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ANTECEDENTES

La familia Ursidae, perteneciente al orden de los carnívoros, está integrada por siete especies de úrsidos que habitan en una gran cantidad de ambientes alrededor de todo el mundo, excepto en Australia y la Antártica: el oso plateado, gris o grizzly (Ursus arctos) se distribuye en Asia, Europa y Norteamérica; el oso polar (Ursus maritimus) se encuentra en la región ártica al norte de Rusia, Noruega, Groenlandia, Estados Unidos y Canadá; el oso negro asiático (Ursus thibetanus) se distribuye a lo largo del sureste de Asia, incluyendo Pakistán, Afganistán, el norte de la India, China, Rusia, Corea, Taiwan y Japón; el oso de rostro corto de Sudamérica o Ucumari (Tremarctos ornatus) cuyas poblaciones se distribuyen únicamente en América del Sur; el perezoso de Asia (Melursus ursinus) que habita dentro de los bosques de Sri Lanka, India, Bután, Nepal y Bangladesh; el oso del sol o malayo (Helarctos malayanus) que se encuentra en los bosques del noreste de la India, sureste de China, Indochina, Sumatra y Borneo; y el oso negro americano (Ursus americanus) (Figura 1) cuyas poblaciones se encuentran exclusivamente en Norteamérica.

Cuatro de estas siete especies -el oso negro asiático, el oso de rostro corto de Sudamérica, el oso malayo y el perezoso de Asia-, se encuentran listadas en el Apéndice I1 de la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres (CITES), y dos en el Apéndice II2 -el oso negro americano y el oso polar. Asimismo, el oso gris se encuentra en ambos Apéndices.

De los osos que se distribuyen en América del Norte, el oso negro, conocido en Alaska, Canadá y Estados Unidos como “American black bear”, es el más pequeño, el más abundante y el más ampliamente distribuido; se ha estimado que existen entre 400,000 y 750,000 individuos en toda su área de distribución.

El nombre que se le ha dado a Ursus americanus “oso negro” es, en realidad, poco apto, debido a las múltiples fases de color que presenta su pelaje. Mientras que en el oriente de Norteamérica la mayoría de éstos son, en efecto, negros; hacia el occidente el color del pelaje varía desde el café negruzco hasta el café canela y beige.

De las especies de úrsidos, el oso negro es la que tiene la mayor capacidad para vivir en proximidad con los humanos, y a pesar de la intensa cacería y de la destrucción de su hábitat, ha logrado persistir en gran parte de su área de distribución.

Figura 1. Oso negro americano (Ursus americanus).

TAXONOMÍA

 

El oso negro americano es un mamífero de la familia Ursidae, perteneciente al orden de los carnívoros, que cuenta con 16 subespecies reconocidas (Hall, 1981) (Mapa 1). Algunos autores consideran que en México, sólo se distribuyen dos subespecies que son U. a. machetes y U. a. eremicus (Ramírez-Pulido et al., 1996; Moctezuma, 1997), mientras que otros reportan que son tres las subespecies mexicanas: U. a. machetes, U. a. eremicus y U. a. amblyceps (Hall, 1981; Doan-Crider y Hellgren, 1996) (Mapa 2).
-Clasificación taxonómica- (Según Hall, 1981).
Phylum: Chordata
Clase: Mammalia
Orden: Carnivora
Suborden: Fissipedia
Familia: Ursidae
Subfamilia: Ursinae
Género: Ursus
Especie: Ursus americanus Pallas, 1780
Subespecies en México:
U. a. amblyceps Baird, 1859
U. a. eremicus Merriam, 1904
U. a. machetes Elliot, 1903

 

HISTORIA

 

El fósil conocido más antiguo, y que pertenece ya a un “oso verdadero” es Ursavus elemensis, que habitó en lo que fue la Europa sub-tropical durante el Mioceno Medio, hace 20 millones de años, y que presenta una mezcla de características de las familias Canidae y Ursidae. Se cree que todos los osos actuales tienen como ancestro común a Ursavus elemensis (Middleton, 1997).

Hace aproximadamente dos y medio millones de años, aparecieron en el planeta los ancestros directos de los osos actuales. Los miembros de este género, llamado Ursus -oso en Latín-, se dividieron más tarde en tres líneas evolutivas; dos de las cuales se establecieron en Asia y la tercera en Europa. Es en este punto en donde surgen controversias acerca del origen de los actuales osos negros: por un lado se cree que una de las líneas evolutivas que se desarrolló en Asia fue la que originó a los osos negro americano y gris (Middleton, 1997). Otra teoría indica que de la línea evolutiva que se desarrolló en Europa, se originó el “oso cavernícola” Ursus speleaus, temido y venerado por la cultura Neandertal, del cual evolucionaron el oso negro americano, el oso gris y el oso negro asiático (American Zoo & Aquarium Association Bear Advisory Group, 1997). No obstante, ambas teorías coinciden en el hecho de que los osos llegaron a Norteamérica a través del estrecho de Bering durante las glaciaciones del Pleistoceno, hace aproximadamente 85,000 años.

 

DISTRIBUCIÓN

 

El oso negro americano habita exclusivamente en Norteamérica, en zonas templadas y frías. Su área de distribución abarca desde el límite de la vegetación boreal al norte de Alaska, todas las provincias y territorios de Canadá excepto la Isla Prince Edward y 32 estados de la Unión Americana, hasta la región central de la República Mexicana (Mapa 1).

En México, el área de distribución de esta especie se extendió, alguna vez, más al sur que en la actualidad, abarcando los bosques templados de la Sierra Madre Oriental, Occidental y las sierras adyacentes. Leopold (1959) reportó que la distribución del oso negro en México incluía las regiones montañosas del noreste de Sonora, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Durango, extendiéndose al sur hasta Zacatecas. Baker y Greer (1962) mencionaron la posible existencia de una población al norte de Nayarit, y Hall (1981) incluyó a la distribución de esta especie los estados de Sinaloa y San Luis Potosí. De acuerdo con Moctezuma (1997), la distribución natural de esta especie abarca los estados de Coahuila, Chihuahua, Durango, Jalisco, Nayarit, Nuevo León, Sinaloa, San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas y Zacatecas (Mapa 2).

En la década de los 50’s, los osos eran comunes en las montañas del norte de Coahuila, en la Sierra de las Maderas, la Sierra del Pino y la Sierra de San Marcos; en la Sierra Madre Occidental; en la Reserva Indígena Mezquital al sur de Durango; en la Sierra de Pinabete al oeste del Río Bolaños en Jalisco, y a lo largo de los límites entre Jalisco y Nayarit. Sin embargo, la cacería furtiva y la modificación y reducción de su hábitat mermaron las poblaciones de esta especie, y redujeron su área original de distribución en 80%, por lo que actualmente sólo se le encuentra en el norte del país (mapa 2).

Las poblaciones de esta especie se distribuyen en las zonas montañosas, principalmente en las cañadas y cumbres cubiertas por bosques de pino y encino, por ser éstos los lugares en los que encuentran alimento y refugio. Durante la primavera y el verano también se les puede encontrar en los pastizales áridos que se extienden al pie de las sierras. Se ha reportado que el rango altitudinal en que habita, abarca desde los 650 hasta los 3,000 msnm (Moctezuma, 1997).

En cuanto al área de distribución histórica de las subespecies que se encuentran en México, U. a. amblyceps se distribuía en la región central y norteña de los estados de Sonora y Chihuahua; U. a. machetes en el sur y suroeste de Chihuahua, Durango, sur de Sinaloa y noroeste de Zacatecas; y U. a. eremicus en los estados de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Zacatecas y San Luis Potosí (Anderson, 1972; Hall, 1981) (Mapa 2).

En cuanto a la distribución actual de las poblaciones de U. americanus en México, es poco lo que se sabe. Se ha reportado que su área original de distribución se ha reducido en 80% y que ahora sólo se le encuentra en el norte del país; sin embargo, no existen datos precisos acerca de la distribución actual real de muchas de las poblaciones de esta especie.

Mapa 1. Distribución histórica de las subespecies de Ursus americanus en Norteamérica (Hall, 1981).

 


1. U. a. altifrontalis 5. U. a. carlottae 9. U. a. floridanus 13. U. a. machetes
2. U. a. amblyceps 6. U. a. cinnamomum 10. U. a. hamiltoni 14. U. a. perniger
3. U. a. americanus 7. U. a. emmonsii 11. U. a. kermodei 15. U. a. pugnax
4. U. a. californiensis 8. U. a. eremicus 12. U. a. luteolus 16. U. a. vancouveri

Mapa 2. Distribución histórica y actual de Ursus americanus en México (Hall, 1981; IUCN, 1999).


DE LA BIOLOGÍA DE LA ESPECIE
-Descripción-

De cuerpo robusto, cola corta, y orejas pequeñas y redondas, el oso negro es uno de los carnívoros de mayor tamaño que pueden encontrarse en México -longitud total: 1,300-2,000 mm; longitud de la cola: 100-130 mm; longitud de la pata trasera: 215-280 mm; longitud de la oreja: 120-140 mm; altura a los hombros: 610-920 mm. Dependiendo de la localidad geográfica y de la disponibilidad de alimento, el peso corporal oscila entre 90 y 216 Kg., siendo las hembras, aproximadamente 20% más pequeñas que los machos (Ford, 1981; Herrero, 1985; Leopold, 1977; Novak, 1991). El oso más grande registrado hasta la fecha pesó 365 kg. y fue encontrado en el Parque Nacional Riding Mountain en Canadá.

El pelo del oso negro es corto, lacio y predominantemente de color oscuro, aunque dependiendo de la localidad varía desde el negro, café y café canela, hasta el beige, a excepción del área cercana al hocico que es de color miel (Anderson, 1972; Leopold, 1977). Se ha observado que en México, estas variaciones en el color del pelaje son exclusivas de las poblaciones que habitan en el occidente -U. a. machetes y U. a. amblyceps-, siendo muy raras entre los osos de la subespecie eremicus (Baker, 1956). Asimismo, algunos osos negros pueden cambiar de color a lo largo de su vida, de tal manera que pueden nacer con pelaje café e ir volviéndose cada ves más negros, o viceversa (American Zoo & Aquarium Association Bear Advisory Group, 1997).

A diferencia del oso gris, el oso negro americano no presenta joroba, el perfil de su rostro es recto y posee un hocico largo. Su fórmula dental es 3/3, 1/1, 4/4, 2/3, lo que da un total de 42 dientes, aunque rara vez se encuentran presentes todos los premolares; asimismo, la presencia de molares anchos y provistos de protuberancias se relaciona con su dieta omnívora.

Su locomoción es plantígrada, esto es, que cuando caminan apoyan tanto los dedos como el talón, de manera similar a como caminan los humanos. Tienen cinco dedos, siendo las patas delanteras tan largas como anchas, y las traseras más largas que anchas. Las uñas son cortas -menos de 50 mm de longitud-, negras, ganchudas y no retráctiles, mismas que usan para desgarrar, excavar y trepar a los árboles (Vaughn, 1987). Los osos negros son más ágiles de lo que aparentan; en distancias cortas logran alcanzar velocidades de hasta 40 Km/h, siendo además, excelentes trepadores.

Poseen tres sentidos altamente desarrollados: la vista, el oído y el olfato. Sus ojos son pequeños, situados al frente de la cabeza y relativamente juntos uno del otro, lo cual los provee de una profunda percepción visual y de la habilidad de seguir pequeños movimientos desde varios cientos de metros de distancia. Cuentan, además, con un desarrollado sentido auditivo. Su agudo sentido del olfato ha sido comparado con el de los sabuesos.

-Ciclo de vida-

Los osos negros son polígamos y alcanzan la madurez sexual entre los tres y los cinco años de edad (Erickson y Nellor, 1964; Ford, 1981; Leopold, 1977; Poelker y Hartwell, 1973), e incluso más tarde, dependiendo de la calidad del hábitat (Jonkel y Cowan, 1971). En algunos estudios realizados en Estados Unidos, se reporta que en Arizona, la edad promedio en que las hembras paren por primera vez es a los cuatro años (LeCount, 1984; 1987a; 1990); dato que es similar al encontrado en Oregon (Lindzey y Meslow, 1980) y en Idaho (Reynolds y Beecham, 1980). Asimismo, en Montana y Minnesota, ésta varía entre 4.5 y 6.3 años de edad (Jonkel y Cowan, 1971; Rogers, 1987), mientras que en Coahuila, México, ocurre entre los cuatro y cinco años (Doan-Crider, 1995) (Tabla 1).

La época reproductiva abarca algunos días durante el verano: en climas cálidos el celo ocurre entre los meses de mayo y junio, y en los lugares más fríos en los meses de julio y agosto. El estro dura dos o tres semanas, durante las cuales las hembras andan con varios machos; sin embargo, el período de ovulación dura tan sólo dos días (Fair, 1990; Ford, 1981).

Durante la época de celo, los machos se paran en sus patas traseras y restriegan su dorso, particularmente sus hombros, cuello y cabeza en los troncos de los árboles y, con frecuencia, tuercen el cuello para morderlos. La cópula dura entre 15 y 30 minutos, y el semen es depositado intravaginalmente. Durante este periodo, la hembra puede ser inseminada por varios machos.

Las hembras son multíparas y dan a luz cada dos o tres años, ya que el desarrollo de los cachorros es lento y necesitan del cuidado materno durante sus dos primeros años de vida.

Las hembras cuentan con un mecanismo de "implantación retardada", ya que la implantación del óvulo fertilizado en la pared del útero depende de que la futura madre tenga suficientes reservas de grasa para afrontar la gestación, el parto y la alimentación de los cachorros durante la hibernación. Cuando el óvulo es fecundado, es liberado hacia el útero, pero permanece sin implantarse cerca de seis meses; posteriormente, si la hembra cuenta con suficientes reservas de grasa para afrontar el invierno, el embrión se implanta en el endometrio uterino y se inicia la gestación; si por el contrario, la hembra no encuentra suficiente alimento durante el verano y el otoño, el embrión no se implanta y es reabsorbido (Fair, 1990; Ford, 1981; Leopold, 1977). El periodo de gestación dura entre 210 y 215 días, esto es, siete meses.

Se ha reportado que en las regiones montañosas mexicanas las osas hibernan de diciembre a abril, período en el que paren (Doan-Crider, 1995). Durante el primer parto, dan a luz un osezno, pero en lo subsecuente paren de dos a tres y, rara vez cuatro, siendo dos el número común. Los oseznos nacen entre enero y febrero, ciegos y con muy poco pelo, pesando alrededor de 250 g; sin embargo, crecen rápido, amamantados con la leche materna que es rica en calorías ya que contiene hasta 46% de grasa, en comparación con la leche humana que sólo contiene alrededor de 4%, y para la primavera, cuando emergen de sus madrigueras invernales, pesan ya poco más de dos kilogramos. El destete ocurre cuando las crías tienen cuatro meses de edad; no obstante, durante los dos primeros años de vida son cuidados por sus madres, que no entrarán en estro mientras los estén amamantando. Para el segundo verano, la madre los aleja para volver a reproducirse y desde este momento, los jóvenes osos machos iniciarán una vida solitaria, uniéndose en pareja sólo durante los cortos periodos de apareamiento (American Zoo & Aquarium Association Bear Advisory Group, 1997; Fair, 1990; Ford, 1981; Leopold, 1977). Por el contrario, las hembras vivirán la mayor parte de su vida dentro de la unidad familiar.

En la población de U. a. eremicus que se distribuye en las Serranías del Burro en Coahuila, el estro ocurre entre el 10 de julio y el 21 de agosto. Asimismo, la edad de las hembras al momento de su primer parto es entre los cuatro y cinco años, y el intervalo entre nacimientos es de dos años, con un promedio de 2.5 crías por hembra (Doan-Crider, 1995) (Tabla 1).

La máxima edad registrada para un oso negro silvestre, es la de un ejemplar cazado en los bosques del estado de Nueva York, Estados Unidos, que se estimó en 41 años; sin embargo, lo usual es que no vivan más de 20 años.

-Ecología de invierno-

Durante el invierno hay poca comida y las condiciones climáticas son muy adversas, por lo que, para evitar la escasez de alimento durante este periodo, los osos duermen dentro de sus madrigueras. Para ello, desde fines del verano y durante todo el otoño, se dedican a ingerir alimentos en mayor cantidad y ricos en grasas y carbohidratos, lo que les permite aumentar significativamente sus reservas de grasa y, con ello, sobrevivir durante el sueño invernal (Fair, 1990; Ford, 1981; Herrero, 1985).

Actualmente, existe controversia acerca de si el sueño invernal de los osos corresponde o no a una verdadera hibernación. Así, mientras que algunos autores consideran que no se trata de una hibernación, debido a que la temperatura corporal y la tasa metabólica apenas disminuyen; otros autores mencionan que investigaciones recientes indican que, probablemente, los osos son “verdaderos hibernadores” (BISON-M, 1997) (Figura 2).
Figura 2. Oso negro hibernando.

Ilustración: Robert Savannah.
Tomada de: American Black Bear (Ursus americanus). Biologue Series. 1994.

Se ha hipotetizado que la fecha en que comienza la hibernación, así como su duración, varían dependiendo de las condiciones climáticas y de la disponibilidad de alimento (Johnson y Pelton, 1980). Hellgren y Vaughan (1987) sugieren que el estímulo para que ocurra la hibernación es la duración del fotoperiodo y que, por lo tanto, ésta también varía dependiendo de la latitud.

Así, a lo largo de su rango de distribución, existe una gran variación en cuanto al comportamiento de hibernación del oso negro. El periodo de hibernación varía desde 7 meses en Alaska (Miller, 1990a), 6 meses en Idaho y Minnesota (Amstrup y Beecham, 1976; Rogers, 1977), de 4 a 5 meses en Montana, Washington y la región central de Arizona (Jonkel y Cowan, 1971; LeCount, 1983; Lindzey y Meslow, 1976), y de 2 a 3 meses en Carolina del Norte, Arkansas y California (Hamilton y Marchinton, 1980; Novick et al., 1981; Smith, 1985).

En las más altas montañas de México, los osos permanecen hibernando, por lo menos, durante diciembre, enero y febrero; sin embargo, los osos que habitan en las partes más bajas de las sierras duermen por periodos más cortos (Leopold, 1977). Se sabe que algunos osos negros de las regiones subtropicales de Florida, en Estados Unidos, no hibernan (McDaniel, 1979), lo cual sucede también con los osos negros que habitan en las partes más bajas y cálidas de las sierras del norte de México (Leopold, 1977).

En un estudio realizado en las Serranías del Burro en Coahuila, entre 1991 y 1994 (Doan-Crider, 1995), se reportó que todos los machos y 60% de las hembras con oseznos de un año de edad, se mantuvieron activos durante los meses de invierno, permaneciendo fuera de sus madrigueras y usándolas sólo cuando las condiciones climáticas eran severas; no obstante, se observó que todas las hembras preñadas hibernaron, entrando en sus madrigueras entre el 24 de diciembre y el 3 de enero, y saliendo de ellas entre el 22 y 24 de abril. Hellgren y Vaughan (1989a) y Smith (1985) reportan el 15 de diciembre como la fecha promedio de entrada de las hembras preñadas a sus madrigueras en Virginia, Carolina del Norte y Arkansas, en Estados Unidos. Asimismo, LeCount (1983) reporta el 10 de noviembre como la fecha promedio en Arizona. De esta manera, el periodo de hibernación en las Serranías del Burro es el más corto reportado y la fecha de entrada a las madrigueras es más tardía que las reportadas en otros estudios.

La actividad invernal de los osos ha sido reportada en Estados Unidos en la región costera de Carolina del Norte y Virginia (Hamilton y Marchinton, 1980; Hellgren y Vaughan, 1989a), en Arkansas (Smith, 1985) y en Florida (Wooding y Hardisky, 1992). Sin embargo, el estudio llevado a cabo en las Serranías del Burro es el primero en el que se reporta una actividad invernal de tales proporciones.

Lo anterior proporciona evidencia de que factores como el clima, la duración del fotoperiodo, la escasez de cobertura vegetal durante el invierno y la disponibilidad de alimento, inciden sobre el tiempo preciso de entrada y salida de los sitios de hibernación (Doan-Crider, 1995).

Justo antes del periodo de hibernación, los osos pueden incrementar su peso hasta en 14 kilogramos por semana, ingiriendo arriba de 20,000 calorías por día (American Zoo & Aquarium Association Bear Advisory Group, 1997). Ya durante el sueño invernal, el ritmo cardiaco disminuye de 40-50, a 8-19 latidos por minuto, la tasa metabólica se reduce a la mitad, y la temperatura corporal desciende entre 5 y 8ºC -de la temperatura normal que es entre 31 y 37.4ºC (Middleton, 1997). Durante este periodo, queman alrededor de 4,000 calorías por día, no comen, no beben y no orinan, obteniendo la energía que necesitan de sus reservas de grasa y reprocesando los productos de desecho interno mediante el reciclaje de la urea para la obtención de proteínas. Los machos adultos y adolescentes pierden entre 15% y 30% de su peso, mientras que las hembras con sus cachorros recién nacidos pueden perder más de 40%.

Las madrigueras de los osos negros son cuevas o cavidades poco profundas que se encuentran en los troncos de los árboles, así como bajo montículos de rocas, y pocas veces son reutilizadas en años consecutivos (Fair, 1990; Herrero, 1985). En el estado de Coahuila, todas las madrigueras que se han observado se encuentran en salientes de acantilados, en cuevas estrechas o bajo amontonamientos de rocas en las laderas de las montañas (Doan-Crider, 1995).

Una vez que comienza el sueño invernal, pueden despertarse fácilmente, pero también pueden dormir por varios meses en la misma posición si no son perturbados. Pasado el periodo hibernal, abandonan su madriguera, siendo los machos adultos los primeros en salir, seguidos de las hembras con crías.

Tabla 1. Ciclo de vida del oso negro americano.

  Madurez sexual Cópula Gestación Periodo de hibernación Nacimiento Destete Periodo entre camadas Nº de crías por hembra
Información general1 3 a 6 años de edad mayo-agosto 210 a 215 días

2 a 7 meses algunos osos no hibernan

noviembre-febrero 4 meses de edad 2 años 1 a 4
Coahuila2 4 a 5 años de edad julio-agosto 210 a 215 días diciembre-abril (sólo hembras preñadas) enero-febrero 4 meses de edad 2 años 2.5

1 Información general sobre el ciclo de vida de Ursus americanus en toda su área de distribución.
2 Información reportada en Doan-Crider (1995) para la población de Ursus americanus eremicus de las Serranías del Burro, Coahuila, México.

-Hábitos alimenticios-

Aunque esta especie pertenece al orden de los carnívoros, sus hábitos alimenticios lo sitúan como un animal frugívoro/omnívoro (Frisch, 1995), ya que se alimenta de prácticamente todo tipo de materia comestible, dependiendo de la época del año.

Aunque la dieta del oso negro varía dependiendo de la localidad geográfica, básicamente está constituida en 75% por materia vegetal que incluye bayas, flores, hierbas, tubérculos y raíces, así como frutos secos. El 25% restante lo constituye materia de origen animal como carroña, peces, insectos, miel y pequeños mamíferos como ardillas y marmotas.

Durante el otoño, el invierno y la primavera, las bellotas (Quercus sp.), los frutos de la manzanita (Arctostaphylos sp.) y los madroños (Arbutus xalapensis) constituyen su principal alimento, mientras que a finales de la primavera, el verano y principios del otoño, los frutos de diversas plantas como los nopales (Opuntia sp.), y alimentos de origen animal como insectos (especialmente hormigas), pequeños roedores y peces, constituyen la mayor parte de su dieta. Las bayas silvestres, los pastos, las nueces, los renuevos tiernos y las hojas suculentas de diversas plantas como el sotol (Dasylirion sp.) y la yuca (Yucca sp.), así como la miel, los huevos de algunas aves, la carroña, e incluso la carne de animales medianos y grandes que ocasionalmente logran matar -borregos, chivos, cervatos o becerros- constituyen otros elementos en su dieta (Baker, 1956; Fair, 1990; Ford, 1981; Herrero, 1985; Leopold, 1977). Una relación más detallada del alimento que consumen los osos durante todo el año, se encuentra en el Anexo 1.

En Arizona, los osos forrajean en los pastizales durante la primavera y consumen insectos y pequeños mamíferos (LeCount et al., 1984). Asimismo, Hellgren (1993) encontró que las hojas de sotol y yuca comprenden aproximadamente 24% de su dieta durante el verano en el Parque Nacional Big Bend, Texas, y que el zumaque (Rhus sp.) y el agarito (Berberis trifoliolata) son los frutos dominantes en su alimentación durante esta época.
El análisis de heces fecales de osos en los estados de Nuevo León, México y en el Parque Nacional Montañas de Guadalupe, Texas, mostró grandes porcentajes de pino (Pinus sp.), pastos e insectos (Dávila, 1990).

En el estudio realizado en las Serranías del Burro en Coahuila (Doan-Crider, 1995), se determinó que la materia vegetal constituye el 93% de la dieta de U. a. eremicus, y que el 7% restante se compone de materia animal, principalmente insectos. Las bellotas constituyen el alimento más importante durante todo el año, aunque otras especies vegetales importantes son el zacate, sotol, yuca, elotillo, frutos de nopal, chapote negro, madroños, cerezos, y semillas de pino y encino (Tabla 2). Asimismo, se observó que el material herbáceo fue consumido durante el verano y el otoño, y que el consumo de bellotas incrementó en otoño y se mantuvo constante durante el invierno.

En el mismo estudio se determinó que, en el Parque Nacional Big Bend, Texas, el porcentaje de materia vegetal encontrada en las excretas de los osos fue de 95%. De igual manera, distintos estudios realizados en el suroeste de Estados Unidos, indican que el componente vegetal en la dieta de los osos es superior a 80%, lo que confirma la importancia de la materia vegetal en la alimentación de esta especie en el noreste de México (Eagle y Pelton, 1983; LeCount et al., 1984; Mollohan, 1987; Hellgren y Vaughan, 1988).

En el norte de Coahuila, los rancheros han informado que, en algunas ocasiones, los osos matan becerros durante el mes de junio, que entre julio y agosto gustan de comer cerezas (Prunus virginiana) y uvas silvestres (Vitis sp.) y que al finalizar el verano comen los frutos de los nopales (Doan-Crider, 1995).

No son depredadores activos y su dieta es alta en carbohidratos pero baja en proteínas y grasas; cuando ingieren alimentos ricos en proteínas muestran una ganancia significativa en el peso y un incremento en la fecundidad.

Tabla 2. Principales componentes de la dieta del oso negro en el noreste de México.

MATERIA VEGETAL
Nombre común Nombre científico Nombre común Nombre científico
Agarito Berberis trifoliolata Nopal Opuntia sp.
Cerezo Prunus virginiana Panalero Forestiera angustifolia
Chapote negro Diospyros texana Pinguica o manzanita Arctostaphylus sp.
Elotillo Canopholis mexicana Pino Pinus sp.
Encino Quercus sp. Pitaya Echinocereus sp.
Lechuguilla Agave lechuguilla Rhus Rhus sp.
Madroño Arbutus xalapensis Sotol Dasylirion sp.
Manzanita Ziziphus obtusifolia Yuca Yucca sp.
MATERIA ANIMAL
Nombre común Nombre científico
Venado cola blanca Odocoileus virginianus
Jabalí Tayassu tajacu
OTROS
Insectos (principalmente hormigas) Zacates (no se especifican especies)

 

Tomado de Doan-Crider, 1995.

-Dispersión y Territorio-

Al área en donde se llevan a cabo las actividades de alimentación, apareamiento y cuidado de los críos se le conoce como ámbito hogareño o casero; el tamaño y la forma de éste se encuentra determinado por la capacidad que tiene el área para satisfacer las necesidades alimenticias que tienen los osos durante todo el año. Burt (1943) define al ámbito hogareño como “el área sobre la cual los animales se desplazan normalmente en busca de alimento”. Por otro lado, la dispersión se refiere al movimiento de los animales, del territorio de la madre, hacia otros sitios de alimentación (Rogers, 1987).

El tamaño del ámbito hogareño varía dependiendo de la concentración de alimento; asimismo, éste no constituye una única área grande, sino que se compone de varias áreas pequeñas de alimentación, conectadas unas con otras por veredas o corredores.

Las hembras tienen una baja tasa de dispersión territorial -menos de 5% de la de los machos-; la mayoría de ellas comienzan a dispersarse a los dos años de edad y establecen sus ámbitos hogareños adultos -que suelen quedar dentro del área territorial del padre- hasta los cuatro años. Entre las hembras existe una marcada territorialidad; cada una señala los límites de su territorio mediante marcas de orina y lo defiende de la incursión de otras hembras, e incluso, de los machos que se adentran en él fuera de la época reproductiva. Se ha reportado que los ámbitos hogareños de las hembras abarcan entre 6.5 y 25 Km2 (Fair, 1990; Rogers, 1977). En las Serranías del Burro, Coahuila, éstos cubren entre 12 y 27.2 Km2 (Doan-Crider, 1995) (Tabla 3).

Los machos se dispersan tempranamente, una vez que la madre los aleja para volver a reproducirse. Los adultos no son territoriales y, al igual que las hembras, cada uno se desplaza dentro de una zona bien definida durante todo el año, en la cual encuentra alimento y refugio; estas zonas corresponden a amplios ámbitos que se componen de un territorio individual constituido por un dominio exclusivo y el resto es compartido con otros machos. Suelen marcar sus territorios orinando o arañando con sus garras la corteza de los árboles. Los ámbitos caseros de los machos abarcan de 26 a 124 Km2 y presentan mucha variación en tamaño al paso de los años; usualmente comprenden varios territorios de hembras -aunque suelen evitar las zonas núcleo de éstos- y pueden sobrelaparse con los de otros machos, aunque generalmente ignoran a sus congéneres del mismo sexo. Los machos subadultos de la población de las Serranías del Burro presentan ámbitos hogareños que abarcan entre 73.8 y 119.6 Km2 (Doan-Crider, 1995) (Tabla 3).

Los osos negros de las Serranías del Burro presentan ámbitos hogareños similares a los encontrados en otras poblaciones y, al igual que en éstas, los machos recorren mayores distancias que las hembras, tanto anual como estacionalmente (Doan-Crider, 1995).

En el chaparral de Arizona, LeCount (1984) reporta que el tamaño del ámbito hogareño para machos adultos es de 29 Km2, para machos subadultos de 42 Km2 y para hembras adultas de 17.8 Km2. Asimismo, Poelker y Hartwell (1973) indican que los ámbitos caseros de las hembras en el estado de Washington en Estados Unidos, es de 5.2 Km2 y el de los machos de 51.7 Km2; mientras que en Idaho, Estados Unidos, Amstrup y Beecham (1976) estiman que los territorios de las hembras y de los machos abarcan una superficie de 49 Km2 y 120 Km2, respectivamente (Tabla 3).

Amstrup y Beecham (1976) indican que el tamaño del ámbito hogareño de las hembras está directamente relacionado con la calidad del hábitat y que puede ser tan grande como sea necesario para proveerse de una alimentación adecuada para la reproducción, de tal manera que, pequeños ámbitos caseros indican un intenso uso de hábitats de alta calidad (Lindzey y Meslow, 1977; Garner, 1986).

Por otro lado, Rogers (1977) reporta territorialismo entre las hembras e indica que dicha territorialidad puede ser una respuesta a la disponibilidad de alimento. No obstante, las hembras de la población de las Serranías del Burro muestran sobrelapamiento en sus ámbitos hogareños, lo cual puede ser un indicio de que existe poco territorialismo entre ellas (Doan-Crider, 1995).

Hellgren y Vaughan (1990) indican que el sobrelapamiento de los ámbitos caseros, así como la forma y el tamaño de éstos, son producto de la distribución espacial y temporal del alimento; asimismo, sugieren que factores como la edad, el sexo, el estatus reproductivo y las interacciones sociales entre los osos, se relacionan con el uso espacial del mismo.

Reynolds y Beecham (1980) sugieren que el grado de tolerancia intraespecífica puede relacionarse con la estructura de edades. En el estudio que se llevó a cabo en las Serranías del Burro, Coahuila, se encontró un alto grado de sobrelapamiento en los ámbitos hogareños de los machos subadultos, lo cual puede deberse a que este grupo de edad es menos agresivo que el de los machos adultos. En el mismo estudio se reporta que, en numerosas ocasiones, se observaron concentraciones de osos comiendo a 100 metros de distancia unos de otros, y que no se notó ningún comportamiento agresivo entre ellos (Doan-Crider, 1995).

Tabla 3. Ámbitos hogareños reportados para el oso negro americano.

Localidad Referencia Sexo/edad Valor mínimo Valor máximo Ámbito promedio
      en Km2 en Km2 en Km2
Coahuila, Méx. Doan-Crider, 1995 Hembras adultas 12 27.2 19.6
Coahuila, Méx. Doan-Crider, 1995 Machos subadultos 73.8 119.6 96.7
Arizona, EUA. LeCount, 1984 Hembras adultas * * 17.8
Arizona, EUA. LeCount, 1984 Machos subadultos * * 42
Arizona, EUA. LeCount, 1984 Machos adultos * * 29
Minnesota, EUA. Rogers, 1977 Hembras adultas 6.5 25 15.7
Washington, EUA. Poelker y Hartwell, 1973 Hembras adultas * * 5.2
Washington, EUA. Poelker y Hartwell, 1973 Machos adultos * * 51.7
Idaho, EUA. Amstrup y Beecham, 1976 Hembras adultas * * 49
Idaho, EUA. Amstrup y Beecham, 1976 Machos adultos * * 120

* No se reportan los datos.

-Comportamiento-

Los osos negros son animales solitarios, excepto cuando se trata de grupos de hembras con crías, durante la temporada de apareamiento y cuando se congregan en los sitios de alimentación.

Entre los osos existe una clara jerarquía social, determinada por el sexo, el tamaño corporal, la fuerza y la agresividad de cada individuo, así como por la presencia de crías entre las hembras. Los machos son dominantes sobre las hembras, excepto en los casos en que se trata de hembras con oseznos, en cuyo caso, pelearán hasta la muerte con el macho dominante para defenderlos. Cuando dos machos con la misma jerarquía se encuentran, realizan un ritual de amenaza e, incluso, pueden llegar a pelear antes de que uno de los dos se aleje, concediendo con ello la dominancia al otro. Los osos menos dominantes reconocen su posición social alejándose para no perturbar al más dominante. Una vez que la dominancia jerárquica se ha establecido, ésta es mantenida únicamente mediante la postura y movimientos de cabeza (Middleton, 1997).

El alto grado de desarrollo del comportamiento familiar, probablemente sea el resultado de la lenta maduración de las crías y del alto grado de aprendizaje asociado con la organización familiar.

Los osos negros marcan su territorio mordiendo o arañando los árboles. Los machos suelen hacer las marcas antes y durante la época de reproducción, mientras que las hembras lo hacen al final del verano. Normalmente, marcan los árboles de corteza blanda como los pinos, abetos y álamos, aunque eventualmente también pueden encontrarse juníperos y encinos marcados. Estos árboles se encuentran en las áreas muy frecuentadas por los osos y, generalmente, están orientados hacia la ruta que los animales utilizan para llegar a las áreas de alimentación y/o descanso.

Aunque no se sabe con certeza la razón por la que marcan los árboles, se ha hipotetizado que es una forma de delimitar su territorio; de comunicarse con otros osos; o bien, que las marcas sirven como una guía para sus movimientos dentro del territorio. Lo que es indudable, es que éstas cumplen una importante función social (American Zoo & Aquarium Association Bear Advisory Group, 1997).

Durante los periodos de inactividad, al calor del día, construyen camas para descansar. Estas camas, conocidas como “camas de día” pueden ser utilizadas también de noche y, por lo general, se encuentran en sitios donde la cobertura vegetal es densa, bajo los árboles, troncos o rocas, en depresiones poco profundas y cubiertas por hojarasca. Estos árboles y, en ocasiones, las rocas, pueden tener marcas de uñas o dientes cerca del nivel del suelo, mismas que los osos hacen cuando se recuestan en las camas.

Cuando permanecen en un solo sitio por mucho tiempo, suelen construir hasta dos o tres camas localizadas muy cerca una de otra. La razón por la cual construyen varias camas en el mismo sitio se desconoce, y no necesariamente implica la presencia de más de un individuo (LeCount, 1986).

Por lo general, son de hábitos diurnos y crepusculares, con picos de actividad al amanecer y al atardecer, cuando la temperatura disminuye. Sin embargo, estos patrones de actividad pueden variar estacionalmente -la actividad nocturna es más común durante la temporada de lluvias- o ante la presencia humana, en cuyo caso, pueden tornarse nocturnos (Fair, 1990; Ford, 1981; LeCount, 1986; Rogers, 1977).

Debido a que, la mayor parte del año, no se encuentran en grupos sociales, las vocalizaciones entre los osos son raras; la única excepción la constituyen las hembras con crías. Las crías se comunican mediante chillidos fuertes cuando se estresan, o con una especie de silbido agudo cuando se asustan. Asimismo, las madres también poseen una amplia gama de sonidos para llamar a sus crías.

Se ha observado que tienen un fuerte instinto hogareño. Se sabe de algunos osos que han sido removidos del lugar en donde viven, y que han regresado a sus hogares desde una distancia de más de 160 Km; demostrando para ello una increíble tenacidad en la superación de barreras físicas como grandes cuerpos de agua.

-Mortalidad y Sobrevivencia-

Los oseznos tienen una baja tasa de sobrevivencia debido a la alta depredación que existe sobre ellos por parte de los osos machos adultos, lobos, águilas y felinos, así como de los perros que, en áreas urbanas, los atacan cuando éstos se alejan de sus madres.

LeCount et al. (1984) y LeCount (1987b) estimaron una tasa de mortalidad de 40% de oseznos en la región central y norteña del estado de Arizona en Estados Unidos y atribuyen la causa de dichas muertes a los depredadores, incluyendo a los osos machos adultos.

LeCount (1987b) reporta una mortalidad de 48% de oseznos en Arizona, entre su emergencia de la madriguera y un año de edad. Elowe y Dodge (1989) encontraron que en Massachusetts, la mortalidad de oseznos es de 41% durante el primer año y que se incrementa a 61% cuando cumplen dos años y medio de edad; asimismo, atribuyen la mortalidad de las crías a las perturbaciones humanas y al abandono de las madrigueras por parte de las hembras; y la mortalidad de osos mayores de un año de edad, a la cacería.

En otros estudios se ha reportado que la tasa de mortalidad de cachorros varía desde 54% en Colorado (Beck, 1991) hasta 9% en Alaska (Schwartz y Franzmann, 1991).

En las Serranías del Burro, Coahuila, México, la tasa anual de sobrevivencia para las hembras es de 0.94, para los machos subadultos de 1.0, y para los oseznos de 0.80 (Doan-Crider, 1995), de tal manera que la sobrevivencia de cachorros observada en esta área es relativamente alta comparada con la observada en otras regiones de Norteamérica (Tabla 4).

Tabla 4. Tasa anual de mortalidad y sobrevivencia de Ursus americanus en distintas localidades de Norteamérica.

Localidad Referencia Sexo/edad Tasa anual de mortalidad/sobrevivencia
Arizona, EUA.

LeCount et al., 1984

LeCount, 1987b

Crías 0.40 / 0.60
Arizona, EUA. LeCount, 1987b Crías (entre su emergencia y 1 año de edad) 0.48 / 0.52
Massachusetts, EUA. Elowe y Dodge, 1989 Crías (durante el primer año de edad) 0.41 / 0.59
Massachusetts, EUA. Elowe y Dodge, 1989 Crías (durante los primeros 2.5 años de edad) 0.61 / 0.39
Colorado, EUA. Beck, 1991 Crías 0.54 / 0.46
Colorado, EUA. BISON-M, 1997 Crías 0.44 / 0.56
Colorado, EUA. BISON-M, 1997 Juveniles * 0.06 / 0.94
Colorado, EUA. BISON-M, 1997 Subadultos * 0.15 / 0.85
Colorado, EUA. BISON-M, 1997 Adultos * 0.12 / 0.88
Alaska, EUA. Schwartz y Franzmann, 1991 Crías 0.09 / 0.91
Coahuila, Méx. Doan-Crider, 1995 Crías 0.20 / 0.80
Coahuila, Méx. Doan-Crider, 1995 Hembras adultas 0.06 / 0.94
Coahuila, Méx. Doan-Crider, 1995 Machos subadultos 0.00 / 1.00

* No se especifica el sexo.

-Depredadores-

El principal depredador del oso negro es el humano. En los países en donde la cacería del oso negro es permitida, los cazadores deportivos lo consideran como una de las piezas más codiciadas, debido a la dificultad que implica rastrearlos y abatirlos. De igual forma, el aprovechamiento de su carne, grasa, piel y vesícula, representan un aumento en la mortalidad del oso negro por causas no naturales.

Los osos adultos tienen pocos enemigos naturales; únicamente los osos grises, las manadas de lobos y otros osos negros adultos pueden llegar a atacarlos. Sin embargo, las crías son más susceptibles al ataque de depredadores tales como linces, pumas, lobos, coyotes, águilas, perros y osos machos adultos.

-Enfermedades-

Los osos son susceptibles a una gran cantidad de parásitos y enfermedades; se han documentado más de 50 clases de endoparásitos y ectoparásitos. Algunos de los endoparásitos incluyen protozoos, parásitos intestinales, tenias o solitarias y helmintos.

Una variedad de endoparásito, conocida como triquinela (Trichinella sp.), es causante de la enfermedad llamada “triquinosis”, que también puede afectar a los humanos que comen carne de oso cruda o poco cocida. Aparentemente, los osos que habitan en el ártico son particularmente susceptibles a éstos parásitos; se ha estimado que casi todos los osos polares y alrededor de 75% de los osos grises están infectados con Trichinella sp. Ello se debe a los hábitos alimenticios de los osos en el ártico, ya que cuanto mayor es el consumo de carne, mayor es el riesgo de infectarse, debido al ciclo biológico del parásito.

Otra enfermedad común en las poblaciones de oso negro del sureste de los Estados Unidos es la helmintiasis, causada por un parásito intestinal llamado Baylisascaris transfuga, cuyo único hospedero definitivo es el oso (Davidson y Nettles, 1988).

Además, los osos pueden padecer artritis, tuberculosis y bronconeumonía. Asimismo, una reducida salud dental, causada por quebraduras o desgaste excesivo de los dientes, puede afectar seriamente la salud general de estos animales.

Pese a que se han reportado casos de infecciones por riketssias, virus y bacterias, enfermedades traumáticas y neoplasias, ninguna de éstas contribuye de manera significativa a la mortalidad de los osos negros.

 

DE LOS ESTUDIOS POBLACIONALES

 

Ursus americanus es considerado el oso más común en Norteamérica. Datos de 1987 indican que existían entre 400,000 y 500,000 individuos en toda su área de distribución (Middleton, 1997). Otras estimaciones indican que en 1992, había un total 655,000 a 681,000 individuos, incluyendo 200,000 en Alaska, de 170,000 a 185,000 en Estados Unidos, y de 285,000 a 295,000 en Canadá (Highley y Chang, 1998). De acuerdo a datos reportados por el Trade Records Analysis of Flora and Fauna in Commerce (TRAFFIC) de Estados Unidos (Rose, 1995), la población total estimada de osos negros en Estados Unidos y Canadá en 1992-1993 era de 566,000 a 804,000 individuos. No obstante, a pesar de ser el úrsido más abundante en América del Norte, algunas poblaciones de esta especie se han reducido notablemente, por lo que actualmente se le encuentra en las listas de especies en peligro de extinción (Novak, 1991; Robbins, 1988).

Hacia 1940 las poblaciones de oso negro empezaron a reducirse en el estado de Texas en Estados Unidos, por lo que en 1987 fue declarada una especie en peligro de extinción (Taylor, 1992). Sin embargo, hacia la década de los 90’s se observaron varias hembras acompañadas de crías, así como individuos machos en el Parque Nacional Big Bend, Texas, lo que indica que las poblaciones de esta especie se han re-establecido en ese estado (LoBello, 1989). Es posible que estos osos sean emigrantes de la población del norte de Coahuila y que hayan llegado a Texas a través de la Sierra del Carmen, que comunica a ambos estados (Doan-Crider, 1995).

La densidad poblacional de osos ha sido estimada en distintas localidades de Estados Unidos, y los valores reportados van desde 0.77 osos/Km2 en California, hasta 0.12 osos/Km2 en Michigan (Tabla 5).

 

- De los estudios poblacionales en Coahuila-

En México, es poco lo que se sabe acerca del tamaño de las poblaciones de oso negro. La única población que ha sido estudiada y monitoreada ha sido la de la subespecie U. a. eremicus que se distribuye en las Serranías del Burro en el estado de Coahuila. Ello ha sido posible gracias a las Unidades para la Conservación, Manejo y Aprovechamiento Sustentable de la Vida Silvestre (UMA), que no sólo han realizado monitoreos de la población sino que, además, han proveído protección a la población de oso negro contra la cacería y destrucción de su hábitat.

Entre 1991 y 1994, se realizó un estudio sobre la dinámica poblacional del oso negro en el norte de Coahuila (Doan-Crider, 1995). El área de estudio fue una UMA, ubicada en el extremo suroeste de las Serranías del Burro, que tiene una extensión de 100 Km2. En dicho estudio se emplearon técnicas de radiotelemetría y observación directa de individuos, y se concluyó que la densidad de osos negros en las Serranías del Burro es de las más altas reportadas hasta la fecha (Tabla 5). Así, comparando las densidades estimadas de Ursus americanus eremicus en las Serranías del Burro (Doan-Crider, 1995), con las reportadas para otras poblaciones de Ursus americanus en Norteamérica, se observa que la población de las Serranías del Burro se encuentra dentro del 25% de las densidades estimadas más altas reportadas (0.31 osos/Km2 y 0.72 osos/Km2)3.

Hasta el momento, operan 18 UMA en Coahuila que han llevado a cabo monitoreos o evaluaciones sobre la distribución y abundancia de la población de U. a. eremicus en las Serranías del Burro; dichos monitoreos han consistido en observaciones directas de ejemplares por medio de recorridos terrestres, aéreos y en estaciones con atrayentes olfativos, así como en observaciones indirectas de huellas y excretas. Durante los monitoreos realizados en 1998 y 1999 en 16 UMA, se observó un total de 300 individuos de oso negro en 48,660 hectáreas muestreadas –68 machos adultos, 16 machos juveniles, 61 hembras, 82 crías y 73 individuos no identificados- , lo que se traduce en una densidad poblacional de 0.62 individuos/Km2, resultado que también sitúa a esta población como una de las más densas, de las reportadas hasta el momento (Tabla 5 y Anexo 5).

Los resultados de los estudios poblacionales realizados en las Serranías del Burro indican que, en esta región de México, los osos negros de la subespecie U. a. eremicus son abundantes (Tabla 5).

Asimismo, existen reportes de avistamientos de osos negros en los alrededores de la ciudad de Monterrey y en otras regiones de Nuevo León, Chihuahua, Zacatecas y Durango; sin embargo, no se conoce ningún estudio poblacional que permita realizar estimaciones sobre la abundancia de las poblaciones de esta especie en dichos estados.

Tabla 5. Densidad poblacional de oso negro en distintas localidades de Norteamérica.

Localidad Referencia Km2/oso Nº de osos/Km2
California, E.U.A. Piekielek y Burton, 1975. 1.3 0.77
Coahuila, Méx. Doan-Crider, 1995 * 1.4a 0.72
Coahuila, Méx. Datos de monitoreo de las UMA de las Serranías del Burro (1998-1999) * 1.6 0.62
Virginia, E.U.A. Hellgren y Vaughan, 1989b. 1.7 0.59
Washington, E.U.A. Poelker y Hartwell, 1973. 1.9 0.53
Idaho, E.U.A. Beechman, 1980. 2.1 0.48
Idaho, E.U.A. Beechman, 1980. 2.3 0.43
California, E.U.A. Kellyhouse, 1975. 2.5 0.4
Alabama, E.U.A. Kemp, 1976. 2.6 0.38
Montana, E.U.A. Jonkel y Cowan, 1971. 2.6 0.38
Idaho, E.U.A. Rohlman, 1989. 2.9 0.34
Arizona, E.U.A. LeCount, 1982. 3 0.33
Coahuila, Méx. Doan-Crider, 1995 * 3.2b 0.31
Ontario, E.U.A. Yodzis y Kolenosky, 1986. 3.3 - 1.7 0.30 - 0.59
California, E.U.A. Koch, 1983. 3.4 0.29
Arizona, E.U.A. Waddell y Brown, 1984. 3.6 0.28
Minnesota, E.U.A. Rogers, 1987. 4.3 0.23
Alaska Schwartz y Franzmann, 1991. 5 0.2
Colorado, E.U.A. Beck, 1991. 5.6 0.18
Maine, E.U.A. Hugie, 1982. 6.3 0.16
Arizona, E.U.A. LeCount, 1990 * 7 0.14
Michigan, E.U.A. Manville, 1983. 8.3 0.12
Maine, E.U.A. Hugie, 1982. 11.1 0.09
Alaska, E.U.A. Miller et al., 1987. 11.1 0.09
Arizona, E.U.A. LeCount, 1987a. 16.7 0.06

Tomado de Beck, 1991.
a Datos obtenidos utilizando la modificación del estimador Lincoln-Petersen (Doan-Crider, 1995).
b Datos obtenidos sin la modificación al estimador Lincoln-Petersen (Doan-Crider, 1995).
* No incluidos en Beck, 1991.

Dada la baja tasa de mortalidad y la alta densidad de la población de oso negro en las Serranías del Burro, es posible que esta población se esté recuperando o se haya recuperado completamente, a partir de su previo decaimiento. Además, puede estar funcionando como un reservorio de osos negros para las áreas aledañas como son la Sierra del Carmen en Coahuila, y el ecosistema Big Bend en Texas, E.U.A. Sin embargo, el efecto que esta población tiene sobre las áreas aledañas es desconocido, debido a que el área es muy grande y a que existe poca información sobre la reproducción, mortalidad y densidad de oso negro en otras regiones de la Sierra del Carmen y del ecosistema Big Bend (Doan-Crider, 1995).

 

ESTATUS DE CONSERVACIÓN

 

La fragmentación y destrucción del hábitat es un factor determinante en la sobrevivencia del oso negro y, debido a su bajo potencial reproductivo -el más bajo reportado para todas las especies de mamíferos-, las poblaciones de esta especie son muy susceptibles a la cacería excesiva (Fair, 1990; Jonkel y Cowan, 1971; Leopold, 1977).

El oso negro está considerado por la Norma Oficial Mexicana NOM-059-ECOL-1994 en peligro de extinción, lo que significa que es una especie “cuyas áreas de distribución o tamaño poblacional han sido disminuidas drásticamente, poniendo en riesgo su viabilidad biológica en todo su rango de distribución por múltiples factores, tales como la destrucción o modificación drástica de su hábitat, restricción severa de su distribución, sobrexplotación...” (SEDESOL, 1994).

Dentro del “Calendario de aprovechamiento cinegético y de aves canoras y de ornato para la temporada 1998-1999”, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 10 de agosto de 1998, el oso negro se considera una especie no permitida para el aprovechamiento cinegético (D.O.F., 1998).

En la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres (CITES), el oso negro americano se encuentra en el Apéndice II, lo que significa que aún cuando no se considera una especie en peligro de extinción, podría llegar a estarlo si no se regulan adecuadamente su comercio y aprovechamiento.

En las Unidades para la Conservación, Manejo y Aprovechamiento Sustentable de la Vida Silvestre, ubicadas en las Serranías del Burro en Coahuila, se ha proveído protección a la población de oso negro que ahí se distribuye, y que corresponde a la subespecie U. a. eremicus. Con estas acciones, la población se ha recuperado e incluso se sugiere que, actualmente, existen poblaciones sanas de oso negro en estas serranías (Doan-Crider, 1995).

En cuanto a las demás poblaciones que se distribuyen en el territorio nacional, no se tienen datos sobre distribución y abundancia.

 

DE LA ADMINISTRACIÓN DE LA ESPECIE

 

En 1986, considerando que sus poblaciones disminuían drásticamente, el oso negro americano fue decretado como una especie amenazada y, por ello, se estableció una veda en todo el país.

En 1991, México suscribió los acuerdos de CITES, en el que se reconocen distintas categorías de riesgo para las especies con las que se realizan prácticas comerciales. En ese mismo año se incluyó al oso negro americano en el Apéndice II.

En 1995 se creó la Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP) quedando, a través de la Dirección General de Vida Silvestre del Instituto Nacional de Ecología (INE), a cargo del desarrollo de un programa nacional de vida silvestre que estableciera los lineamientos, estrategias e instrumentos para lograr su conservación y manejo sustentable. Este esfuerzo se vió plasmado en el “Programa de Conservación de la Vida Silvestre y Diversificación Productiva en el Sector Rural 1997-2000”.

 

MARCO JURÍDICO

 

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 27, reserva a la Nación, en todo momento, el derecho de regular, en beneficio social, el aprovechamiento de los recursos naturales susceptibles de apropiación, con el objeto de lograr que su conservación sea compatible con el desarrollo equilibrado de la economía nacional y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población.

En el caso particular de la vida silvestre, su administración está considerada en la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) (SEMARNAP, 1997), en la cual se plasman las orientaciones y principios de la política ambiental mexicana, fundada en el principio del desarrollo sustentable.

En el Título Segundo, Capítulo III, Artículo 87 de la LGEEPA se establece que “El aprovechamiento de especies de flora y fauna silvestre en actividades económicas podrá autorizarse cuando los particulares garanticen su reproducción controlada o desarrollo en cautiverio o semicautiverio o cuando la tasa de explotación sea menor a la de renovación natural de las poblaciones”; asimismo, se indica que “No podrá autorizarse el aprovechamiento sobre poblaciones naturales de especies amenazadas o en peligro de extinción, excepto en los casos en que se garantice su reproducción controlada y el desarrollo de poblaciones de las especies que correspondan”.

En el Artículo 81 de la misma Ley, se indica que “La Secretaría [de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca] establecerá las vedas de la flora y fauna silvestre, y su modificación o levantamiento, con base en los estudios que para tal efecto previamente lleve a cabo”.

En 1994, se publica la Norma Oficial Mexicana NOM-059-ECOL-1994, que determina las especies y subespecies de flora y fauna silvestres terrestres y acuáticas en peligro de extinción, amenazadas, raras y las sujetas a protección especial, y que establece especificaciones para su protección. En esta Norma, Ursus americanus se considera una especie en “peligro de extinción”. De acuerdo con la especificación 6.5 de dicha Norma, “Para el caso del aprovechamiento o uso de los hábitats en los cuales ocurren las especies y subespecies de flora y fauna silvestres terrestres y acuáticas, que están en peligro de extinción, amenazadas, raras y las sujetas a protección especial y dentro de estas categorías las endémicas a la República Mexicana..., deberá asegurarse su conservación atendiendo a las disposiciones jurídicas vigentes”.

El 26 de julio de 1999, se publica el “Acuerdo por el que se establece el Calendario de Aprovechamiento Cinegético de Aves Canoras y de Ornato para la temporada 1999-2000” (D.O.F., 1999), que en su artículo 7º establece que “La Secretaría podrá autorizar tasas de aprovechamiento para la caza, captura o traslado de ejemplares de especies de fauna incluidas o no incluidas en los cuadros de aprovechamiento del presente Acuerdo, de conformidad con el Plan de Manejo autorizado y con base en los inventarios o en resultados de estudios o muestreos de poblaciones, previa solicitud presentada de conformidad con el numeral VI del Manual de Procedimientos, sin perjuicio de otras disposiciones aplicables”. Asimismo, en el artículo 81 se indica que “La Secretaría, por conducto de la Dirección General de Vida Silvestre, en coordinación con las delegaciones federales correspondientes, tomando en consideración las opiniones que le hagan llegar los interesados y otras autoridades competentes, así como toda la información disponible, dictará y promoverá la aplicación de las medidas que se consideren adecuadas para el control de poblaciones o ejemplares de especies silvestres que se tornen perjudiciales al hombre, a otras especies o al ambiente, incluyendo, en su caso, la emisión de permisos de caza de control, tomando en cuenta la biología de la especie y las características particulares del caso. El titular o responsable técnico de la UMA podrá solicitar autorización a la Secretaría para aplicar medidas de control de poblaciones y ejemplares de especies silvestres que se tornen perjudiciales dentro de UMA, en términos de lo dispuesto por el numeral XX del Manual de Procedimientos”.

 

NOTAS


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1 En el Apéndice I de CITES se incluyen aquellas especies que se encuentran en peligro de extinción.

2 En el Apéndice II de CITES se incluyen aquellas especies que, si bien, no se encuentran en peligro de extinción, podrían llegar a estarlo si no se regulan adecuadamente su comercio y aprovechamiento.

3 En el estudio realizado en las Serranías del Burro, Coahuila, entre 1991 y 1994 (Doan-Crider, 1995), la densidad poblacional fue estimada de dos maneras distintas. En una, se calculó la densidad poblacional utilizando directamente el estimador Lincoln-Petersen, usado para calcular la densidad de osos presentes en el área de estudio durante toda la temporada de trampeo; el resultado fue de 0.72 osos/Km2. Por otro lado, se calculó la densidad utilizando una modificación del estimador Lincoln-Petersen, empleando “equivalentes de animales”, lo cual se refiere a la cantidad de tiempo que cada oso con radiocollar permaneció dentro del área de estudio; de esta manera, los valores obtenidos representan la densidad de osos que ocuparon el área de estudio en un tiempo determinado, considerando en esta estimación a los osos que permanecieron tiempo completo y a los que sólo estuvieron presentes en algunos momentos; en este caso el resultado fue de 0.31 osos/Km2.

 

 

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Última Actualización: 15/11/2007