentos. Algunos registros de levanta-mientos de la corteza asociadas a sismos, señalan que estos levan-tamientos alcanzaron, en el sismo de 1985, 60 cm frente a Petacalco y 23 cm en Acapulco (Bodin y Kliger 1986, Márquez y Morales de la G. 1984). Los sistemas montañosos continentales del sur de México, tienen altitudes del basamento que exceden a los 3,000 msnm a distancias relativamente cortas del litoral (60 km). Estas cadenas montañosas paralelas al litoral se encuentran disectadas por profundos cañones fluviales que desempeñan un papel de enorme importancia en los intensos procesos denudatorios a que se encuentran sometidas y en la configu-ración de los lomeríos, las penillanuras, las planicies acumulativas y los ambientes sedimentarios deltaicos y litorales adyacentes.

Como una costa de colisión continental, la del Pacífico central y sur de México, se caracteriza por presentar una plataforma continental muy estrecha, con amplitudes promedio de diez km y una máxima de 30 km (Punta Maldonado) y con pendientes que oscilan entre 0° 15’ y 0° 30’, pero que hacia el noroeste, a la altura de la bahía de Petacalco, alcanza su estrechez mínima con escasos 900 m de amplitud y una pendiente de 1° 25’. Como ya se ha mencionado, un rasgo sobresaliente de esta plataforma son los cañones submarinos que se presentan en las desembocaduras de los ríos, como son los casos de la Necesidad y Petacalco, intersectan totalmente el talud y arrastran sedimentos hasta las profundidades de la Trinchera Mesoamericana. Las cabeceras de estos cañones se inician en la plataforma y pueden tener sus orígenes en la continuación de una fractura, falla o trazas de canales submarinos que fueron posiblemente erosionados por corrientes fluviales durante los estadios bajos del nivel del mar en época de glaciación (Carranza-Edwards et al. 1986, Márquez y Morales 1984).

Según Carranza et al. (1986), de acuerdo con sus características estratigráficas y tectónicas, la zona costera del delta pertenece al dominio de sedimentos recientes, que comprenden a todos los depositados entre el Pleistoceno y el Holoceno sobre los valles aluviales y la planicie costera. Ubicada dentro de la Franja cupro-aurífera, que es una extensa área de batolitos graníticos y cuarzodioríticos, los sedimentos transportados por el río Balsas y los otros ríos de la región que descargan en la bahía de Petacalco, se enriquecen de fierro, magnetita y hematita al atravesar la Franja ferrífera-cuprífera que se extiende a lo largo de la zona costera.

Como parte de la provincia metalogenética de la Sierra Madre del Sur, una de las más intensamente mineralizadas de México, la zona del delta cuenta con ricos depósitos de hierro (Las Truchas, Plutón y El Tibor), cuyos cuerpos se encuentran dentro de una diorita como casquetes asilados de poco espesor, dejados por erosión remanentes de uno o varios cuerpos que debieron alcanzar grandes dimensiones. A menudo, el mineral de hierro está separado de la diorita por una zona de minerales de metamorfismo de contacto como granates, hedembergita, piroxenos, abundante epidota y por anfibolita o roca diorítica impregnada de hierro y pirita (CRM 1995, Salas 1976).

Gravas, arenas y algunos minerales de placer constituyen los recursos que se depositan en el piso oceánico de la plataforma continental.

Este marco estructural, de una gran acción tectónica y volcánica, determina una extraordinaria movilidad natural de la corteza terrestre que configura una región definida por altos grados de inestabilidad y vulnerabilidad, que se incrementan por el efecto de resonancia producidos por la acción de procesos marinos y la constante entrada de ciclones. A todo esto se deben agregar las actividades antropogé-nicas que parecen haber acentuado esta inestabilidad en los últimos años: la sobrecarga del terreno debido a grandes obras de infraestructura (presas, plantas industriales, vías de comunicación), el intenso tránsito motorizado en los períodos de construcción y la movilización de grandes volúmenes de tierra exigidos por las obras de rectificación de los brazos derecho e izquierdo del río Balsas y las obras portuarias (SAHOP 1978, 1981).

La cuenca

La presencia y la importancia ecológica del delta se encuentra estrechamente ligada a la naturaleza y a la amplitud de su cuenca de drenaje: la geología, el relieve y el clima prevaleciente en la cuenca determinan la magnitud de las descargas fluviales y las características de los procesos de acumulación de sedimentos en el delta. De hecho, éste debe considerarse como resultado de los procesos fluviales, en la medida en que tales procesos aportan más sedimentos de los que pueden ser distribuidos por los procesos marinos: olas, mareas y corrientes (Colella y Prior 1990). Los ríos, sin embargo, son más que meros flujos de agua hacia el mar: acarrean materiales y nutrientes, sedimentos y minerales disueltos, detritos de plantas y animales hacia las zonas costeras y litorales donde desempeñan una función de una gran importancia en la productividad biológica de estos ambientes. Por ello, el río Balsas se constituye en la mayor influencia natural en la economía ecológica de su delta: sus descargas determinan la naturaleza de sus procesos sedimentarios que junto con las surgencias marinas de la fosa de Petacalco y la presencia de las aguas ecuatoriales superficiales, modelan las características fisicoquímicas y, al final, la riqueza biológica de sus aguas, en especial, las de la bahía de Petacalco.

De esta manera, las características y la importancia del sistema deltaico pueden ser apreciadas sólo si se examinan en el contexto de la cuenca que lo aprovisiona, esto es, en el marco de su área de drenaje, así como de su influencia sobre su zona costera y marina adyacentes. La cuenca y la zona costera bajo su influencia son ecosistemas frágiles y el delta, como área crítica de intercambio, es una zona particularmente sensible a las alteraciones antrópicas. Hay dos consideraciones esenciales en torno a la comprensión de la cuenca de drenaje del delta y de la zona costera adyacente, considerados como un sólo gran ecosistema: la primera es que el monto, la tasa de flujos al interior de una cuenca depende no solamente de factores climáticos, geológicos, topográficos y de la vegetación, sino, en última instancia, de las prácticas de usos del agua y el suelo. Proyectos parciales destinados a dotar de agua para riego o electricidad a las poblaciones de las cuencas alta y media, sólo producirán beneficios óptimos si se consideran a nivel de la cuenca entera y, especialmente, por referencia a sus efectos sobre las zonas deltaica y costera. Los aprovechamientos parciales ponen en peligro y con frecuencia destruyen la integridad de una cuenca, su delta y su zona costera, como ecosistema. La segunda es que el tamaño y el estado de salud de la cuenca son fundamentales porque determinan  el volumen de la precipitación recibida y, por lo tanto, el monto y las características fisicoquímicas de los flujos generados, esto es, la calidad de las aguas, los aportes de nutrientes, respecto del delta y la zona costera (Snedaker y Getter 1985).

La depresión del río Balsas o Austral, tiene, en promedio, unos 800 km de largo por 150-200 km de ancho. Se encuentra limitada por la cordillera Neovolcánica, al norte, la Sierra Madre del Sur, al poniente y sur, y la Sierra Madre de Oaxaca, al oriente. Fue originada por un gran geosinclinal, probable prolongación de la Gran Depresión del Golfo de California, que formó, tal vez en el Cretácico inferior, el canal del Balsas, cuya cuenca se extiende en la parte central, a una altura promedio de 1,000 msnm y cubre una extensión total de 117,405.6 km2. Una amplitud extremadamente grande si se la compara con el tamaño del Delta: 60 km2 (figura 5). La intensa actividad volcánica cenozoica cerró cauces, detuvo cursos de aguas y terminó por formar un auténtico mar interior en la depresión. Durante este periodo el gigantesco vaso lacustre se vio afectado por nuevos movimientos orogénicos que dieron lugar a fracturamientos o líneas de debilidad sobre la Sierra Madre del Sur que permitieron al agua abrirse paso hacia el mar a través de cascadas monumentales, cañones estrechos y escalonados, como los de El Infiernillo y formar el delta (Paucic 1980, Tamayo 1949, 1968). En el Mioceno, al fin de la Orogenia Laramide, se produjeron esfuerzos distensivos que propiciaron la formación de fosas tectónicas, donde se depositaron terrígenos continentales. En el periodo reciente, las rocas preexistentes se cubrieron con depósitos aluviales y conglomerados acarreados por el río Balsas.

Estos materiales (gravas, arenas, limos y arcillas) ampliamente distribuidos en la zona del delta resultan de alta porosidad lo que dota al delta de una gran permeabilidad, que permite rápidos flujos hacia el nivel freático, situado a profundidades que varían entre 1.5 m y los 20 m y que en la mayor parte de la llanura aluvial se encuentra a profundidades máximas de dos metros. Este somero manto freático se alimenta primordialmente de los escurrimientos del río Balsas.

La cuenca se divide en tres zonas hidrológicas principales: cuenca de los ríos Atoyac y Mixteco o del Alto Balsas, cuenca del río Amacuzac y cuenca del Medio y Bajo Balsas.

La cuenca de los ríos Atoyac y Mixteco, conocida también como del Alto Balsas, cubre una área de 50,408.7 km2. Geográficamente, se localiza entre los paralelos 17° 05’ y 19° 45’ y los meridianos 97° 10’ y 99° 30’ de longitud oeste. Abarca parte de los estados de Tlaxcala, Puebla, Morelos, Oaxaca y Guerrero. El Atoyac está formado por varios escurrimientos que provienen de la vertiente sur de la cordillera Neo-Volcánica y que descienden del volcán Iztaccíhuatl, entre los estados centrales de México y Puebla. Hasta su confluencia con el río Mixteco, después de recorrer más de 200 km, cubre una área de cuenca de 21,015 km2. Por su parte, el río Mixteco se genera en la vertiente occidental del complejo oaxaqueño, en la región de la Mixteca. A partir de esta unión, el Balsas recibe a lo largo de su recorrido los nombres de Poblano, Grande, Mezcala y, finalmente, Balsas. Cincuenta y ocho kilómetros aguas abajo de la confluencia del Atoyac y el Mixteco, recibe por su margen derecha las aguas del río Nexapa y sólo nueve kilómetros más adelante, sobre su margen izquierda, las del río Tlapaneco, uno de los de mayor caudal del Alto Balsas. Aguas abajo, a 79 km, sobre la derecha, se vierten las importantes aguas del río Amacuzac, que se origina en las faldas del volcán Nevado de Toluca, también en la vertiente sur de la cordillera Neo-Volcánica, y que marca el límite entre el Alto Balsas y el Medio y Bajo Balsas. Hasta ahí, el Balsas cubre una área de cuenca de 50,408.7 km2, y presenta elevaciones superiores a los 500 msnm.

La región hidrológica del Medio y Bajo Balsas, se encuentra comprendida entre los paralelos 17° 30’ y 20° 00’ Norte y los meridianos 99° 15’ y 103° 15” WG. Cubre un área de cuenca de 66,996.9 km2, distribuida entre los estados de México (6,265.7 km2), Guerrero (24,799.4 km2), Michoacán (31,961.4 km2) y Jalisco (4,003.6 km2). La región forma un amplio rectángulo situado entre la cordillera Neovolcánica hacia el norte; la cuenca del Amacuzac hacia el este y la Sierra Madre del Sur hacia el sur y el oeste.

A partir de la confluencia del río Amacuzac que, como ya se ha mencionado, marca el límite entre el Alto y el Medio Balsas, y a una altura de 500 msnm, ocho kilómetros aguas abajo y por su margen derecha, el Balsas recibe las descargas del río Tepecoacuilco y un kilómetro más adelante las del río Huacapa, por su margen izquierdo. Entre cañones sigue su curso por unos 20 km hasta que, por su lado derecho, confluyen las aguas del río Cocula o Iguala. Después de recorrer unos 60 km, recibe por la izquierda, las aguas del río Huautla o Tetela. Y 60 km aguas abajo, por su margen derecha lo alimenta el río Poliuta. Varios ríos de pequeñas dimensiones incrementan su flujo por la margen izquierda: Ajuchitlán, Amuco y Cuirio. Unos kilómetros aguas abajo recibe por su derecha las corrientes del río Cutzamala. Este es uno de los más importantes aportadores del río Balsas en este tramo de su cuenca. A lo largo de sus 260 km de recorrido recibe varios nombres: Taximaroa, Turundeo, Río Grande, Tuxpan, Zitácuaro y finalmente Cutzamala. En este punto, cerca de Ciudad Altamirano, Gro., el río ya ha descendido hasta los 250 msnm.

Después de un recorrido de unos 40 km, y a alturas que varían entre los 200 y los 250 msnm, el río Balsas recibe por su margen izquierda, las aguas del río del Oro, y por la derecha las de los ríos san Lucas, Huetamo y Tacámbaro. Unos kilómetros más adelante entra a un cañón y toma una dirección sur-norte, para luego dar un viraje hacia el oeste, lo que creó las condiciones favorables para la construcción de la presa El Infiernillo. En este punto, a 176 msnm, que corresponde al nivel máximo de embalse del vaso de almacenamiento de la gigantesca presa, la obra hidráulica inunda un área de 400 km2 y almacena unos 12,000 millones de m3 de las aguas y retiene unos cinco millones de metros cúbicos de sedimentos del Balsas.

En el vaso de la presa descargan hoy varios antiguos ríos, riachuelos y arroyos como El Salitre, La Palma, La Virgen, el río San Antonio, el Pinzadarán y, especialmente el importante río Tepalcatepec.

Unos 28 km aguas abajo de la cortina, el río Balsas recibe por su margen derecha al río Las Juntas y 17 km después, se localiza el sitio donde se construyó la presa derivadora José Ma. Morelos o La Villita. Dos kilómetros aguas abajo de la cortina el río Balsas se bifurca dando lugar a la zona del delta.

El clima

Más que cualquier otro factor es el clima el determinante de las variaciones y la intensidad de los procesos físicos, químicos y biológicos que controlan a los sistemas fluvial y deltaico. El propio régimen de descarga del río Balsas depende en buena medida de los procesos climáticos que se llevan a cabo en la cuenca de drenaje. Los flujos en el valle aluvial dependen enteramente de la precipitación y el volumen de agua disponible, esto es, de las diferencias entre la precipitación y la evapotranspiración (Welcomme 1985).

Uno de los mayores roles jugados por el clima en el valle aluvial y en la planicie deltaica es el control sobre la composición y la cantidad de los depósitos. Los ambientes que se forman dentro de la planicie deltaica son favorables a la producción y preservación de materia orgánica, de tal modo que en estas áreas es común una alta bioturbidez. En efecto, la formación de turba es un proceso que caracteriza común-mente a los pantanos y las marismas de las planicies deltaicas. La abun-dancia de detritus orgánicos combinados con ambientes favorables para su preservación, da como resultado una acumulación de grandes volúmenes de detritus orgánicos transportado en los sedimentos. La rápida degradación de la materia orgánica en los depósitos sedimentarios libera soluciones químicas complejas en la columna de agua, que contribuyen a enriquecer biológicamente los ambientes del delta. Este es uno de los procesos más críticos en la economía ecológica del delta.

El régimen de flujos tiene su origen principalmente en las características y el volumen de la precipitación sobre la cuenca fluvial. La proporción de lluvia que llega a los canales del sistema fluvial, depende a su vez del tipo de terrenos y de la cubierta vegetal de la propia cuenca.

De acuerdo con los datos de la SARH, obtenidos para el período 1931-1970, el volumen medio anual de precipitación en la región hidro-lógica del río Balsas es de 112, 332 millones de m3, que representa una lámina anual de lluvia de 957 mm.

En el Alto Balsas, que cubre una área de cuenca de 50,408.7 km2, el volumen llovido es de aproximadamente 34,299 millones de m3, con una lámina anual de lluvia de 838 mm, menor que el resto de la cuenca, que representa 31% del volumen total llovido. Las lluvias máximas anuales ocurren en las zonas comprendidas entre las cuencas del río Nexapa y el río Amacuzac al occidente y en la cuenca del río Tlapaneco, donde se registran láminas de 1,800 mm y hasta de 2,351 mm, en las inmediaciones de la costa chica de Guerrero y en el Alto Tlapaneco. En contraste con estas zonas de gran precipitación, existen otras donde la lluvia es escasa como la cuenca del río Mixteco, donde se alcanzan precipitaciones de 16.3 mm (Chilixtlahuaca, Oax.) y de 35 mm (Ixcateopan, Gro.) al año.

En el Medio y Bajo Balsas se distinguen tres climas principales: templado, semicálido y cálido. En la parte noreste de la cuenca se tiene un clima templado subhúmedo, clasificado según Köppen como C(w2) (w) b(e)g, que corresponde al más húmedo de los templados y se caracteriza por tener la temperatura del mes más frío entre -3 y 18 °C y la del mes más caliente mayor a 6.5 °C y menor a 22 °C, con lluvias de verano, con un cociente de precipitación total anual en mm sobre temperatura media anual en °C, P/t, mayor de 55, con porcentajes de lluvia invernal menor al 5% de la lluvia anual, verano fresco y largo, extremoso con oscilación de la temperatura media mensual entre 7 °C y 14 °C. En la parte noroeste y oeste, existe una zona que corresponde a un clima semicálido con temperatura media anual mayor a 18 °C y la del mes más frío menor a los 18 °C, con lluvias de verano, cociente P/t menor de 43.2, verano cálido, tempe-ratura del mes más caliente mayor a los 22° C, extremoso con osci-lación de la temperatura media mensual entre 7 °C y 14 °C. En la zona central predominan climas clasificados como cálidos, húmedos y secos, entre los que se encuentran el Awo(w)(e)g, que corresponde a un clima cálido subhúmedo, con temperatura media del mes más frío mayor a los 18 °C, con lluvias de verano, con un cociente de 43.2, extremoso, con temperaturas medias mensuales que oscilan entre 7 °C y 14 °C.

La precipitación media anual en la región del Medio y el Bajo Balsas varía entre 600 y 1,400 mm. Con una precipitación mínima de 345 mm (Piedras Blancas) y una máxima de 1,869 mm (Presa Pucuato). La temperatura media anual varía entre 13 y 30 °C. La temperatura mínima registrada es de -8.9 °C ( Presa Pucuato) y la máxima registra un valor de 48 °C (El Zapote). La evaporación media anual presenta variaciones entre 1,300 y 3,000 mm .

El clima prevaleciente en la microrregión oriental del delta corresponde a A(w1”) (w)a(i). Se trata de un clima cálido, subhúmedo, con un coeficiente P/t de 49.9; la precipitación total anual ligeramente por encima de los 1,300 mm y la temperatura media anual un poco mayor a los 22 °C; ligera sequía intraestival, invierno seco, proporción de lluvia invernal menor al 5% de la total anual, con verano cálido, temperatura media del mes más cálido superior a 26 °C, oscilación térmica anual entre 5 °C y 7 °C, marcha térmica típica, es decir, el mes más caliente ocurre después del solsticio de verano. Existen dos temporadas perfectamente definidas durante el año: una de secas, de noviembre a mayo, y una de lluvias, de junio a octubre. Con una interrupción brusca en agosto. El promedio de los meses lluviosos es de 285.7 mm y en agosto apenas llega a los 29.7 mm, que es la precipitación más baja en todo el año. El promedio de los demás meses es de 86.7 mm. Según los datos reportados en la estación de La Villita, para el periodo 1961-1996, la evaporación media anual es de 1,804.32 mm, mientras que la evaporación máxima mensual ocurrió en mayo de 1969, con 256.5 mm (Patiño 1994).

De acuerdo con la información meteorológica generada desde la estación Lázaro Cárdenas, en el sector occidental el clima de la microrre-gión corresponde al grupo A, de climas tropicales lluviosos que se caracterizan por tener la temperatura media del mes más frío mayor a 18 ºC y del mes más caliente mayor a 22 ºC. La fórmula climática es Aw1 (w)i, que corresponde a un clima cálido subhúmedo con régimen de lluvias de verano e isotermal.

Este clima corresponde al subtipo Aw1 y se considera más húmedo que el Awo o intermedio entre este último y el Aw2. La estación Lázaro Cárdenas registra una precipitación promedio de 1,244.0 mm, el periodo de lluvias va de junio a octubre, con una precipitación máxima de 335.3 mm en el mes de septiembre. El periodo de sequía se extiende de noviembre a mayo y la mínima precipitación se registra en el mes de abril con 0.0 mm. En relación con la temperatura promedio anual, esta estación registra un promedio anual de 26.9 ºC, con temperaturas más bajas en enero, con promedio de 25.2 ºC y el del mes más cálido junio, con promedio de 28.1ºC, por lo cual se tiene una variación media mensual de temperatura de 2.9 ºC (CAI 1996).

Un hecho climático de excepcional importancia es que la zona del delta es una área de trayectoria de ciclones tropicales. Desde 1949 a 1966, y tomando un radio de 150 km a partir de la estación La Villita, Mich., se han registrado un total de 673 ciclones tropicales, 20 de ellos afectaron directamente a Petacalco.

La vegetación

Las interrelaciones entre vegetación y flujos en una cuenca hidrológica son complejas. La intercepción, la evapotranspiración, la retención y los movimientos del agua en el suelo, así como los patrones de acumulación y mezcla son enteramente dependientes de la cubierta vegetal. El caso más dramático que permite valorar la importancia de la vegetación en la hidrología de una cuenca es el cambio en el régimen de flujos derivado de la deforestación (Petts y Foster 1985).

Enmarcada entre las provincias florísticas de las sierras meridionales, de acuerdo con la clasificación de Rzedowszki, la depresión del río Balsas, especialmente en sus flancos de la Sierra Madre del Sur, ha sido considerada florísticamente como una de las regiones más ricas del mundo. Se caracteriza por su alto número de endemismos y es el área de mayor concentración de especies del género Bursera dentro del territorio mexicano. De este género americano se han identificado cerca de 70 especies, de las cuales 51 se encuentran en México; de éstas, unas 34 habitan en las diversas regiones del río Balsas, siendo 21 exclusivas de esta zona (Miranda 1974, Rzedowski 1986).

Los declives altos de los bordes septentrionales de la depresión integran una galería de pisos altitudinales de asociaciones vegetales que cubren desde especies características de la tundra volcánica de nieves perpetuas y matorrales, entre los 5,000 y los 4, 000 msnm, hasta grandes extensiones de pinares y bosques de oyameles (entre los 4,000 y los 3,000 msnm) y encinares con madroños y bosques mesófilos de montaña (entre los 3,000 y 1,800 msnm).

Los cerros, barrancas y llanos de la depresión están cubiertos, desde los 1,800 a los 800 msnm, por encinares, palmares y cuajilotales. Matorrales espinosos, cactáceas columnares y candelabriformes, consti-tuyen las asociaciones vegetales caraterísticas de los cerros de las zonas áridas, entre los 200 y los 1,500 msnm.

La cubierta vegetal del delta la conforma una vegetación secundaria que presenta manchones o relictos de antiguas comunidades vegetales primarias. Las intensas modificaciones a las que la han sometido las actividades humanas, especialmente a partir del desarrollo portuario industrial, del impulso de la ganadería y del cultivo de frutales, han alterado sustancialmente la estructura, la fisonomía y la composición florística de la vegetación primaria, hasta el punto de volverla irreconocible.

Aunque es posible observar hacia el este, el sector oriental del delta, verdaderos relictos de antiguas selvas medianas subcaducifolias y de selvas bajas caducifolias, lo que prevalece es una vegetación secundaria consti-tuida por pastizales y matorrales, que alternan con elementos propios de selvas bajas como Juliana adstringens, Heliocarpus sp., Cochlospermum sp. y Laucena sp., Gliricidia sepium, Guazunma ulmifolia y Bursera simaruba. Hacia el oeste, el sector occidental del delta se prolonga hacia la planicie de Lázaro Cárdenas, que tiene una extensión aproxi-mada de 165 km2, integrada por lomeríos, cerros y llanuras. Sus planos arenosos, frente al litoral, corresponden a zonas inundables y esteros. Al inicio de la planicie se encuentra el estero denominado El Manglito. Hacia el noroeste se localizan otros más entre los que sobresalen el de El Caimán o Santa Ana, El Piche y Playa Azul. Playas, esteros y desem-bocaduras de ríos y arroyos se suceden hasta el paraje Las Peñas, donde culmina la planicie.

La desembocadura

La desembocadura es el lugar en el que la diseminación dinámica de los sedimentos contribuye a la progradación o regresión del delta. Los ambientes de depositación de la desembocadura asociados con estas fases de progradación y regresión son extremadamente complejos y altamente variables. Si los sedimentos depositados en la desembocadura del río se acumulan más rápidamente que la capacidad de los procesos marinos para retrabajarlos, tendrá lugar una progradación del delta. Por el contrario, si los procesos marinos son más dinámicos, el delta sufrirá un proceso de regresión. En este caso, las olas y las corrientes retrabajarían el frente marino y desencaderían un proceso de erosión, transporte y redistribución de los sedimentos en la porción superior del delta. El resultado neto será la paulatina destrucción de estos ambientes y la concentración de sedimentos en los márgenes litorales adyacentes y en los canales activos y abandonados de la desembocadura del delta.

Los ambientes de depositación asociados con la fase regresiva de un delta suelen clasificarse, según Coleman (1976), en dos grandes categorías: los subaéreos y los subacuáticos o submarinos. La primera está integrada por: i) canales de depositación; ii) pantanos y manglares  y bahías y bancos interdistributarios. La segunda está formada por: i) la plataforma continental; ii) el prodelta; iii) el frente deltaico y iv) las barras distributivas de la desembocadura.

Una característica distintiva de los ambientes subaéreos es la presen-cia de una intensa bioturbidez en la parte superior de los lechos de canales y otros zonas de depositación, como las zonas radiculares de los manglares y humedales.

Un canal distributivo es un ducto natural que acomoda y dirige una porción de la descarga y los sedimentos transportados por el sistema fluvial a la cuenca de recepción. En los procesos de subsidencia o regresión, cuando los canales se ven privados de influjos de agua y sedimentos, las porciones inferiores se rellenan de arenas finas con abundantes contenidos de materia orgánica.

Las islas principales que constituyen el delta son: La Palma, que tiene cuatro km de largo y dos y medio km de ancho y es la más septentrional; El Cayacal, que es la más extensa, con una dimensión máxima de nueve km de largo y cinco y medio km de ancho; Del Mar, donde se encuentra la punta Cayacal, y que ahora está unida a la planicie de Lázaro Cárdenas. Existen otras islas que no son estables y en la época del estiaje se unen a la planicie (Correa 1974).

Las bahías intertributarias comprenden áreas de aguas abiertas dentro del delta activo o bien se trata de áreas semiabiertas hacia el frente marino y conectadas por pequeños canales de mareas que comúnmente se encuentran rodeadas de manglares y humedales. Son cuerpos acuáticos alargados, frecuentemente paralelos a la línea costera, de dimensiones pequeñas, desde unos cuantos cientos de metros hasta algunos kilómetros. Estas bahías se encuentran activadas por una sedimentación clástica, compuesta de arenas finas que fluyen a las bahías en los periodos de flujos y mareas máximos, asociados a tormentas y otros eventos extraordinarios. La más abundante estructura sedimentaria de estas bahías consiste en una lámina lenticular, producto del retrabajo y la concentración de arena generada por las mareas eólicas. Probable-mente la estratificación más común se deba también a una amplia bioturbación generada por la abundante variedad de organismos que las habitan.

Hasta principios de los años 1970, el delta presentaba tres desembocaduras: la del este, que se conoce como la Barra o Boca de san Francisco; la del centro, que se llama Barra o Boca de La Necesidad y la del oeste conocida como Barra o Boca de Burras.

La planicie deltaica submarina

Entre los ambientes submarinos de la desembocadura sobresalen por su importancia en los procesos deltaicos las barras distributivas de la desembocadura así como la plataforma continental y el talud continental.

La barra distributiva de la desembocadura es una área de bancos someros asociados con el frente marino de la desembocadura. Estos bancos son consecuencia directa del decremento de la velocidad y la reducción de la capacidad de acarreo de la corriente fluvial. Las tasas de acumulación de sedimentos en esta zona son extremadamente altas, y probablemente superiores a las de cualquier otro ambiente de depositación asociado con el delta. Los sedimentos son continuamente retrabajados por las olas y las corrientes generadas en la desembocadura y los ambientes marinos adyacentes.

La plataforma continental en la porción submarina del delta es más angosta y somera que el promedio mundial y sus dimensiones se han modificado notablemente en las últimas tres décadas (Gutiérrez Estrada 1990). Frente a punta Las Peñas, extremo noroeste del delta, su amplitud ha disminuido de 19 km a 18 km. Y en la punta Peñitas, su extremo sureste, su anchura actual es de sólo 900 m. Frente al delta y en el área de la bahía de Petacalco, la plataforma es casi inexistente. Su borde se ha determinado a profundidades entre los 120 y 150 m, con gradientes comprendidos entre los 21° y 3°.

El talud continental se inclina hacia la llanura abisal, con un gradiente que puede alcanzar los 15° y un valor medio de 6°. Su rasgo más distintivo es que se encuentra disectada por una serie de cañones sub-marinos que se desarrollan sobre la plataforma continental y el talud, llegando hasta la Trinchera mesoamericana. La importancia de estos cañones es su estrecha interrelación con los sitios de descarga de sedimentos del río Balsas, al punto de constituir una provincia sedimentaria de especial significación para los procesos fluvio-marinos que se desarrollan en el delta, y porque ellos han actuado como ductos que sirve como transporte para los sedimentos hacia las profundidades oceánicas además de jugar un papel de gran importancia en la movilización de grandes masas de agua en los ambientes deltaicos y marinos. Por lo menos siete cañones han sido identificados en el delta submarino: Eréndira, Playa Azul, Calabazas, El Manglito, La Necesidad, El Gasolino y Petacalco.

Los cambios en la porción somera del delta submarino, en las cabeceras del sistema de cañones submarinos, se encuentran íntimamente relacionados con las variaciones en los patrones de descarga del río Balsas. La interrelación de bocas antiguas y activas de este río y el sistema de cañones submarinos es estrecha y muy espectacular. Una boca abandonada tiene por consecuencia un cañón desactivado, con el consiguiente retroceso del frente costero en virtud de la alta dinámica de los procesos erosivos marinos.

Las olas

Los procesos energéticos y sedimentarios que se llevan a cabo en el delta guardan estrecha relación con los regímenes hidrodinámicos y meteorológicos prevalescientes. El oleaje es el factor energético decisivo que controla la distribución de los sedimentos en el litoral, la plataforma continental, el talud continental y aún en las profundidades oceánicas.

Las olas, junto con las mareas y las corrientes, redistribuyen los sedimentos depositados por los ríos y modulan la línea costera, formando playas, barreras y otros ambientes litorales. La geometría del delta depende no solamente de la magnitud, distribución y fuerza de las olas, sino también de la habilidad del río para suministrar sedimentos. El río domina la configuración del delta solamente cuando cuenta con la capacidad de superar mediante una amplia oferta de sedimentos, la acción erosiva y moduladora de las olas. Esto es, cuando conserva un alto índice de efectividad de descarga. Si esta capacidad de transporte del río es interrumpida por la construcción de presas y otras obras de aprovechamiento del caudal, el río tendrá un índice bajo de efectividad y la mayor dominancia de la energía de las olas modularán el delta y el litoral adyacente. Entonces las olas se encargarán de retrabajar los sedimentos provenientes del sistema fluvial.

Según datos de la Secretaría de Marina, el régimen anual de oleaje es del oeste (56.06%) y el suroeste (12.14%), entre ambos ejercen una dirección dominante del 68.20%. Observado estacionalmente muestra el comportamiento siguiente: en primavera el oleaje proviene del oeste; en el verano, proviene del sur y oeste y en el otoño e invierno su origen está  en el oeste, suroeste, sur y sureste. Las alturas significantes muestran los comportamientos siguientes: la de mayor altura (1.60 m) se observa en los oleajes provenientes del oeste, siguiéndole en magnitud la altura de las olas del sureste (1.50 m), las del sur (0.8 m) y suroeste (0.8 m). En relación con las olas distantes, se observa que las de mayor altura provienen del sur (2.60 m) y las de menor elevación del sureste (1.60 m) (BISA 1989).

Las mareas

Las mareas tienen una gran importancia hidrodinámica en el delta, puesto que ocasionan corrientes de flujos y reflujos en la zona estuarina, que junto con las corrientes que corren a través de los cañones submarinos (especialmente el de La Necesidad), aumentan la influencia de las ondas mareales durante el flujo y disminuyen la velocidad de las corrientes marinas por efectos de la fricción. Durante el reflujo, el cañón de La Necesidad disminuye su volumen ocasionando un efecto de succión sobre las aguas costeras, alterando la dirección de las corrientes e incrementando su velocidad (PROFEPA-SISSA 1994).

El movimiento de las mareas dentro y fuera de los canales de la desembocadura del delta es de importancia crítica para los procesos depositacionales. La bidireccionalidad de las mareas se encarga de retrabajar los sedimientos descargados por el río. El transporte de sedimentos debido a las mareas es la causa de la acumulación de grandes cantidades de arena en los canales interdistributivos y respon-sable de la acumulación de extensas franjas de arena en los litorales adyacentes a la desembocadura. Esto provoca con frecuencia que se abandonen los cauces para buscar otras salidas hacia el mar. Los canales abandonados son normalmente obstruidos y rellenados por granos finos de arena transportada por la continua actividad de las mareas. Así, el relleno de canales y esteros es altamente significativo en los deltas dominados por la acción de las mareas. La vegetación tiende a estabilizar y mantener la red de canales que caracterizan al delta. Por ello, los manglares y otras comunidades vegetales costeras tolerantes a la sal, juegan un papel decisivo en la estabilidad del delta.

Cuando el equilibrio dinámico del delta se interrumpe por la construcción de presas y otras obras de aprovechamiento se provocan inestabilidades que debido a la acción de las mareas, redundan en serios problemas de azolvamientos y erosión, fenómenos que son visibles en ambos brazos y que han obligado a una mayor artificialización de la desembocadura.

El tipo de marea que se presenta en el delta es de tipo semidiurna o sea una baja mar y dos pleamares alternadas en un día, con una pleamar máxima de 0.992 m y una bajamar mínima registrada de -0.724, con un rango de marea de 0.534 m.

Las corrientes

Las corrientes oceánicas y de litoral asociadas al viento remueven los sedimientos. La función principal de las corrientes litorales y oceánicas es la de orientación de los depósitos de sedimentos en franjas paralelas al litoral junto con el acarreo de los mismos a distancias a veces muy considerables del delta. La alta dinámica energética de la costa moviliza frente a la desembocadura un promedio de 230,000 m3 al año de sedimentos hacia la porción sureste del delta (bahía de Petacalco) (Sánchez y Lara 1989).

El delta del río Balsas y la bahía de Petacalco se encuentran bajo el influjo de la corriente marina norecuatorial que aleja del Pacífico central las masas de agua acarreadas hasta la costa del sur de México por la contracorriente ecuatorial, ubicándose cerca de los límites del giro anticiclónico del Pacífico norte (CIBNOR 1995).

El principal evento fisicoquímico natural del área está controlado por la emersión estacional (abril-mayo) de agua profunda de la Fosa de Petacalco, trayendo consigo elementos químicos nutrientes para el fitoplancton (nitrógeno y fósforo) originando una amplia fertilización del área de estudio.

La mayor alteración térmica anual está dominada por la emersión primaveral de aguas frías y profundas de la fosa de Petacalco que trae consigo un incremento notable en iones de nitrato, fosfato y silicato.

Las alteraciones antropogénicas a la actividad natural del delta

A mediados del siglo pasado se iniciaron las grandes obras de infraestructura hidráulica y de desarrollo regional (sistemas de riego, explotaciones mineras, desarrollos portuarios y construcción de ejes viales), que transformaron profundamente la ecología y la sociedad del delta del río Balsas. Desde entonces, la evolución natural del área ha sido alterada sustancialmente por estas actividades antropogénicas. Es posible diferenciar claramente dos etapas en esta evolución geológica: una fase constructiva de carácter progradante, dominada por los acarreos fluviales, que se remonta desde el Holoceno hasta las épocas recientes anteriores a las obras de infraestructura construídas en el Alto y Medio Balsas; una fase regresiva, posterior a las obras de ingeniería, controlada predominantemente por eventos marinos y caracterizada por intensos y dramáticos procesos erosivos, tanto en su porción subaérea como en el delta submarino.

Al inicio de las obras de mayor infraestructura en el Alto y Medio Balsas, el río aportaba unos 39 x 106 m3 de sedimentos al año, según los datos de la antigua SARH (1931-1970), con un gasto máximo de 11 mil m3/seg, un gasto medio de 500 m3/seg y un escurrimiento anual aproximado de 16 x 109 m3. Cuando, en 1968, se dieron por concluídas las obras de las presas El Infiernillo y La Villlita, el régimen hidráulico se volvió artificial, con gastos máximos y medios controlados de 2,000 y 400 m3/seg, respectivamente. El resultado es que desde dicha fecha el río Balsas no aporta sedimentos de granos gruesos al delta.

Como un sistema complejo altamente interconectado entre sus partes subaéreas y submarinas, las modificaciones propiciadas por las actividades humanas han afectado profundamente a ambas.

Con la construcción de las presas El Infiernillo y La Villita, las obras para el establecimiento del complejo portuario en el brazo derecho (Melchor Ocampo) y las de rectificación del brazo izquierdo (San Francisco), los índices de efectividad de descarga del río Balsas han descendido drásticamente, según lo señalan diversos estudios realizados para evaluar los cambios geomorfológicos derivados de las actividades humanas en el delta, como los de Ortiz Pérez (1985), con base en el análisis de fotografías áreas en un periodo de 40 años (1943-1983) y los de Morales de la Garza y colaboradores, basadas en observaciones en un periodo de 19 años (Morales de la G. et al. 1988), junto con los de Reimnitz y Gutiérrez Estrada (1970), Reimnitz (1971), Reimnitz et al. (1976) y Gutiérrez Estrada (1969, 1971 y 1990), que verifican la inusitada magnitud de los cambios en la porción subaérea y submarina del delta en unas cuantas décadas.

Los desequilibrios del sistema fluvio-marino, se reflejaron en todos los ambientes ecológicos críticos del delta: la modificación del sistema de islas y canales distributarios de éste, con obras como la del relleno del brazo de liga y el taponamiento de la boca de Burras; cambios en la morfología de los brazos distributarios, que perdieron sus características meándricas por la erosión y las obras de rectificación de sus márgenes, lo que se tradujo en el acortamiento de su longitud, bruscamente en el caso del brazo izquierdo, que perdió unos tres kilómetros a partir del impacto provocado por las obras en cuestión; la migración de la playa tierra adentro, con un retroceso promedio de 13 metros al año, entre 1958 y 1979; la erosión del frente deltaico subaéreo, especialmente a la altura de la isla del Cayacal, pues la supresión de aporte de sedimentos gruesos motivó la transformación, por fricción, de la energía del oleaje, altos volúmenes de transporte de sedimentos por las corrientes litorales (estimados en 230,000 m3/año), principalmente hacia el este, esto es, hacia la bahía de Petacalco.

Las modificaciones en la morfología y en el funcionamiento del delta submarino también han sido sustanciales. La activación o desactivación de las cabeceras de los cañones submarinos parecen ser altamente dependientes de los lugares donde ocurren las mayores descargas del río (bocas). Dada esta estrecha interrelación entre las descargas del río y la morfología de la zona litoral, se han podido observar rápidos cambios en la configuración y el desarrollo de los cañones que caracterizan a la provincia sedimentaria del delta submarino, a partir de la operación de las presas (Reimnitz y Gutiérrez Estrada 1970). Por otro lado, la intensa actividad tectónica en la región, que origina movimientos verticales de la corteza terrestre, parece también haber acentuado la acción erosiva de los agentes marinos al provocar la movilización de grandes volúmenes de agua y sedimentos a través de los cañones submarinos, impulsadas por las corrientes litorales ascendentes y descendentes (Gutiérrez Estrada 1990).

 

 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 15/11/2007