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RESTAURACIÓN EN

SELVAS BAJAS CADUCIFOLIAS*

Emmanuel Rincón

Mariana Alvarez Añorve

Germán González Díaz

Pilar Huante

Aidé Hernández Ríos

Instituto de Ecología

Universidad Nacional Autónoma de México

Apdo. Postal 70-275

México D. F. 04510, México

email: rincon@servidor.unam.mx


* Dedicamos este artículo a la memoria del Dr. Carlos Vázquez Yanes.

INTRODUCCIÓN:

Las selvas bajas caducifolias (Fig. 1) son asociaciones vegetales de zonas cálido-húmedas (Aw), que se caracterizan por presentar una temperatura promedio anual superior a los 20°C (Rzedowski, 1978), una precipitación anual de 1200 mm como máximo y se distribuyen entre los 0 y 1700 m.s.n.m. Estos ecosistemas experimentan una estación seca que puede durar de 7 a 8 meses, lo cual provoca un déficit hídrico y de los nutrimentos minerales disponibles para la vegetación, dando como resultado un ecosistema altamente complejo y diverso (Bullock et al. 1995). La temporalidad de las precipitaciones es uno de los factores dominantes en los patrones temporales de la actividad biológica tales como el crecimiento y la reproducción, los cuales se sincronizan con la disponibilidad de agua (Murphy & Lugo 1986).

La característica más sobresaliente de esta asociación vegetal es su carácter caducifolio ya que la mayoría de las especies pierden sus hojas durante un periodo de 5 a 7 meses, lo cual origina un contraste fisionómico muy marcado entre la temporada de secas y la de lluvias (Fig. 1; Pennington y Sarukhán 1998). La altura promedio de los árboles varía generalmente entre los 5 y 15 m (Rzedowski, 1978). Las formas de vida suculentas son frecuentes, se encuentran los géneros Agave, Opuntia, Lemaireocereus, Pachycereus y Cephalocereus, entre otros géneros. Los bejucos son también abundantes y las epífitas se reducen a pequeñas bromelias y a algunas orquídeas (Lott, 1993). En general, la composición de especies de este tipo de selvas es altamente diversa y se presentan muchas variantes debido a diferencias en aspectos del suelo como tipo, profundidad, exposición, entre otros (Lott et al. 1987).

Figura 1. La selva baja caducifolia de Chamela, Jalisco (19° 30’N, 105° 03’W) en época de lluvias (a) y en época de secas (b).

Las selvas bajas caducifolias se localizan en la costa del Pacífico, desde el sur de Sonora hasta Chiapas, con una prolongación notable en el centro del país, una región recientemente descrita en Baja California Sur y un segmento localizado en el norte de la península de Yucatán. A lo largo de la costa del Golfo, se encuentran manchones en Tamaulipas, San Luis Potosí y el norte de Veracruz (Fig.2; Dirzo, 1996).

CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LA PERTURBACIÓN EN LAS S.B.C.

Las selvas bajas caducifolias representan el 42% de los ecosistemas tropicales a nivel mundial y se consideran como las más amenazadas (Murphy y Lugo 1986). Específicamente, la perdida de este tipo de vegetación es producto de la acción antropogénica y de las fuerzas naturales (Fig. 3).

Figura 3. Sitio perturbado en la reserva de la biósfera Chamela-Cuitzmala, Jalisco.

En México, la selva baja caducifolia es alterada por diversas razones: el 58 % se debe a la ganadería extensiva, el 21% a la extracción de madera, el 14% a la agricultura y el 7% a incendios forestales (INE-SEDESOL, 1993). Por otra parte, los fenómenos naturales tales como huracanes y tormentas tropicales constituyen otra causa importante en la perdida de la biodiversidad, así como las condiciones meteorológicas atribuidas al fenómeno "El Niño", mismas que se acentuaron durante la estación seca del ciclo 1997-1998 (CONABIO 1998). Estos fenómenos al igual que las recientes tormentas, que han ocasionado pérdidas invaluables en nuestro país, se deben principalmente al cambio climático global el cual es producto del excesivo uso de energéticos como carbón mineral, aceite, petróleo y la producción de materiales de construcción a partir de piedras calizas, lo cual libera a la atmósfera cantidades crecientes de bióxido de carbono. En México, esto se ve acentuado por la deforestación y quema de los bosques tropicales (Vazquez-Yanes et al.1997).

Las selvas bajas caducifolias han sido modificadas hasta en un 78% de su área original a nivel mundial (Houghton et al. 1981). De hecho, la selva baja caducifolia de la costa Mesoamericana del Pacifico ha reducido su extensión en un 98 % desde la llegada de los españoles (Janzen, 1988). En México, según Flores y Gerez (1994) se estima que en 1981 la cobertura de selva baja caducifolia era del 12.36 % del cual sólo el 8.92 % no presentaba perturbaciones graves, mientras que para 1990 la cobertura nacional sin alterar de este tipo de vegetación era de 6.98 %. La tasa de deforestación anual estimada en 1992 para esta selva fue de 163,000 hectáreas.

Las consecuencias de la pérdida de la cubierta vegetal son severas, ya que no sólo implica la pérdida de un recurso económico potencial, sino que causa graves daños en el medio ambiente al provocar la transformación de ambientes naturales y consecuentemente la pérdida de hábitats y diversidad (Cervantes, 1996). Según Lugo (1986) y Toledo (1988), con el desarrollo de la agricultura y pastoreo se reduce en gran medida la diversidad de especies en los trópicos, ya que la selva entera es removida perdiendo de un 90 a un 95% de su totalidad (Janzen, 1986). Adicionalmente, con la pérdida de la cubierta vegetal, hay disfunciones en el ciclo del agua, ya que al abrirse un claro aumenta la evapotranspiración como resultado de las altas temperaturas del suelo y disminuye la protección de éste contra el impacto de la lluvia (Greenland et al. 1979), lo cual afecta la capacidad que tengan las plantas para captar el agua (Cervantes, Maass y Domínguez 1988). La erosión del suelo es uno de los procesos más drásticos durante la transformación, debido a que los rangos de erosión dependen de varios factores, como lluvia, tipo de sedimentos, capa del suelo superficial, topografía y prácticas de manejo (Morgan, 1979 y Hudson, 1981). Asimismo, con la pérdida de cubierta vegetal la materia orgánica del suelo disminuye considerablemente ocasionando una disminución de los nutrimentos como el carbono y el fósforo, lo cual limita el crecimiento de las plantas (Maass, 1995).

Debido a estos procesos hay cambios micro y meso climáticos locales y pérdida de la productividad de los suelos; esto repercute en la crisis de las prácticas productivas de las poblaciones y conduce a la degradación irreversible de los recursos naturales (Cervantes, 1996).

El estado actual de perturbación de las selvas bajas caducifolias y en general de las áreas naturales en México requiere de la reestructuración de los programas de conservación y restauración para evitar el deterioro progresivo de los recursos naturales y promover su conservación y recuperación.

En México hay 125 áreas naturales protegidas (ANP) que abarcan una extensión total de 10.14 millones de hectáreas, lo cual representa el 5.7% del territorio mexicano (Ordoñez y Flores 1995), (Fig. 4). Este porcentaje, sin embargo, resulta muy pequeño y poco representativo de la diversidad biológica y ecológica de México. La selva baja caducifolia es uno de los tipos de vegetación menos representado en el Sistema Nacional de ANPs con 120,482 hectáreas, que sólo corresponden a un 0.06% del territorio nacional (Ordoñez y Flores 1995).

RESTAURACIÓN ECOLÓGICA

La restauración se define como la regeneración o aproximación de un ecosistema a sus condiciones previas a la perturbación (National Research Council, 1991). Esto es la recuperación natural de un ecosistema autosustentable, en el cual los procesos naturales pueden operar sin una continua intervención (Berger, 1993) y tiene la finalidad de revertir el deterioro ambiental y mejorar las condiciones de vida de las especies (Vázquez-Yanes y Batis 1996). Específicamente, los programas de restauración permiten disminuir la degradación del recurso forestal, aminorar la erosión del suelo, coadyuvar al desarrollo silvícola, energético y agroindustrial, así como preservar el equilibrio ecológico de los ecosistemas. La restauración ecológica requiere de los siguientes procesos: la reconstrucción física, el restablecimiento de las condiciones hídricas y modificaciones químicas.

Aunque según Berger (1993) la regeneración puede ocurrir naturalmente sin la intervención del hombre, este es un proceso extremadamente lento, por lo cual es necesario recurrir a las técnicas de restauración ecológica para acelerar la sucesión y por lo tanto la recuperación del ecosistema. La restauración debe contemplar la combinación de múltiples conocimientos científicos sobre la ecofisiología de las especies vegetales, las características del suelo, la dinámica de los nutrimentos en el mismo, la historia natural de la localidad, el uso de suelo tradicional, el impacto de la transformación del sistema en las comunidades humanas que lo aprovechan y la importancia económica y social potencial de las especies nativas, entre otros, a fin de generar como resultado un sistema altamente diverso y similar, en cuanto a composición y estructura, al original. Este sistema debe, además, ser autosustentable no sólo en términos ecológicos, sino también sociales, al constituir una fuente de recursos económicos para las comunidades aledañas y al ser explotado por éstas de manera racional, garantizando así su conservación.

Restaurar la cubierta vegetal se ha convertido en una necesidad inaplazable que debe estar sustentada en un conocimiento adecuado de la flora nativa de las diversas regiones y de la biología reproductiva de las plantas (Vazquez-Yanes et al., 1997). Asimismo, es necesario recuperar la gran cantidad de suelos degradados y de contribuir al mejoramiento del ambiente productivo y natural, lo cual enfatiza la importancia de realizar estudios ecofisiológicos de especies útiles, que permitan generar las técnicas para su propagación y manejo, y que sean utilizadas en un sentido ecológico para dilucidar los mecanismos de colonización y regeneración de las comunidades vegetales (Huante et al., 1992).

En general, existen diversos métodos para restaurar las zonas tropicales perturbadas con base en la regeneración natural de los ecosistemas. Entre éstos destacan:

  1. La utilización y enriquecimiento del banco de semillas.
  2. El contenido de semillas viables en el suelo se conoce como banco de semillas. Este banco crece por la lluvia de semillas que los agentes dispersores producen sobre el suelo. El tamaño y duración del banco de semillas varía entre las especies y localidades, y refleja la dinámica de las poblaciones y las condiciones de establecimiento de las plantas. Las plantas de rápida germinación tienden a formar bancos de muy poca duración, en tanto que las especies de ambientes impredecibles forman bancos permanentes (Vázquez-Yanes y Orosco, 1984). L as semillas recién diseminadas tienen tres destinos diferentes en el suelo: 1) la pronta germinación; 2) un periodo de latencia que dura hasta que las condiciones ambientales son propias para la germinación, y 3) la muerte por envejecimiento o por la acción de parásitos o depredadores (Vázquez-Yanes et al. 1997).

    La importancia del banco de semillas en la regeneración natural es menor en los ecosistemas tropicales que en los ecosistemas templados, esto es debido a la alta tasa de mortalidad de las semillas por depredación, acción de patógenos, incendios y por la germinación en respuesta a condiciones favorables efímeras. Sin embargo, según Skoglund (1992), en las zonas perturbadas de gran extensión, el banco de semillas es un factor predominante para la regeneración de las zonas tropicales. Debido a que en el banco de estas zonas existe una mayor abundancia de especies pioneras, en comparación con las de etapas tardías de la sucesión, se hace necesario introducir semillas de estas últimas ya sea colectándolas directamente de los adultos o bien de un banco proveniente de zonas intactas.

  3. La regeneración con base en estructuras de reproducción vegetativa.
  4. La propagación vegetativa de plantas es una producción a partir de partes vegetativas. Se utilizan tejidos vegetales que conservan la potencialidad de multiplicación y diferenciación celular para generar nuevos tallos y raíces a partir de cúmulos celulares presentes en diversos órganos. Este tipo de propagación tiene esencialmente tres variantes: 1) La micropropagación a partir de cultivos vegetales in vitro; 2) La propagación a partir de bulbos, rizomas, estolones, tubérculos o esquejes de las plantas, que conserven la potencialidad de enraizar, y 3) La propagación de injertos de segmentos de la planta sobre tallos de plantas receptivas más resistentes (Vázquez-Yanes et al. 1997).

    Esta técnica ofrece posibilidades valiosas cuando no es posible utilizar las semillas y/o cuando se desea seleccionar características valiosas de las plantas. Puesto que la reducción de la variabilidad genética es una consecuencia de esta práctica, se propone aplicarla únicamente como un método complementario.

  5. La introducción directa de plántulas de especies nativas.

De acuerdo a Vázquez-Yanes et al. (1997) este método incluye tres etapas fundamentales: a) La siembra de semillas, la cual depende de la calidad de las semillas, de la época en que se realice y de la densidad de la siembra. La época de siembra se determina según las características propias de las plantas que se quieran propagar y el clima de la región. b) El transplante, cuyo objeto es disminuir la competencia que existe en la siembra; aumentar el espacio vital entre las plantas jóvenes y permitir el desarrollo normal del sistema radicular favoreciendo así el acceso a los nutrimentos. El transplante se efectúa rápidamente después de la germinación y generalmente se usan bolsas de plástico conteniendo suelo de la localidad o algún sustrato inerte con fertilizante. Se debe cuidar la regularidad del riego y procurar que la talla de las plantas producidas sea la adecuada para de esta forma garantizar su establecimiento. Con el objetivo de tener un mejor control en la aparición de plagas y enfermedades, así como para disminuir los riesgos en la producción, es recomendable crecer las plántulas en invernaderos y c) La introducción de las plántulas al área que se va a restaurar. Esta etapa requiere de plántulas en estado óptimo para resistir las condiciones adversas a su desarrollo que se presenten en el campo.

Esta práctica promueve el establecimiento de las especies seleccionadas ya que los individuos que se introducen presentan, por lo general, condiciones óptimas de crecimiento.

Para las selvas bajas caducifolias, la siembra se realiza aproximadamente un mes antes de las lluvias a fin de que cuando se lleve a cabo la introducción de las plántulas éstas encuentren condiciones ambientales favorables a su establecimiento y desarrollo.

La integración de diversos métodos en los programas de restauración es una de las mejores opciones. Puesto que la dispersión del banco de semillas puede verse disminuida en un área muy grande, la introducción de plántulas y la reproducción vegetativa de aquellas especies que presenten problemas en su germinación y/o desarrollo, son alternativas complementarias para asegurar la restauración de la vegetación nativa en la zona perturbada.

De acuerdo con Vázquez-Yanes y Batis (1996) las especies vegetales utilizadas en la restauración, idealmente deberían ser de fácil propagación, resistentes a condiciones limitantes, como baja fertilidad, sequía, suelos compactados, salinidad, entre otros; un rápido crecimiento de las especies elegidas ayudaría a la producción rápida de materia orgánica y de hojarasca, aunque deben evitarse aquellas que presenten tendencias a adquirir una propagación invasora e incontrolable. La presencia de nódulos fijadores de nitrógeno o de asociaciones micorrízicas podría compensar el bajo nivel de nitrógeno, fósforo y otros nutrimentos en el suelo. Particularmente, resulta importante que las especies utilizadas favorezcan el establecimiento de las especies nativas, tanto de flora como de fauna, proporcionándoles hábitat y alimento. Asimismo y de ser posible, las especies deberían resultar beneficiosas para las comunidades aledañas al presentar una utilidad adicional a su efecto restaurador.

Las características ideales de las especies utilizadas para la restauración mencionadas anteriormente, difícilmente se encuentran en una misma especie, por lo cual debe buscarse la combinación de especies que reúnan todas las características deseadas, que permitan la rápida sucesión y regeneración de las zonas perturbadas.

Estudios relevantes a la restauración de las selvas bajas caducifolias en México.

En la selva baja caducifolia se han realizado diversas investigaciones de ciencia básica sobre su dinámica y estructura, las cuales son de gran importancia ya que aportan conocimientos necesarios para restaurar, manejar y conservar las selvas bajas del país. Entre éstas se cuentan las relativas a la climatología (Bullock 1986, 1988, García-Oliva et al. 1991), a la composición florística (Lott 1987, 1993), a la fenología de las especies vegetales (Bullock y Magallanes 1990), a la composición faunística (Atkinson 1986, Arizmendi et al. 1990, Ceballos y Miranda 1986, Ramírez.Bautista 1994), a las características del suelo (Solís, 1993), a la dinámica de los nutrimentos minerales en el suelo (Vitousek et al. 1989, Jaramillo & Sanford 1995), al impacto de la conversión en la materia orgánica del mismo (Martínez-Yrizar y Sarukhán 1990, García-Oliva et al. 1994), a la dinámica de la rizósfera y fauna del suelo (Cuevas 1995), entre muchos otros.

Tales estudios han brindado a la restauración aportaciones importantes. Se sabe por ejemplo, que la baja disponibilidad de los fosfatos es un factor limitante para el crecimiento de la vegetación; que la disponibilidad de los nutrimentos en el suelo depende de la alternancia y duración de los periodos de lluvia y de sequía, así como de la mineralización de la hojarasca acumulada, y que la riqueza de un suelo en nutrimentos varía espacialmente siendo mayor en los pie de montes y en la cara norte de las montañas (efecto ladera), que en las partes altas y al sur de las montañas. En el mismo sentido, se sabe que durante la conversión de la selva baja caducifolia a pastizales las tasas de pérdida de materia orgánica son mayores a las reportadas para cualquier otro ecosistema tropical.

Entre los estudios realizados sobre la ecofisiología de las especies de la selva baja caducifolia de México, se cuentan los de Barradas (1991), Fanjul y Barradas (1985)Rincón y Huante (1988), Huante et al. (1992), Huante et al. (1995 a, b), Rincón y Huante (1993), Rincón y Huante (1994), Cervantes (1996), Huante et al. (1998 a,b), Huante y Rincón (1998), Allen et al. (1993), Allen et al. (1995), Allen et al. (1998), Vázquez-Yanes y Batis (1996), Vázquez-Yanes y Orozco (1984), entre otros. Tales estudios muestran que las especies presentan diferentes capacidades plásticas en su respuesta a la variación espacial y temporal en la disponibilidad de los recursos, típica de este ecosistema. Los resultados de los estudios indican que las especies más plásticas son las asociadas a los lugares perturbados y presentan tasas de crecimiento y fotosíntesis altas. Estas especies son las más productivas cuando hay abundancia de recursos, pero son las más afectadas en su crecimiento cuando la disponibilidad de éstos es baja.

Por otra parte, tales estudios sugieren la existencia de un patrón en la dependencia micorrízica de especies típicas de claros o zonas perturbadas que presentan una menor respuesta a la infección vs especies de selva madura. Se ha observado asimismo, que la actividad micorrízica varia con la fenología de la planta hospedera, la cual se acopla a los patrones de precipitación de la localidad; puesto que dicha actividad es importante para el crecimiento de los árboles tropicales, su dinámica en los claros y otros tipos de perturbación puede estar relacionada con la regeneración de la vegetación. De hecho, la conversión de la vegetación a pastizales altera la densidad y composición de las especies de micorrizas, lo que puede alterar la respuesta de varias especies vegetales cuyo crecimiento y establecimiento se ve afectado por la presencia o ausencia de asociaciones micorrízicas.

Entre las diferentes investigaciones se encuentran también aquellas referentes a la ecofisiología de las semillas cuyas características de germinación resultan fundamentales para la regeneración de las áreas perturbadas, ya que tienden a asegurar la supervivencia del individuo mediante el condicionamiento de la germinación al momento más propicio para que ocurra el establecimiento. Los estudios de Cervantes et al. (1996) al respecto, concluyen que las semillas de especies típicas de vegetación primaria pierden su viabilidad más rápidamente que aquellas de especies que son frecuentes en las áreas perturbadas.

En el mismo sentido, los bancos de semillas constituyen un recurso primordial para la restauración (Garwood, 1989). Al respecto se han hecho estudios como los de Rico-Gray y García (1992) y Marín (1997) sobre el papel del banco de semillas en la regeneración de la vegetación en la selva baja caducifolia. Es importante destacar que, en ambos estudios, hay una similitud en la riqueza de semillas encontrada, en particular, las que corresponden a herbáceas y arbustos, y se encuentra una menor cantidad de las que corresponden a especies arbóreas.

Este tipo de investigaciones pretenden aportar los conocimientos necesarios para favorecer la sucesión y obtener una mayor biodiversidad en la restauración de sitos perturbados mediante el uso de especies cuyas respuestas ecofisiológicas aseguren su propio establecimiento y posteriormente su desarrollo.

Al respecto, el laboratorio de Ecofisiología del crecimiento del Instituto de Ecología (UNAM) está desarrollando diferentes investigaciones para identificar los factores que favorecen y aceleran la sucesión en la conversión de pastizales a selva baja caducifolia en la reserva de la biosfera Chamela-Cuitzmala. Específicamente se ha estudiado el efecto del inoculo micorrízico en el establecimiento de plántulas con diferentes características de crecimiento, donde se ha observado que la presencia de micorrizas favorece el establecimiento y desarrollo, especialmente en las especies de selva madura (lento crecimiento) no importando el origen del inoculo (selva o pastizal). Además se está evaluando el comportamiento de especies con diferentes respuestas ecofisiológicas a la variación en la disponibilidad de recursos, mediante la creación de comunidades sintéticas. Se espera que las comunidades formadas por especies con diferentes características de crecimiento (rápidas, intermedias y lentas) promuevan la rápida sucesión y recuperación del ecosistema en comparación con las comunidades formadas por especies que explotan los recursos de manera similar. De esta forma también se pretende favorecer la recuperación del suelo ya que al haber un rápido establecimiento de las diferentes especies vegetales y posteriormente una sucesión, se protege al suelo de la erosión. Asimismo, esperamos restablecer las condiciones previas a la perturbación, es decir, promover un enriquecimiento de los nutrimentos disponibles para la nutrición vegetal.

Por otra parte debido a la alta complejidad florística y ecológica de la selva baja caducifolia es prácticamente imposible retornar el sitio a su composición original, por lo cual al fomentar la rápida sucesión y establecimiento de las diversas especies vegetales esperamos crear las condiciones necesarias para favorecer la dispersión y de esta forma promover la regeneración natural del ecosistema.

Asimismo, es importante generar información que pueda aplicarse en otras selvas bajas del país donde no haya suficiente investigación básica con el propósito de acelerar la restauración y detener la creciente destrucción de estos ecosistemas.

Restauración ecológica en México.

La historia de los programas de restauración (reforestación) en México, ha presentado infinidad de problemáticas que en muchas ocasiones conducen al abandono de los mismos. De acuerdo con Cervantes et al. (1996), los problemas más comunes están relacionados con la pequeña superficie que se asigna a las áreas por restaurar, con un acervo de especies inadecuado, que en ocasiones incluye especies exóticas o no nativas del ecosistema en cuestión y que, por tanto, pueden llegar a presentar un alto índice de mortalidad, con la falta de evaluación y seguimiento de los individuos y de su impacto en el mejoramiento del suelo y con una planeación al margen de las necesidades y los intereses de las comunidades locales.

Un problema importante es la escasez de información sobre el tipo de especies que pueden establecerse exitosamente y que favorecen el mejoramiento del suelo permitiendo así la llegada de especies nativas, lo cual impide seleccionar las especies más adecuadas, ya que en el proceso de selección deben considerarse los requerimientos ambientales y la ecofisiología de las especies así como los requerimientos de manejo específicos como las características edáficas y los factores fisiográficos (Cervantes et al. 1996).

En México, es imperativo entonces iniciar un programa nacional de restauración de la cubierta vegetal que considere la diversidad florística de cada región ecológica, eligiendo aquellas especies nativas que por sus características biológicas y ecológicas, tengan mayor habilidad para promover la protección del suelo, el mejoramiento de su fertilidad y el establecimiento de las condiciones ecológicas que permitan el retorno, a partir de zonas mas conservadas, de la fauna y la rediseminación de floras nativas (Vazquez-Yanes y Batis 1996).

Resulta entonces de gran importancia para el desarrollo de los programas de restauración, tener conocimiento de la zona a restaurar así como de la problemática de las comunidades humanas, por lo cual es necesario desarrollar programas de conservación y manejo de los recursos naturales que aporten beneficios tanto económicos como culturales. En este sentido también es importante promover la investigación básica de los diferentes ecosistemas, mediante el uso de las estaciones biológicas, las que hasta el momento han aportado una gran cantidad de conocimientos útiles para el desarrollo de dichos programas.

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Ciudad Universitaria a 31 de Marzo del 2000

 

Raúl Marco del Pont

Director de Publicaciones

Instituto Nacional de Ecología

PRESENTE

Por este conducto nos permitimos solicitar a Usted, de la manera mas atenta, considere el manuscrito adjunto titulado "Selvas bajas caducifolias en México. Problemática y Restauración" para su publicación en la revista "Gaceta Ecológica".

Sin otro particular, le reiteramos nuestra consideración.

 

ATENTAMENTE

 

 

___________________________

Dr. Emmanuel Rincón Saucedo

 

 

 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 27/08/2007