Deforestación,
derechos de propiedad y selvas concesionadas de Brasil*
*
Este trabajo no pudo ser presentado en el seminario.
RONALDO
SEROA DA MOTTA
seroa@ipea.gov.br
Coordinador
de Estudios Ambientales del Instituto de Investigación
de Economía Aplicada (IPEA) y Profesor del Programa de
Maestría en Economía Ambiental en la Universidad
de Santa Úrsula
Resumen
El documento presenta algunos aspectos sobre la deforestación
y la protección de la biodiversidad en Brasil, en particular
de la selva amazónica. La deforestación ha sido
la mayor amenaza para la biodiversidad en Brasil. El mercado
de la tala de madera juega un rol importante en la deforestación,
incentivando la destrucción del hábitat y la generación
de claros. La regulación actual
y algunos instrumentos económicos, como los fondos e
impuestos para silvicultura, no han tenido éxito debido
a la libre expansión de la frontera agrícola y
a la falta de fiscalización. La privatización
de la selva y su tierra, que es parte de los derechos individuales
privados, ha sido un incentivo negativo para el desarrollo sustentable.
Los agentes económicos pueden mover la frontera agrícola,
deforestar, vender la madera, cultivar o aumentar la actividad
ganadera y entonces obtener la tenencia de la tierra. Una política
alternativa de la silvicultura en la región es el Sistema
de Concesión Pública en Selvas Nacionales (FLONA)
mediante el cual se hacen contratos de arrendamiento a largo
plazo de amplios espacios de selva para un manejo sustentable.
Para hacer viable esta ambiciosa propuesta, los aspectos económicos
deben basarse en un mercado ambiental y en el pago de la captura
de carbono, que pueden jugar un rol importante.
Introducción
La
conversión de tierras forestales ha sido la principal
amenaza a la biodiversidad en Brasil. Las actividades de explotación
forestal juegan un papel importante en el proceso, al financiar
la deforestación de tierras a cambio de árboles
maderables.
La
reglamentación sobre la base de prácticas sostenibles
de administración basadas en instrumentos económicos,
como son los mecanismos de financiamiento, impuestos e incentivos
fiscales, no tuvo éxito puesto que el abasto de madera
es alto dada la expansión agrícola y la falta
(o imposibilidad) de una fiscalización en áreas
tan amplias. Por ello, la privatización de la selva y
las tierras correspondientes, o sea, la asignación de
los derechos individuales privados, ha sido muy peligrosa para
los propósitos de sustentabilidad en la región.
Los actores económicos se desplazan hacia la frontera,
deforestan, venden los árboles maderables, inician actividades
agrícolas o ganaderas y luego esperan obtener el título
de la tierra. Dicho patrón de explotación se considera
como de acceso abierto típico, en donde los valores de
escasez no se perciben, lo cual con el tiempo conduce a la sobreexplotación.
Una
alternativa promisoria de políticas para la forestería
en la región es un Sistema de Concesiones Públicas
de Florestas Nacionales (FLONA) en donde se llevan a cabo contratos
de arrendamiento a largo plazo a una compañía
privada, por
medio de subasta internacional, con cláusulas que especifican
las condiciones aceptadas del uso de la tierra y los recursos
naturales.
El
incumplimiento de prácticas sostenibles, según
se hayan definido en la concesión, queda sujeto a sanciones,
que incluyen la terminación de la misma. La supervisión
y control de estas concesiones podrían compartirse con
las ONG. Para ejemplificar, Amazonia, con su amplísima
disponibilidad de áreas sin reclamo, se ofrece para hacer
factible este esquema.
Además
de las graves restricciones institucionales, políticas
y legales, dichos cambios en asignación de derechos de
propiedad deberán ser económicamente viables para
competir con actividades no sostenibles. Es así como
otros subproductos, como los pagos por captura de bióxido
de carbono, pueden ayudar a asegurar el éxito de este
ambicioso programa de protección de la selva amazónica.
En
este artículo presentamos, ante todo, los indicadores
específicos de la biodiversidad en Brasil. En segundo
término, se describe la deforestación de
importantes sistemas forestales de Brasil. La siguiente sección
trata sobre el papel de las actividades agrícolas y forestales
en la deforestación de Brasil. La última sección
señala recomendaciones para tratar algunos de los aspectos económicos
de los sistemas de selvas concesionadas en la selva amazónica,
que deben tomarse en cuenta para asegurar la eficiencia, los
beneficios sociales y la aplicación de reglamentos.
Biodiversidad
en Brasil
Con
un área total de 8,511,996 km 2 y localizado entre los
5º 16' N y 33º 44' S, Brasil tiene una amplia variedad
climática y geomorfológica. Esta variedad es responsable
de la presencia de varios biomas y ecosistemas, que reúnen
entre 10 y 20% de las especies de seres vivos del mundo. De
ellos, un gran número es único en todo el mundo
y probablemente muchos no se han descrito hasta la fecha. Existe
una estimación de que existen, entre plantas, animales
y microorganismos, alrededor de dos millones de especies en
Brasil.
Los
biomas brasileños más importantes son la selva
tropical húmeda del Amazonas y las selvas de hojas caducas
en el norte, la selva húmeda de la costa oriente (conocida
como Mata Atlántica), las áreas de sabana (Cerrados)
en el centro, el bosque espinoso (el chaparral de Caatinga)
en el noreste y el norte, los pantanos (Pantanal) en el medio
oeste, y los bosques de pino y los campos (en la Pampa) en el
sur. También merecen atención el bosque ribereño
húmedo en Amazonia del Noroeste (Campinarana), los manglares
costeros, las dunas de arena y los pantanos salobres, todas
las zonas de transición y muchas áreas pequeñas
en donde existen combinaciones especiales de clima, altitud
y suelo, que dan lugar a ecosistemas singulares.
Algunos
de estos magníficos biomas se vieron dañados intensamente
por las actividades humanas, como por ejemplo la Mata Atlántica
y los bosques de pinos del sur. Hoy en día, la frontera
de la agricultura avanza sobre grandes áreas de sabana
en el centro del Brasil y en algunas áreas de Amazonia,
sobre todo en Rondonia y Pará.
De
acuerdo con FUNBIO (1935), la flora brasileña suma 55,000
especies descritas, número que representa 22% del total
del mundo. Por ejemplo, Brasil tiene el mayor número
de especies de palma (alrededor de 390 especies) y de orquídea
(alrededor de 2,300 especies).
La
fauna brasileña también es muy diversa y suma
más de 5,800 especies de vertebrados, de entre ellos
más de 3,000 son peces, 1,573 aves, 502 anfibios, 4,068
reptiles y 394 mamíferos. Estas cifras corresponden a
17% de las especies de aves del mundo y a un 10% de todos los
anfibios y mamíferos conocidos. La fauna brasileña
de invertebrados también es una de las más diversas
y aún continúa el proceso de identificación.
Algunas
especies brasileñas nativas ya tienen relevancia económica,
como lo son muchas especies de árboles de maderas preciosas,
el hule, las nueces del Brasil, la yuca y la nuez de la India.
El uso farmacológico de las especies brasileñas,
algunas de ellas utilizadas tradicionalmente por los pobladores,
continúa aumentando y su potencial económico es
invaluable.
Cerca
del 40% del producto nacional bruto de Brasil proviene de la
agroindustria, 4% de la forestería y 1% de la pesca.
Las actividades de biodiversidad, como la explotación
de pesca y forestería, emplean a más de 3 millones
de personas, y el 17% de la producción de la energía
del país proviene del alcohol de azúcar y del
combustible de leña.
Sin
embargo, la agricultura brasileña se respalda sobre todo
en las especies exóticas, como el café, la soya,
la naranja y la caña de azúcar. Alrededor de 31%
de las exportaciones brasileñas provienen de estos productos.
La producción pecuaria depende, sobre todo, de la crianza
de ganado bovino y pollo, que no son especies nativas y se alimentan,
en el caso del ganado, de pastos africanos.
Incluso
la silvicultura utiliza en su mayoría eucaliptos y pinos
extranjeros.
El
potencial de la biodiversidad brasileña permanece casi
sin examinarse debido a la falta de investigación básica
y al sistema productivo prevaleciente, que evita el uso de especies
alternativas. Actualmente, se está realizando un gran
esfuerzo de investigación para revelar nuevos usos de
productos de la biodiversidad en el país. Hay más
de 300 cursos a nivel maestría y 150 cursos a nivel doctorado
sobre asuntos relacionados con la biología del país.
Las unidades de conservación tropical más grandes
del mundo también están ubicadas en Brasil, incluyendo
el banco de germoplasma tropical más completo.
Deforestación
en Brasil (1)
Esta
sección presenta algunos indicadores que reflejan el
grado de deforestación en los principales sistemas que
afectan la biodiversidad en Brasil.
Considerando
al país en su totalidad, el área aún cubierta
por la vegetación de la selva atlántica es sólo
un 8% del área total original. Las selvas atlánticas
son, por mucho, el ecosistema más amenazado de Brasil.
Dicha situación alarmante resultó en una ley promulgada
en 1990, que prohibía cualquier tipo de actividad en
áreas cubiertas con este tipo de vegetación, que
pudieran llevar a la deforestación. También, se
realizan grandes esfuerzos para crear e implantar unidades de
conservación en las áreas restantes, para preservar
los valores de biodiversidad de este ecosistema.
En
los últimos veinte años la expansión de
la frontera agrícola ocurrió después de
implantarse el mismo modelo de desarrollo adoptado en las regiones
del sur. Así sucede en las regiones central y norte del
país, en donde se localizan, respectivamente, los bosques
de Cerrados y amazónicos.
Esta
expansión derivó en la conversión forestal
de grandes áreas. Primero que nada, esto fue posible
debido a la alta concentración de ingresos, así
como al modelo de distribución y tenencia de la tierra
existente en el país, que actuaron como
factores de impulso de migración. En segundo lugar, aunque
no menos importante, la ocupación de estas regiones fue
determinada por ambiciosos programas de desarrollo regional.
La
ocupación de Cerrados por actividades agrícolas
es una expresión de lo anterior. Según datos del
último Censo Agrícola de 1985, en ese proceso
se convirtió un área de 50.7 millones de hectáreas
a cultivos y ganadería. Las proyecciones del WWF (1994)
indican que casi 40% del área original de Cerrados está
hoy en día ya convertida, lo cual representa alrededor
de 70 millones de hectáreas o una deforestación
del 0.77% en el periodo de 1985 a 1994.
Para
dar una dimensión precisa de esta ocupación, el
área convertida de Cerrados en 1985 es mayor al territorio
de España. Esta conversión masiva en un periodo
tan corto se puede explicar, sobre todo, por el desfavorable
sistema de crédito ofrecido al sector agrícola,
el cual fomentó que migraran las familias rurales del
sur, para eludir los precios en aumento de las tierras en sus
regiones de origen, exacerbados por la concentración
de la tenencia de la tierra.
Puesto
que los costos de transporte son altos en esta área remota,
la región ha intensificado las actividades enfocadas
a la producción de cultivos no alimenticios y a la ganadería.
La calidad del suelo de esta región ha hecho necesarias
más prácticas intensivas de insumos de productos
químicos, con evidentes amenazas a la biodiversidad.
La
deforestación en Amazonia no se puede medir en forma
de área restante, porque es una región de frontera
reciente, con un superficie cuatro veces mayor a la de las selvas
atlánticas. De hecho, la región amazónica
real cubre casi 50% del área del país.
En
1978-79, cuando la ocupación reciente llegó a
su pico, la deforestación anual fue de 0.54% o un área
equivalente a 21,000 hectáreas. Los bosques podrían
quedar totalmente deforestados en 130 años si este índice
se mantiene. Durante los años ochenta, la recesión
económica y la consecuente falta de recursos públicos
y privados para mantener los costosos y ambiciosos programas
de desarrollo, además de un monitoreo mayor obligado
por presiones externas, pueden explicar los índices de
deforestación en declive estimados para los siguientes
años. En 1991, el índice de deforestación
cayó a 0.30%, o menos de 11,000 hectáreas.
Sin
embargo, posteriormente, algunos factores macroeconómicos
como la sobrevaluación de la moneda y el alto desempleo,
pueden explicar el regreso de los altos índices de deforestación.
Aunque
el área total deforestada sigue siendo menor a 10% del
área original, el reciente aumento de los índices
de deforestación en las regiones internas puede indicar
que se están abriendo nuevos frentes de deforestación
en la selva.
Por
lo tanto, es de suponer que la tendencia futura de la deforestación
en esta región dependerá básicamente de
las condiciones políticas y económicas que aseguren
una reversión constante de los factores que la inducen.
Un cambio radical en la asignación de derechos de propiedad
de la tierra y la introducción de incentivos económicos
para actividades sostenibles, que se tratarán más
adelante, pueden tener un papel importante en este proceso.
Expansión
agrícola y maderera en Brasil (2)
Como
ya se ha señalado, la expansión agrícola
y maderera es un factor muy importante en la conversión
de los bosques y las selvas de Brasil. La EMBRAPA (1991) (3)realizó
un estudio sobre las características agroecológicas
de los suelos brasileños. En él se clasificaron
las áreas de acuerdo con sus usos adecuados, tales como
cultivos, ganadería y explotación/preservación.
(4)
Vale
la pena mencionar algunos de los resultados de este estudio.
Primero, menos de 10% del área total de Amazonia es adecuado
para cultivos y ganadería, aunque esta proporción
asciende a más de 90% en las regiones del sur. En segundo
lugar, se puede observar que las actividades de ganadería,
en el país entero, exceden los 800,000 kilómetros
cuadrados de área adecuada para ellos. Más de
90% de este excedente se ubica en las regiones norte y centro,
en donde la deforestación más reciente ocurre.
Es decir, que excepto en la región noreste, la ganadería
está ocupando áreas no adecuadas y, por lo tanto,
esto lleva a la conversión de ecosistemas frágiles
bajo la expansión de la ganadería o a la introducción
de cultivos en áreas inadecuadas.
El
área de tierra adecuada para cultivo todavía muestra
gran disponibilidad, con la impresionante cifra de cerca de
1.6 millones de km 2 para todo el país. El área
apropiada disponible para cultivo en las regiones del sur es
el doble de la existente en la región norte. Es decir,
no se podría recomendar la expansión de las actividades
agrícolas hacia Amazonia, tomando en cuenta sus características agroecológicas.
La
explotación maderera en Amazonia aprovecha la limpieza
legal de las tierras (hoy 80% del área con tenencia)
para agricultura, lo cual da derecho a la deforestación.
La venta de madera sobre la base de esta licencia es una oportunidad
en ese momento para ganar capital inmediatamente, y así
emprender luego una limpieza completa y respaldar costos futuros
de aseguramiento de derechos de propiedad. La explotación
maderera, de hecho, actúa en algunas áreas como
factor de inducción para la conversión de tierra.
Aparte
de la débil capacidad general de los organismos públicos
de un país en donde los cortes por déficits públicos
son erráticos, y algunas veces drásticos, es muy
probable que el desempeño institucional en las áreas
grandes y remotas siempre sea frágil y genere mucho mayor
espacio para la explotación maderera y legal como parte
principal de los huecos legales que existen en las licencias
de desarrollo.
Como
se dijo antes, una fracción mínima de las tierras
forestales en Amazonia es adecuada para los cultivos, y los
suelos deforestados terminan generalmente como tierras de ganadería
extensiva, para poder asegurar derechos de propiedad.
Una
vez que el suelo es degradado, continúa el movimiento
hacia nuevas áreas forestales. De manera sencilla ese
ha sido el patrón de conversión de tierra en otros
lugares, pero en el caso de Amazonia todavía hay tiempo
y oportunidades para hacer mejor uso de las tierras forestales.
Para
resumir, la expansión agrícola en Brasil tiene
que reorientarse en términos de su dimensión espacial
en relación con la vocación de los suelos; si
es que los sistemas en Brasil se van a mantener de las actividades
madereras, tienen que operar sobre la base de un sistema claro
de derechos de propiedad de la tierra.
Incentivos
económicos actuales para la preservación en Brasil (5)
En
Brasil se han aplicado mecanismos de financiamiento, así
como otros instrumentos económicos, para proteger la
biodiversidad y controlar la deforestación. Aparte de
las fallas de las actuales políticas, éstas llegan
a ser aún menos efectivas en el contexto amazónico.
Mecanismos
de financiamiento
La
protección a la biodiversidad se ha dado con dos mecanismos
de financiamiento. En diciembre de 1994 un decreto presidencial
estableció el programa de diversidad biológica
brasileño (PRONABIO), buscando promover acciones conjuntas
entre organismos gubernamentales y la sociedad civil para estimular
la investigación (incluyendo inventarios), la cooperación
internacional y la divulgación (incluyendo una red nacional)
sobre cuestiones de biodiversidad y problemas de la misma. En
el Comité Directivo del programa, la mitad de los doce
puestos son para representantes no gubernamentales.
Hasta
el momento, PRONABIO ha establecido dos mecanismos de financiamiento:
FUNBIO (El Fondo Brasileño para la Biodiversidad), principalmente
dedicado a acciones privadas, financiado con veinte millones
de dólares de GEF y administrado por un comité
compuesto de hombres de negocios, científicos, ONG y
organismos ambientales; el otro financiamiento es a través
de PROBIO (Pro-Biodiversidad), que también tiene veinte
millones de dólares y está coordinado por CNP
(El Consejo Nacional de Investigaciones) que se enfoca sobre
todo a actividades de investigación.
Aunque
estos mecanismos son importantes, su desempeño basado
en proyectos únicos y puntuales ha disipado los impactos
de sus acciones en la protección de la biodiversidad
y hace su contribución irrelevante en la prevención
de la deforestación.
El
Fondo de Reposición Forestal Nacional
El
Código Forestal Brasileño establece que aquellos
que exploten o utilicen los recursos forestales como materia
prima deberán quedar obligados a hacer una reposición
forestal de las especies adecuadas a su nivel de consumo. Este
requisito cubre la explotación maderera, así como
el consumo de carbón y leña de origen desconocido.
Sin
embargo, desde 1978 una norma federal(6) permite
a aquellos que consuman menos de 12,000 m 3 al año de
materia prima proveniente de la selva, la opción de pagar
una contribución por deforestación en vez de invertir
en reforestación.
Lo
racional de esta contribución se basa en la suposición
de que la reforestación por parte de pequeños
consumidores es costosa de monitorear y de realizar, es decir,
que no existen beneficios en economías de escala. Por
lo tanto, un fondo gubernamental compuesto de esta contribución
generaría ingresos para planear una reposición
forestal más eficiente, tomando en cuenta las preocupaciones
sociales y políticas.
Como
puede observarse, esta contribución, que se puede considerar
como un tipo de impuesto, no fue concebida como un incentivo
económico para evitar la deforestación y, de hecho,
no funcionó como tal.
Además
de la fragilidad institucional de IBAMA (el Organismo Ambiental
Federal Brasileño) para realizar una cobranza efectiva
de dicha contribución, que legalmente cae bajo su jurisdicción,
el nivel del valor de la contribución parece ser la razón
principal para explicar el fracaso de este instrumento para
cambiar los patrones de producción forestal en Brasil.
Este
valor, aun si se determina para propósitos de financiamiento,
podría haber llevado a tomar decisiones privadas de reforestación
siempre y cuando fuera lo suficientemente alto. Sin embargo,
ese no fue el caso de esta contribución, puesto que todos
aquellos que consumían menos del límite legal
optaron por pagar la contribución, en vez de reinvertir
en reforestación. Además, el valor fue fijo a
un nivel constante de aproximadamente cuatro dólares
por metro cúbico de madera, lo cual generó un
ingreso de 7 millones de dólares en 1992. Tampoco hubo
variación por especie (excepto por especies no maderables)
y por región. Aunque estaba indexado a la inflación
de precios, el valor real se ha mantenido constante con el tiempo,
sin tomar en cuenta la escalación en el precio de la
reforestación.
Finalmente,
los fondos resultantes de esta contribución han sido
usados en su mayoría para propósitos presupuestales
de IBAMA y no para actividades de reforestación. Apenas
recientemente el gobierno permitió que parte de esos
ingresos se desviara a los estados y a las ONG que desearan
invertir en actividades forestales en municipios en donde la
reforestación podría crear oportunidades
o recuperar áreas deforestadas.
Impuesto
forestal en el estado de Minas Gerais
El
estado de Minas Gerais introdujo un impuesto forestal para financiar
las actividades del Instituto Forestal estatal. Los niveles
fiscales se basan en porcentajes
de una divisa indexada y varían de acuerdo al tipo de
producto forestal. Además, aquellos que realizan actividades
de deforestación que generen una producción equivalente
a su nivel de consumo pueden obtener reducciones de hasta 50%
de los impuestos. Dichas alteraciones hacen al impuesto aceptable
y lo convierten en un impuesto a la deforestación.
En
vista de que varía de acuerdo con las especies y los
productos, ese impuesto permite que el Instituto Forestal penalice
ciertos usos, alterando los porcentajes. De hecho, ésta
ha sido la estrategia recientemente adoptada desde que en diciembre
de 1993 se publicó una nueva tabla de porcentajes. El
uso de leña y de carbón de madera de las selvas
nativas, fuentes importantes de deforestación en el estado,
fueron cobradas respectivamente 4 o 5 veces más que en
la última lista, en la que los valores de otros artículos
no aumentaron en más de 100%.
Aunque
es demasiado pronto para poder valorarlo, el actual patrón
de consumo de madera en el estado parece estar cambiando; la
parte del suministro de madera de los bosques nativos que se
consume para producción de carbón ha caído
desde un 70% en los añosÊ ochenta, hasta casi 50%
en los años recientes. (7)Los efectos
ambientales resultantes, empero, son difíciles de determinar.
Primero, si por una parte se había notado un aumento
en las iniciativas de reforestación, por el otro, se
sabe que parte de la demanda estatal de madera se cubre con
suministros de otros estados vecinos, en donde no se aplican
impuestos tan altos.
Dicha
desviación de suministros, aparte de las pérdidas
inevitables de recursos forestales en la región suministrante,
ha promovido una rápida urbanización en áreas
remotas sin infraestructura adecuada. Es decir, el impuesto
forestal de Minas
Gerais se puede considerar un caso típico de una imposición
distorsionante en relación con el uso de recursos.
Sin
embargo, vale la pena señalar que ese impuesto se concibió
primordialmente como un instrumento de recuperación de
costos. Su uso como incentivo económico es un asunto
de voluntad política que actualmente prevalece en el
estado, y la determinación de los niveles impositivos
se hace en forma ad hoc , sin un modelo detallado sobre
cambios del comportamiento económico del usuario.
Compensación
fiscal para las restricciones de uso de tierra
Por
lo menos dos estados del Brasil, Paraná y Minas Gerais,
ya están implantando una compensación para los
municipios en donde se localizan áreas protegidas o fuentes
de suministro de agua.
Una
parte de los ingresos (alrededor del 3%) del impuesto estatal
de bienes y servicios (un tipo de impuesto al valor agregado
conocido como ICMS) se transfiere a 112 municipios en donde
existen restricciones de uso de suelo debido a la protección
de ecosistemas y fuentes de suministro de agua. Este cobro de
compensación se deduce del 25% de los ingresos estatales
que deben pagarse a los municipios, y que se distribuye principalmente
sobre el valor agregado generado en el municipio. En otras palabras,
es un intento de poner un valor económico a las actividades
de protección para incentivar su protección.
La
distribución de la asignación de compensación
se fija de acuerdo con la importancia del área protegida,
sobre la base de su superficie y el grado de restricción
señalado en el decreto que la creó.
El
Organismo de Protección Ambiental del estado evalúa
el compromiso de estos municipios con la calidad ambiental requerida
en las áreas para determinar el importe a pagar. Dicho
sistema de monitoreo sigue todavía bajo construcción,
pero se ha alentado a varios municipios a que consideren actividades
más apropiadas según sus riquezas naturales, como
por ejemplo, el ecoturismo. Esta fuente de ingresos también
se ha considerado para promover inversiones de higiene y otros
servicios de infraestructura urbana.
Conclusión
Los
mecanismos de financiamiento para las acciones de proyectos
son de tipo puntual y no están articuladas. Instrumentos
fiscales como el Impuesto Nacional a la Forestería —y
hasta el exitoso caso de Minas Gerais— pueden sufrir tremendas
dificultades en su aplicación si se establecen en un
área tan remota e inmensa como lo es Amazonia.
La
compensación fiscal por los ingresos derivados del impuesto
al valor agregado también puede ser difícil de
aplicar si uno considera que las actividades agrícolas
y madereras son la principal fuente de ingresos por impuesto
al valor agregado de la región.
Parecería
que la protección del amplio patrimonio que es la biodiversidad
de Amazonia tiene que sufrir una transformación más
ambiciosa basada en incentivos para la conversión a tierras
forestales.
Bosques
Nacionales (FLONA) de Brasil
Brasil
tiene un sistema de unidades de conservación que cubre
ya partes significativas de la selva húmeda tropical.
Sin embargo, el sistema no tiene los
recursos necesarios para resolver los problemas relacionados
con la tenencia de la tierra, que requieren compensación
de parte del gobierno para mejorar la capacidad institucional
y para implantar planes de manejo. Se podría dedicar
mucha más tierra a la conservación en Amazonia
(en donde ocurre la deforestación) si estos recursos
estuvieran disponibles. En este caso, la disponibilidad no tiene
que ser únicamente en efectivo, sino también en
inversión internacional a través de fuerzas de
mercado.
La
ley ya contempla prácticas de manejo sostenibles para
la maderería. Sin embargo, como ya se ha dicho, no tienen
mayor éxito puesto que el suministro de madera se da
con gran disponibilidad a consecuencia de la expansión
agrícola. Aun con la introducción de criterios
sostenibles para las prácticas agrícolas, la tala
de bosques seguirá siendo una fuente principal del suministro
de madera.
Por
ello, la privatización de los bosques y la tierra que
ocupan, es decir, la asignación de los derechos individuales,
ha sido muy dañina para los propósitos de sustentabilidad
en la región. Los agentes económicos se trasladan
a la frontera, desforestan, venden la madera, inician alguna
actividad agrícola o ganadera y luego esperan a obtener
el título de propiedad de la tierra. Este patrón
de explotación se conoce como de acceso abierto típico,
en el que no se perciben los valores de escasez con el transcurso
del tiempo, lo cual lleva a una sobrexplotación.
Una
política forestal alternativa y promisoria podría
ser el sistema de concesiones públicas, similar al aplicado
en países como Canadá y Suecia, en donde se celebran
contratos a largo plazo de concesión o arrendamiento
de amplios terrenos forestales, mediante licitación internacional
a compañías privadas, con cláusulas que
especifican las condiciones aceptadas acerca del uso de la tierra
y los recursos naturales. El incumplimiento de las prácticas
sostenibles definidas en la licencia de concesión conllevaría
sanciones y terminación de la concesión. La supervisión
y el monitoreo de estas concesiones se podría compartir
con las ONG.
Dicho
esquema es particularmente factible en Amazonia, donde todavía
existe una gran disponibilidad de áreas sin reclamar
(alrededor de 40 millones de hectáreas, cantidad equivalente
a la superficie actual dedicada a los cultivos y a la ganadería
en la región).
Aparte
de los serios problemas de procedimiento técnico que
deben abordarse (prácticas de manejo, periodo de concesión,
cuotas de destoconamiento) y otras numerosas barreras políticas,
como concentración de tierras, propiedad internacional
y restricción de las actividades agrícolas, tiene
que mejorarse la viabilidad económica de FLONA.
Inspecciones
de campo de la explotación maderera en las fronteras
tradicionales de Amazonia, presentadas en Almeida y Uhl (1995),
estimaban tasas de retorno mayores al 300% por extracción
y procesamiento de madera cuando dicha explotación se
realiza en tierras arrendadas (o sea, tierras deforestadas para
la agricultura). Si la oferta de madera proviene de explotaciones
sostenibles en tierras únicamente dedicadas a este fin,
la tasa de crecimiento descendería a un 20%.
Lo
anterior significa que los aserraderos pueden contar con un
suministro de madera legal e ilegal a bajo costo, lo que les
permite tener un retorno financiero altamente redituable, contra
el cual no puede competir la explotación maderera sostenible.
Bosques
Nacionales (FLONA) de Brasil se estructura en unidades de conservación,
con el propósito de obtener una explotación maderera
sostenible.
Por
supuesto, es teóricamente imposible tener actividades
sostenibles de explotación maderera sin ninguna pérdida
ambiental. Sin embargo, algunos estudios de campo en la región
han mostrado que la explotación maderera con diferentes
prácticas puede reducir considerablemente estas pérdidas.
(8)El problema principal reside en el ámbito
financiero. Los resultados de la extracción maderera
con métodos sostenibles son mucho más costosos
que la explotación no sostenible que hoy día se
practica en la entidad. De hecho, la sinergia entre la conversión
de tierra forestal a la agricultura y la producción forestal
legalizada y no legalizada es muy costeable.
Los
costos de transporte se vuelven, entonces, los parámetros
de viabilidad, puesto que los costos de extracción son
muy cercanos a los de mano de obra de subsistencia. La explotación
maderera sostenible debe ser rotativa, requiere capital intensivo
y planeación científica, incurre en costos de
recuperación y mitigación, y en gastos de auditoría
y certificación, además debe cumplir con leyes
laborales y pagar impuestos y costos de transportación
similares o tal vez mayores. La explotación sostenible
basada sólo en los valores de la madera no será
competitiva y, si fracasa, creará mayores oportunidades
para exacerbar la oferta ilegal. Por tanto, FLONA y otros tipos
de programas se consideran como opciones con un alto grado de
fallos. La llamada opción de cercado ( fence-around ) por sí misma no funcionará.
Sin
embargo, el concepto de FLONA es atractivo. En conjunción
con los parques nacionales y lasreservas biológicas y
extractivas se puede generar un uso cuasi-sostenible del área
amazónica. Pueden hasta detener el escalamiento de la
deforestación, al hacer que la actividad forestal pague
mejor que la agricultura.
La
manera de hacer esto requiere que esta actividad sea más
rentable que la extracción ilegal. Se necesita tener
un subproducto que haga que el diferencial de ingresos sea competitivo
frente a la extracción ilegal y, por lo tanto, la conversión
forestal ya no atraiga a la empresa privada. Aquí es
donde el pago por captura de carbono puede hacer la diferencia,
sin subsidios, sin penalización y sin cambios estructurales
o macroeconómicos mayores, simplemente combinando un
poco de fuerzas de mercado con un poco de conocimiento gubernamental
y el reconocimiento internacional.
Tomar
a FLONA como opción permitirá realizar cosas buenas
por el combate al calentamiento del planeta, por el ambiente,
por la economía brasileña y por la región.
Detendrá las emisiones de fuego abierto, capturará
el carbono con el crecimiento de los árboles, protegerá
la biodiversidad y los recursos acuíferos, financiará
reservas biológicas, atraerá capital internacional,
aumentará el valor
agregado en la producción de madera, generará
fuentes de trabajo, protegerá a los pobladores de la
selva y permitirá generar en la región los ingresos
más verdes del mundo.
Se
espera escepticismo contra dicha propuesta. Los beneficios pueden
ser los ya señalados, pero no es tan simple como lo que
veríamos a gran escala. Tampoco lo son los bosques sembrados
ni los ambiciosos programas de energía de biomasa que
tanto se alaban en otros lugares. No hay razón alguna
para retirar esta opción, que previene de una fuente
importante de emisiones de gases de efecto
invernadero, permite generar resultados comercializables y mantener
una medida en cuanto a la inversión en suelos degradados,
ya sea para árboles maderables, pulpa o energía
biomásica, que sólo está disponible porque
hace algún tiempo un bosque se convirtió en carbón
en la atmósfera. Este modelo de reciclamiento, por supuesto,
puede ser mejor que nada, y además es muy atractivo.
Sin embargo, prevenir la generación de basura siempre
será más sólido económicamente,
más equitativo y más viable que reciclar la naturaleza.
Referencias
Almeida,
O.T. y UHL, C., 1995. “Identificando os custos de usos alternativos
do solo para o planejamento municipal da Amazônia - o
caso de Paragominas”, en May, P. (org.) Economía
Ecológica . Campus.
EMBRAPA,
1991. Delineamento Macroecológico do Brasil .
Serviço Nacional de Levantamento e Conservação
de Solos, Rio de Janeiro.
FUNBIO,
1995. “Cerimônia de instalação do Conselho
Deliberativo do Fundo Brasileiro para a Biodiversidade,
FUNBIO”.
Speech notes, mimeo, Fundação Getúlio Vargas,
Rio de Janeiro.
Serôa
Da Motta, R., 1997. “The economics of biodiversity in Brazil”,
en Investing in Biological Diversity: The Cairns Conference . OECD, París.
WWF,
1995. Cerrado : Impactos do Processo de Ocupação . World Wildlife Fund, Brasilia.
(1)
Vease para más detalle,Seroa de Motta (1997)
(2)Véase,
para más detalles, Seroa da Motta (1997).
(3)EMBRAPA
es una paraestatal que realiza investigación agrícola.
(4)De
hecho, la clasificación es más amplia, pero fue
agregada para permitir el cálculo.
(5)Esta
sección tiene base en Seroa da Motta (1997).
(6)Esta
norma fue creada por el ya desplazado Instituto Brasileño
para el Desarrollo Forestal, que es hoy en día parte
del organismo federal de protección ambiental de Brasil
(IBAMA).
(7)Cabe
señalar que los cambios tecnológicos y la aplicación
de sanciones también han contribuido a esa tendencia
.
(8)Véase,
por ejemplo, Almeida y Uhl (1995).